Ocupación “temporal” del Espacio Público.

Rodrigo Lozano Vila

Nada más permanente que lo temporal, dice un conocido dicho.

Así no le guste a muchos, la defensa y el cuidado del espacio público exige aplicar la ley con todo su rigor y eximir de prerrogativas a muchas personas que se han apropiado de él creyendo tener un mejor derecho que la comunidad, o valiéndose de sus condiciones de vulnerabilidad e indefensión, o abusando de permisos temporales para volver un espacio de ocupación permanente.

No desconozco el drama de muchas personas que tienen que comer, vivir y trabajar, rebuscándose la vida y hacer lo que. sea para llevar la comida a sus hogares. Es una realidad que no podemos ignorar, pero que a la vez nos genera el reto permanente de generar más y mejores condiciones de formalización laboral, para que quienes en otro momento vendían en la calle, puedan acceder a cursos de formación, trabajos formales, oportunidades diferentes. ¿Queremos mantener eternamente a muchos de nuestros conciudadanos en la informalidad ? ¿No queremos dar el paso ?

Esto se logra haciendo ciudad, trabajando duro, generando empleos con la construcción, las obras públicas, con la generación de condiciones propicias para que la gente venga a invertir en la ciudad y genere puestos de trabajo.

Esto no se genera sosteniendo discursos revanchistas llenos de odio hacia todo lo que significa tener una visión diferente de ciudad, donde el asistencialismo tendencioso ya no ocupa un primer lugar, sino el trabajo constante por generar día a día condiciones para tener una mejor ciudad con unas condiciones más humanas e igualitarias, lo que no se logra con un simple eslogan.

Hace unos días género debate el hecho de que la administración, hubiera desalojado la Plaza de Bolívar que estuvo ocupada (temporalmente) por más de 45 días por grupos de ciudadanos con una causa tan loable como cualquier otra en la que un particular quiere utilizar el espacio público.

El espacio público merece respeto y cuidado. También debe ser objeto de apropiación colectiva y trabajo permanente para recuperar muchos de los valores y principios que hemos perdido como colectivo frente a el. Apropiarse de él para uso personal o beneficio de unos pocos debe ser reprochado no solo por las autoridades sino por la ciudadanía en general.

Cuarenta y cinco días de ocupación fueron más que suficientes y generosos por parte de la ciudadanía. Se convivió en paz y se lograron grandes cosas, cómo mantener viva la llama de La Paz y la esperanza entorno a un nuevo acuerdo revisado por las partes y los del No.

La ley es dura, pero es la ley y es indispensable aplicarla. No se pueden generar precedentes ni políticas ambiguas sobre la defensa y el cuidado del espacio público que es de todos.

Los ciudadanos pasamos la mayoría del tiempo que estamos despiertos fuera de nuestro hogar, y mucho tiempo en la calle. Tenemos derecho a un espacio público libre de invasiones y usado. colectivamente con respeto.

El reto : generar mayor bienestar a través de la formalización de actividades, la reglamentación de las ventas callejeras en condiciones de salubridad y orden, no como se está haciendo en la actualidad, donde cualquier persona, violando las normas mínimas de higiene y cuidado alimentario vende arepas, fruta y perros calientes en cualquier esquina.

Los obstáculos y dificultades en lograr este objetivo no pueden servir de excusa para retroceder y rendirnos, es indispensable mantener el norte claro y seguir trabajando por un uso más responsable de lo colectivo, de nuestro espacio público.

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