El Rock Nacional y la génesis de un ecosistema emprendedor

Esta foto es todo un símbolo: el joven sentado en la vereda es “Tanguito”, o Ramsés VII, como se hacía llamar; él es uno de los responsables de que exista el Rock en español; toda una rareza para su tiempo. A lo mejor, ni él se da cuenta de lo que está generando con esa guitarra, pasando desapercibido para una buena parte de la gente que camina frente a él por las calles de Buenos Aires. Pero no todos lo ignoran (mientras él sólo toca), también está ese hombre que lo mira con desprecio, que no importa mucho quién es, pero que representa a la sociedad cómoda con su cultura, que le da la espalda a los soñadores, a los que se salen de lo establecido y que creen que las utopías se pueden alcanzar.

(Recomendación para continuar la lectura, dale clic a la canción):
(“La Balsa” — Los Gatos — 1967).

Esta misma historia se repite una y otra vez en cada cambio de época y en cualquier lugar del mundo. Es por eso que en los orígenes del llamado “Rock Nacional”, podemos encontrar varias facetas que son dignas de imitar para cualquier ecosistema emprendedor, siendo un claro reflejo de la histórica necesidad que cada contexto cultural tiene de generar sus propios modelos para emprender.

Una de las características que se pueden rescatar de la génesis de este género musical como modelo emprendedor, es la impronta que tuvieron para no cambiar sus sueños por lo que el sistema les demandaba. Si bien el rock en inglés tuvo el privilegio de ser el pionero en este género artístico, cuando comenzaron a emular a las estrellas del blues estadounidense, en muy poco tiempo lograron consagrar su música con pleno apoyo de la industria discográfica. En cambio, por estas latitudes, las condiciones no eran las más favorables.

Las leyendas urbanas argentinas hablan de “Tanguito”, que junto a un puñado de jóvenes con los que compartía el mismo afán, y su guitarra en mano, se propuso convencer a la gente de su tiempo que había que hacer rock en español; nada fuera de lo normal si lo vemos desde el presente, pero que en su contexto fue inédito y a la vez disruptivo, ya que descoyuntaba los estándares estéticos de la cultura musical de ese momento que no aceptaba la posibilidad de que el rock tuviera una expresión en la lengua de Cervantes.

Por otra parte, también cabe destacar que el Rock Nacional fue impulsado por jóvenes; la mayoría de ellos apenas pasaba los 20 años. Propiamente, sucedió a mediados de la década de los años 60 bajo un clima de una época con sello propio en la que el mundo vivió una profunda transformación cultural provocada por jóvenes. Para contextualizar estos hechos, cabe nombrar sólo al pasar que fue el tiempo en que surgió el movimiento hippie, la beatlemanía, el Mayo francés y el Cordobazo argentino. Es importante notar que la mentalidad emprendedora fue, es y debe seguir siendo un patrimonio de la juventud, que son quienes están en la edad y momento ideal para intentarlo.

También, otra de las cualidades a imitar, es que para ellos la oportunidad de llevar adelante su emprendimiento se hizo visible al entender que lo que hacían era una necesidad de los jóvenes de su tiempo. A finales de los 60, cuando la música comercial era la dueña del mercado y el único modelo establecido que según los expertos de las discográficas podía tener éxito, de las sombras de una sociedad en crisis surgieron los primeros rockeros argentinos; con un pleno conocimiento de lo que el sonido del rock estaba provocando en el mundo, y con los sellos discográficos convencidos de que ese sistema no funcionaría en un país sudamericano. Sin embargo ellos emprendieron, aunque para ello tuvieron que salirse del molde con el riesgo latente de fracasar en el intento, dispuestos a naufragar si era necesario.

Muchos ubican el año 1967 como el que dio origen a este movimiento que sacudió la música popular de América Latina, ya que es el año en que “La balsa” de Los Gatos, compuesta por Tanguito y Litto Nebbia, se convirtió en un éxito masivo, que sorpresivamente vendió 250 mil copias en su primer año. La sorpresa se dio en varios aspectos: por un lado, para los autores que experimentaron que podían cumplir sus sueños; por otro, para los oyentes que escucharon por primera vez la música que los representaba ahora en su idioma, interpelándolos directamente; y también para las discográficas, que hallaron un nuevo mercado. A partir de ese hito, las bandas y los discos no pararon de sonar y multiplicarse.

Lejos de intentar copiar un modelo que funcionaba en países de lengua anglosajona, en torno a nuestros próceres del rock se generó un ecosistema con personalidad propia. No buscaron “españolizar” el rock, crearon el rock en español. No transpolaron un modelo, generaron uno nuevo. Y a esto llamaron: “Rock Nacional”. El éxito que tuvieron se basó en algo tan simple como hablar desde y para su propia cultura a través de un medio que fue y es el emblema de la juventud: el Rock and Roll. Muchas veces, pensando en los países latinoamericanos, es como si se buscara imitar a los unicornios o resolver problemas locales con herramientas externas. No copiaron un modelo, generaron uno nuevo. Pronto los adeptos pasaron de miles a millones y los músicos argentinos se convirtieron en héroes en todos los países de habla hispana.

El mensaje que podemos oír de estos jóvenes es claro, que las oportunidades de emprender hay que buscarlas en las necesidades propias de nuestra cultura. el ejemplo que nos deja el Rock Nacional es la posibilidad de emprender y triunfar incluso con el sistema en contra, apostando a los sueños y a las oportunidades pero también en las necesidades propias de nuestro propio contexto cultural.

¿Por qué hay tanta gente en el mundo emprendedor que está esperando que algo tenga éxito en otro contexto para implementarlo en el suyo? ¿Acaso se puede emprender sin tomar riesgos haciendo lo que está establecido y probado por el sistema? ¿No deja esto muy lejos a la creatividad y las ganas de soñar e innovar propias del espíritu emprendedor?


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