Guión de podcast: escribiendo para el oído

Yo sé lo que estás pensando: llegó el momento de contar historias. Quieres zambullirte completamente en el universo del “storytelling”. Tienes un montón de ideas… pero no sabes cómo llevarlas a la página, cómo hacer para que eso se convierta en un texto que luego va a ser leído.
 ¡A no desesperar! En el primer texto de la serie sobre producción de un podcast narrativo de Podcaster@s hablamos sobre
cómo diseñar un podcast narrativo. En esta segunda entrega, vamos a adentrarnos en los extraños y fascinantes recovecos de la escritura para el oído.

Por Mariano Pagella

A primera vista, esto puede parecer algo súper anecdótico. ¿Qué clase de secretos puede haber al escribir para el oído? Este es el primer error, suponer que, porque se tiene una experiencia infinita en el mundo de la palabra escrita, todo va a fluir naturalmente. Muchas veces, suele ser al revés.
 
 El universo del audio es muy singular y tiene muchísimas particularidades que hacen directamente a la pieza final. No importa si se trata de un informe, una crónica, una ficción: si es algo que va a ser narrado, hay toda una serie de detalles a tener en cuenta.
 
 Un guión que no está bien escrito para el oído puede llegar a ser catastrófico para la historia, por mucha soltura en la narración o magia en el diseño de sonido. Sí, así de apocalíptico. En este contexto el objetivo principal es: no tiene que parecer leído. El guión tiene que ser invisible, imperceptible para la audiencia. Lo que buscamos es lograr la mayor inmersión del oyente. Que se conecte completamente con la pieza. Que parezca que estás contando algo mientras tomas unas cervezas.
 
 Las siguientes recomendaciones pueden utilizarse para cualquier tipo de texto, incluso uno mucho más formal. Porque el objetivo siempre es el mismo: que el oyente le dé play y llegue hasta el final del audio.
 
 Para eso es necesaria una narración fluida y natural. Y eso comienza con el texto.

ROMPIENDO LAS REGLAS

Todos, incluso quienes no se dedican a escribir, tienen muy internalizado a un nivel inconsciente montones de reglas gramaticales y cuestiones de estilo. Y cuanta más experiencia se tenga en la escritura, más puede costar romper con eso. Pero es un proceso clave.
 
 Por lo tanto, para hacer más sencilla esa transición, vamos a recorrer algunos puntos a tener en cuenta cuando escribimos algo que será narrado:
 
 1 — Menos es más
 
 Pensemos lo siguiente: en papel, de ser necesario, muy fácilmente se puede volver atrás en el texto para repasar algo que no quedó claro. En audio, si bien las aplicaciones móviles vienen con una función para retroceder 10 segundos, no funciona igual, porque la idea es crear una situación inmersiva. Y, si hay que frenar para volver atrás, cortamos todo el relato. Entonces es clave ser claro y conciso. El oyente tiene que captar conceptos, muchas veces complejos, de manera muy rápida.
 
 Todo el tiempo deberíamos preguntarnos:
 
 ¿Esto suma a la historia o podría no estar?
 ¿Esta frase podría ser más corta?
 ¿Hay otra manera de decirlo que sea más clara?
 ¿Yo utilizaría esta frase para contárselo a alguien?
 
 Olvidémonos de los adornos gramaticales y la prosa rebuscada. Salvo que la historia lo demande, apuntar a la simpleza y cortar, cortar, cortar… es fundamental.
 
 2 — Ante la duda, simplificar
 
 Todos tenemos reglas para escribir que manejamos de manera inconsciente. Algunas de ellas, no funcionan del todo bien cuando escribimos para el oído.
 
 La primera sensación que va a traer esto es la de que estamos escribiendo mal. Puede incomodarte, de a poco te acostumbrarás.
 
 Veamos algunos consejos a tener en cuenta:
 
 Oraciones cortas, muy cortas. El punto es tu mejor amigo.

  • Evitar las cláusulas. Una frase con varias comas es una alerta de que deberías acortarla y dividirla en dos o tres oraciones.
  • Pocas ideas por oración. No más de una idea o concepto por oración. En papel te va a parecer muy raro, pero al hablarlo va a fluir naturalmente.
  • Evitar usar muchos sinónimos. Utilizar palabras diversas con el mismo sentido es casi una regla de oro al escribir, pero aquí queremos que el oyente identifique al instante lo que está sucediendo, que siempre sepa dónde está parado en la historia. Usar muchos sinónimos puede ir en contra de eso, además de no sentirse muy natural. Entonces si estamos refiriéndonos a una maleta, que siempre sea “la maleta”.
  • Tiempos verbales simples. Esto puede ser complicado de acuerdo al estilo de escritura de cada uno. Básicamente es buena idea quedarnos en los tiempos simples (sin conjugación del verbo “haber” delante) y si es del indicativo, mejor todavía, ya que suele ser lo más utilizado coloquialmente. Por ejemplo, cambiar “él había partido” por “él partió”.

Claro que todo esto depende del país, dialecto y forma de hablar de cada uno. Sin embargo, ante la duda, simplificar.
 
 3 — Pensar en modo coloquial
 
 Como ya repasamos un montón de veces: este texto va a ser leído oralmente. Por lo tanto, debemos escribirlo para ayudar a que eso se logre. Ya vimos algunas opciones, como usar oraciones cortas y verbos simples, pero hay un elemento extra: comenzar a prestar atención a la forma en la que hablamos.
 
 ¿Cómo hablas normalmente?
 ¿Qué tipo de frases o latiguillos usas?
 ¿Qué palabras son más difíciles de pronunciar?
 
 A medida que vayas prestando atención a tu forma de hablar, mejor y más coloquiales van a salir los textos que escribas. Por ejemplo, cuando estamos hablando “de memoria”, existen pausas para pensar, titubeos, dudas, palabras que se repiten. La idea es recrear todo esto para que no parezca que se está leyendo.
 
 4 — Formatos de contenidos
 
 Trabajar en una pieza de audio conlleva el desafío de no perder la atención del oyente. Es muy fácil que deje de interesarle lo que está escuchando y pierda el hilo. Un recurso que tenemos para evitarlo es pensar en distintos formatos que se le puedan dar a diversas partes de nuestro texto.
 
 Podemos pensar, por ejemplo, si tal vez determinado fragmento puede ser un listado o alguna sección puede convertirse en un diálogo, incluso recreado por un solo narrador. Tal vez alguna parte donde se cuenta algo muy visual puede convertirse en una escena casi de ficción. La idea no es crear un abanico indescifrable de recursos, pero vale la pena darle variantes al audio.
 
 5 — Narrar con sonido
 
 Acá llegamos a un punto clave, al principio es probable que sea el más complicado, conocer qué se puede narrar desde el sonido o la música.
 
 Por ejemplo, imaginemos que tenemos la siguiente escena:
 
 “Abrió la puerta, había una escalera que iba hacia abajo. Bajó por ella lentamente. Los escalones chirriaban bajo sus pies”.
 
 Podríamos transformarla en:
 
 “Abrió la puerta. Había una escalera hacia abajo.” Y luego continuar con el sonido de los pasos y los escalones chirriando, creando de esa manera toda una escena sonora.
 
 Esto es algo que hay que preguntarse constantemente: ¿Puedo narrarlo con sonido?

A PONERLO EN PRÁCTICA

Hagamos un ejercicio muy rápido y muy simple para comprender un poco mejor cómo funciona esto, imaginemos que tenemos el siguiente texto:
 
 Alberto se levantaba todas las mañanas, se cambiaba y salía de su casa para correr durante 20 minutos. Luego de ducharse, se dirigía hacia su trabajo en la fábrica, donde operaba una máquina embotelladora de bebidas.
 
 Si intentas leer en voz alta ese texto verás que es muy largo, con pocas pausas y demasiada información atiborrada. Veamos una opción un poco más amigable para el oído:
 
 Alberto tiene una rutina muy agitada.
 
 [Cierre de campera, pasos, puerta de la casa que abre y cierra. Trote por la calle. El sonido del trote queda de fondo bajo la siguiente frase]
 
 Por la mañana se levanta y sale a correr 20 minutos.
 
 [Continúa por debajo de la narración el sonido del trote. Escuchamos que regresa a su casa y abre la ducha]
 
 Se ducha y parte hacia la fábrica donde trabaja.
 
 [Sonido ambiente de fábrica. Sonido de maquinaria en primer plano]
 
 Allí opera una máquina embotelladora de bebidas.
 
 Algunos cambios que hicimos:

  • Sumamos una pequeña introducción donde informamos que “Alberto tiene una rutina muy agitada”. Ya estamos preparando al oyente para lo que viene.
  • Agregamos todo lo que creemos que se puede narrar con sonido. Algunos efectos acompañan la narración, otros reemplazan algo que originalmente era texto (como mencionar que se cambiaba y salía de la casa, tenemos sonido para narrar eso).
  • Cambiamos los tiempos a presente simple. Salvo que la historia lo demande, ayuda a crear una mejor sensación de inmersión escuchar que eso está ocurriendo ahora, en este momento.
  • Separamos la información en distintas oraciones, para poder distribuirla. Eso permite darle mayor aire a la narración y la posibilidad de sumar efectos de sonido en el medio. Esto es importante: no estamos dejando de lado contenido, de hecho, estamos sumando.

Leído con la vista, como texto, seguramente la segunda opción se sienta rara. Como si estuviera mal escrita. Pero, prueba leer ambos textos en voz alta y verás que el segundo aporta mejor ritmo narrativo y facilidad de comprensión.
 
 Por supuesto que éstas son solamente ideas y sugerencias. Pruébalas, fíjate cuáles te sirven y cuáles no, y cámbialas completamente. El principal objetivo de esto es dar una base desde la que comenzar.
 
 Luego, el camino de la experimentación es infinita.
 
 Puedes leer el primer texto de esta serie aquí.

Este artículo fue el texto central de nuestro boletín bi-semanal. Puede suscribirse al boletín en nuestra página web.


Leer la primera entrega de la serie sobre producción de podcast narrativo: “Cómo diseñar un podcast narrativo ¡y concretarlo!”.

Leer la tercera entrega de la serie sobre producción de podcast narrativo: “Cómo reconocer y armar una buena historia”.


Mariano Pagella // Cofundador y colaborador
 ​Productor de podcast made in Argentina. Lleva una doble vida como diseñador gráfico y productor digital. Cofundador de Lunfa y Argentina Podcastera. Adicto a las audio ficciones. @mmarianop // argentinapodcastera.com.ar