Siete: Es necesario creer

Última parte de la serie “Mi historia en siete pedazos”

Cree en Dios, en tu familia, en tus conocimientos, en la amistad, en el amor, en que tienes un propósito. Cree en ti mismo.

He sido honesta en todo lo que he escrito y por eso debo confesar algo: a veces siento miedo. Miedo a la incertidumbre que me genera el resultado de tantos cambios; miedo a las decisiones que tengo que tomar en muchas áreas que afectan mi desarrollo personal y profesional; miedo a las personas que dejo entrar en mi vida; miedo a que me lastimen o a lastimar a alguien de nuevo.

Pero todo lo que he vivido me impulsa a creer que soy capaz de vencer mis temores. Al menos esa es mi lucha diaria.

No existe una fórmula para la felicidad. Tampoco hay una para evitar el dolor. Lo que sí hay es tiempo. Tiempo para explorar los caminos de la vida y tiempo para curar las heridas cuando te tropiezas explorando.

Y cuando eso pasa uno debe asirse de las cosas importantes que permanecen. Cree en Dios, en tu familia, en tus conocimientos, en la amistad, en el amor, en que tienes un propósito. Cree en ti mismo. Cree en lo que debas creer y que te ayude a superar lo baches del camino.

Tomado de mi cuaderno de apuntes.

Llegado el momento, la decisión más importante que se puede tomar es si estamos listos o no para enfrentar la nueva aventura que la vida nos regala. A lo mejor no conocemos el propósito real que debemos cumplir en nuestro entorno, pero creer que hay uno permite marcar una diferencia entre vivir una vida plena y una vida llena de indecisión.

He hablado mucho de mi madre y nada de mi padre. Mi papá es de esas personas que caen bien en todos lados. Es un hombre reservado y no habla mucho, pero es muy atinado. A veces me trata como si tuviera 17 años de nuevo. En mi casa parece que yo desperté de una larga pausa y he vuelto a ser la chavita que recién empezaba a trabajar y estaba saliendo de la universidad. Por eso siempre pensé que en algún momento mi padre y yo tendríamos la conversación, pero nunca pasó. Me ha abrazado cuando ha podido sin decirme nada. Y cada abrazo me ha infundido fuerzas.

En enero hicimos un viaje a Guatemala y mientras conducía en la carretera me dijo: “Dale, hija, tenés vía libre. Acelerá un poco y disfrutá el paisaje”. Me vio con tanta ternura y sonrió al decirlo. Sé que no se refería al camino. Lo estoy intentando, papá.

Muchas personas me han escrito para decirme que soy valiente por contar mi historia. No sé si lo soy. No sé si esto solo ha sido un montón de motivational BS que solo me importa a mí. Lo que sé es que debía contarlo para continuar el proceso de curarme. Descargar las emociones acumuladas definitivamente me está ayudando. Ahora entiendo mejor el proceso que he atravesado y lo valioso que se ha vuelto para mí el hoy.

Parafraseando uno de mis pasajes favoritos de este libro:

Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado. Si estás ansioso, estás viviendo en el futuro. Si estás en paz, estás viviendo en el presente.

Me siento en paz.