“Queremos mujeres pro activas” pero que hagan lo que nosotros decimos.

Parece ser que éste es el subtítulo de algunos hombres cuando declaman públicamente que están a favor de la igualdad laboral cuando en la práctica mantienen prejuicios arcaicos. Tampoco dista mucho de las relaciones personales pues el hombre se siente intimidado frente a una mujer que toma la iniciativa o las riendas de la relación.

No hace mucho tiempo un amigo me dijo “es que los hombres les tenemos miedo a las mujeres con carácter fuerte” le pregunte porqué y me dijo qué “culturalmente nos acostumbran a tomar decisiones y a que debemos manejar la mayoría de las situaciones como machos y cuando esto no sucede, nos da miedo, porque no sabemos como reaccionar” y curiosamente quién creen que le enseñó esto a mi amigo… pues su mamá.

Leo y leo artículos donde se disminuye el valor de la mujer en el trabajoporque está casada, porque está embarazada o porque tiene varios hijos. Pero esto no pasa con los hombres, porque suponemos que para ellos, los hijos y la familia no son una responsabilidad equitativamente igual que para la mujer.

La mujer es apedreada socialmente si se atreve a dejar a los hijos por el trabajo y es apedreada igualmente si deja el trabajo por la familia. Parece que el mundo a nosotras nos exige lo imposible: ser mamás perfectas a tiempo completo, trabajadoras perfectas a tiempo completo, esposas ejemplares y además nos toca educar sin machismo a las nuevas generaciones. Y saben quiénes les ponen estas ideas a nuestros niños, pues en la mayoría de los casos, las mujeres.

El uso del lenguaje, cuando los niños están construyendo el propio es impresionantemente importante. Si los niños se acostumbran a escuchar “a las niñas no se les golpea” ” a las niñas no se les toca” “los niños no lloran” “las niñas son delicadas” “las niñas deben aprender a comportarse” “los niños hacen deportes” “los niños no juegan con muñecas” “las niñas son lloronas” “las niñas molestan más que los niños” etc… y una inmensidad de conceptos arcaicos que no fomentan el respeto por el ser humano, sino que al contrario marcan una gran diferencia de géneros, entonces comienza el machismo.

Lo adecuado es enseñarle a los niños que todos somos personas que merecemos respeto, que no es correcto responder ni reaccionar con violencia contra nadie y que podemos ser y hacer en lo que somos mejores. Los niños no van a dejar de ser niños porque no decirles que no deben pegarle a las niñas ni prohibirles jugar con muñecas y las niñas no van a dejar de ser niñas por dejarlas hacer deportes y usar shorts.

El respeto hacia los demás, hacia las diferencias e individualidades es lo más básico para la convivencia social, empezando por los padres y muchas veces por las mismas mamás. Vivimos en una época donde muchos se abanderan de la tolerancia pero en el uso del lenguaje son de los más intolerantes al hacer bromas o comentarios racistas, homofóbicas y machistasy eso es lo que viven escuchando los niños 24/7… y luego esperan que al llegar a la escuela no le peguen a los amigos y no insulten a los niños que “no son iguales que ellos”

María Montessori decía que los niños son como esponjas y es realmente así. Absorben todo lo que está a su alrededor y es nuestro trabajo que ese contexto sea lo que los prepare para el mundo de hoy, un mundo donde nuestras niñas tengan las mismas oportunidades laborales que los niños, donde los hogares sean compartidos en las tareas del hogar, donde el respeto mutuo sea por igual y donde el machismo, finalmente sea una palabra en el olvido.

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