Hoy nos chingamos al Estado

lou
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Feb 23, 2017 · 2 min read

Imaginen que están en su negocio y que llega la policía sin razón a llevarse sus cosas. ¿Van a protestar, cierto? Ahora imaginen que esto les pasa seguido y que por más que hagan denuncias de estos atropellos nadie los ayuda, ya que a quién deben recurrir es a la misma policía que comete los abusos… pero eso no es todo. Cansados, se unen con otras personas que pasan por lo mismo y protestan cada vez más ¿están en su derecho? Bueno, parece que en México, no.

Jacinta Francisco Marcial, una indígena otomí, regresaba a su casa luego de trabajar cuando dos agentes de la AFI (hoy extinta) le dijeron que los acompañara porque le iban a preguntar por un árbol que había cortado. Su familia no la volvió a ver sino en la cárcel. Jacinta no hablaba español (como muchos indígenas de diferentes etnias en México) y fue como animal a matadero. Al llegar a las oficinas la acusaron de secuestro a 6 agentes de la AFI, la procesaron y se la llevaron… todo esto sin entender una sola palabra.

La enjuiciaron y condenaron a 21 años de cárcel por algo que no hizo, sin prueba alguna, es más ¡ni siquiera entendía que pasaba! pues violentaron sus derechos al negarle al menos un traductor para que pudiera entender de qué se le acusaba. Pasó 3 años en la cárcel sin terminar de entender porqué estaba ahí. La condenaron con otras 2 otomíes por las mismas razones. Jacinta Francisco, logró salir pero sus otras dos compañeras no. Tuvieron que pasar algunos años, hasta que también fueran liberadas.

Han pasado 10 años desde que esto pasó y hoy, el Tribunal Federal de Justicia que dictó lo siguiente en el 2014:

El Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, dictó sentencia a favor de la indígena otomí del Estado de Querétaro, Jacinta Francisco Marcial, al ordenar a la Procuraduría General de la República que repare el daño que le causó, luego de haber sido acusada y aprehendida ilegalmente por los delitos de privación ilegal de la libertad, en su modalidad de secuestro y delito contra servidores públicos.

Ejecutó una sentencia inédita: El Estado tuvo que pedirle disculpas públicas por los errores cometidos a estas tres mujeres. Disculpas como bien dice la hija de Jacinta que realmente es justicia.

El discurso de Estela Hernández no solo es una cachetada con guante blanco al Estado Mexicano sino que expresa una verdad tan clara como dura: ser mujer, pobre e indígena en México era sinónimo de vergüenza, de ignorancia, de maltrato y violencia, hoy la vergüenza se la llevan todas las instituciones que les cerraron las puertas, ignorantes todos los abogados que no quisieron llevar su caso o aquellos que las explotaron, autoridades corruptas y vendidas, como bien dice Estela.

Este es uno de los discursos más sinceros que lamentablemente desnudan una realidad latente en México: la profunda discriminación al indígena y la poca o nula valoración a la mujer.

Los invito a que lo escuchen, todo y con atención… “hasta que la dignidad se vuelva costumbre”

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