¿Por qué soy docente?

Resulta que me invitaron a ser parte de un foro para bachilleres de los dos últimos años (es decir a los que ya casi lanzan a la “vida real”) y la pregunta básica a responder es ¿por qué escogí mi carrera?

Es interesante responder la pregunta porque hace mucho tiempo que no pienso eso. He tenido que medio escudriñar mis memorias para recodar porque soy lo que soy de profesión, pero ha sido fácil realmente. Si uno aplica, literalmente, el “connecting the dots” de Jobs da con la respuesta. Cuando era bien pequeña, de 3 o 4 años quería ser bailarina de tap ¿por qué? porque mis abuelos veían películas viejas de Fred Astaire y Gene Kelly ¡y quién no va a querer bailar así! tuve un período cortito de ballet en la escuela hasta que comencé a ir al conservatorio donde estudié música de los 7 a los 14 años y me mataron el sueño de bailar como Ginger Rogers.

Estando ya en el conservatorio, mi vida era estudiar día y noche, por lo tanto siempre estaba rodeada de maestros. Me di cuenta que los profesores tienen un poder casi infinito sobre sus alumnos lo que no entendí en ese momento es que (parafraseando a Ben Parker) todo poder lleva una gran responsabilidad, yo solamente me di cuenta que lo que profesor decía era siempre algo interesante que aprender y eso me pareció genial. Empecé aplicar esa habilidad de enseñarle a otros lo que aprendía en el conservatorio y ¡oh maravilla! me entendían… tampoco es que tenía gran público, era mi hermana menor, a veces una prima o algún amigo más pequeño que yo. Pero me di cuenta que me gustaba enseñar y tal vez lo hacía bien.

Al crecer, también me di cuenta que a los profesores no les gustaba que los alumnos cuestionaran lo que nos enseñaban. Y eso ya no me parecía tan genial. El hecho de ser adulto no le daba ningún derecho a mis profesores a controlar mis dudas y pensamientos que generaban preguntas, mías y de otros compañeros. Así que entendí que es interesante ser profesor mientras no me crea dueña de la verdad. El profesor dejó de tener ese poder infinito para convertirse en un ser tiránico que sobreponía su voluntad en los alumnos disfrazado de disciplina. En ese momento, me dejó de gustar ESA imagen de ser profesor.

Durante un tiempo dejé de pensar en la docencia hasta que descubrí a Maria Montessori. Esta mujer maravillosa que plantea que el maestro es una guía, que los alumnos aprenden entre ellos mismos y que el profesor es docente solo para aquellos que lo necesitan, me devolvió las ganas de estudiar educación otra vez pero con la idea de cambiar las cosas. Es increíble que Montessori haya desarrollado esta metodología hace más de 200 años atrás y que el auge del “Aprender-Haciendo” y el cambio de paradigmas que desesperadamente Ken Robinson promueve esté basado en estos principios. Como seres humanos a veces fracasamos rotundamente pues tenemos la herramienta pedagógica probada y no la usamos porque es más fácil crear clones que repiten lo mismo que individuos que piensan.

Por si viven debajo de una piedra y nunca han escuchado de Ken Robinson les dejo este vídeo que DEBE cambiarles la perspectiva sobre la educación de recibimos.

Luego de leer “El Elemento” supe que había tenido la suerte de pocos de hacer lo que me gusta y hacerlo bien. Antes de leer este libro que les recomiendo y mucho, había conocido a otro docente (y que no lo es de profesión) impresionante que ha cambiado la educación en muchos lugares del mundo: Nicholas Negroponte y pude ser parte de su programa en Uruguay. Finalmente entendí que tenía que seguir con mi objetivo, con mi vocación.

Y es lo que he hecho hasta ahora y seguiré haciendo siempre. Así que ¿por qué soy docente? porque quiero cambiar el mundo transformando la educación donde sea qué esté ¿Les parece suficiente razón? :)

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