A los 25
Son las 11:25 am. Estoy en un café famoso, al oriente de Santiago. Sentada, tranquila, sin ansiedad, trabajando.
Quizás todo eso puede ser muy normal para cualquier persona, algo muy rutinario, pero hoy para mí es un día distinto. Me quedé mirando el frente con la vista fija y pensé: “Tengo 25 y esto es lo que quiero”. Son cosas muy triviales quizás o nada especiales para cualquiera, pero hace mucho que no había reparado en lo que estoy viviendo ahora, lo que tengo y lo que soy.
Un trabajo que salvo por las formalidades a veces no parece trabajo; una familia con un montón de falencias, pero llena de amor; unos amigos a los que veo muy poco tal vez, pero están siempre; un cuerpo del que a veces me avergüenzo, pero al que estoy aprendiendo a amar cada día de mi vida; unos hobbies a los que no siempre dedico tiempo, pero que me apasionan; un cielo al que miro todos los días y más de una vez al día; una ciudad que me agobia, pero que me acoge sin problemas; personas que creen en mí, incluso más de lo que yo podría creer en mi misma; noches de música en vivo que disfruto a concho; lugares que cada cierto tiempo me reciben y muchos lugares que están ahí, esperándome.
Miro hacia atrás y pienso en que hace 10 años, no sabía lo que quería, ahora mismo no sé lo que quiero realmente, pero si estaba segura de lo que no quería y acá estoy… disfrutando de ello.
Disfrutar, cuesta mucho. Vivir, de verdad que cuesta, pero se puede, siempre se puede.