EL DON DE CALLAR Y OBSERVAR

angi
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Aug 25, 2017 · 2 min read

Tengo la manía de caminar y escribir en mi mente. Voy hilando palabras a medida que avanzo y me felicito por la maravillosa creación que acaba de tomar consistencia en mi mente. Este ejercicio es habitual en mí y, por supuesto, siempre lo olvido al momento de plasmarlo en un papel. Lo que pasa en mi mente, en mi mente queda. Es casi como una ley.

Estoy convencida de que vine a este mundo para escribir y me asusta tener tanta seguridad.

Cada paso que doy, cada lugar que visito, cada persona que conozco, pareciera que todo encaja perfectamente en el rompecabezas de mi vida. Siempre trato de exprimir lo mejor de cada situación para poder usarlo a favor de mi creación. Sé que nadie lo imagina y eso es lo que más me gusta. Por fuera soy solo una chica de 20 años y donde algunos ven timidez, yo veo el don de callar y saber observar. Porque esa es la magia de todo este asunto: ver lo que otros no.

Me gusta sentarme a tomar un café sola, tener unos minutos conmigo misma, llevar mi cuaderno y observar a mí alrededor. Es casi como ver pasar la vida desde una ventana.

En esos minutos puedo darme cuenta del nerviosismo que tiene la chica a mi lado porque está por encontrarse con el chico que le gusta, puedo ver como una abuela juega con sus nietos y presenciar como una profesora se indigna al corregir los exámenes de sus alumnos. Esas situaciones me hacen preguntar que se sentirá saber que podes aportar un granito de arena en la vida de alguien. Saber que lo que haces va a dar sus frutos.

Me pregunto si alguien algún día hablara de cómo me gasto mí mesada en cafés, de cómo me siento en la misma mesa de siempre a escribir, del camino que hago hasta la biblioteca todos los viernes en busca de una biografía.

No quiero canalizar de un modo incorrecto, ¿alguien notara el amor que pongo en lo que hago? He dejado mis más grandes miedos atrás para tirarme a la pileta de vivir de lo que amo. Esta es la única forma que conozco de crecer y lo más parecido a tocar la felicidad con la punta de los dedos.

Espero que mis esfuerzos den sus frutos y algún día, cuando mi libro esté listo, perdido en la diversidad de una librería o biblioteca, alguien lo agarre y sepa que está sosteniendo algo muy valioso: un largo camino lleno de sueños y esperanzas. Un granito para que este lugar sea un poco mejor. Y ojala tenga la suerte de poder leerlo en el café de siempre, tal como lo hice yo.

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