Por la libertad de decir: la lucha de las radios comunitarias en Argentina

La falta de recursos, la principal limitación de este tipo de medios.

Entre los millones de sonidos, palabras, canciones, ruidos e interferencias que se escuchan en cualquier radio entre el 87.5 y el 108 de la frecuencia modulada, se encuentran, si se busca bien, perdidas en un mar de señales repetidas y propuestas vacías, las radios comunitarias, defensoras de “la comunicación como un derecho y no como una mercancía”, defensoras de espacios para “conectar comunidades”, defensoras de aquellos a los que muchas veces nadie escucha.

Uno de los principales bastiones en la lucha por una comunicación libre e igualitaria, este tipo de radios que no persiguen como objetivo final el rédito económico cumplen un rol trascendental en muchos lugares en los que muchas veces la información no llega, o llega solo a través de discursos hegemónicos que de otra manera no podrían ser cuestionados. Para garantizar el derecho a comunicar, a informar y a ser informado, y pese a todos los problemas a los que se enfrentan diariamente, las radios comunitarias continúan con su lucha por la libertad de las palabras, por poder decir y también por poder escuchar y ser escuchado.

Todos los días, desde el 7 de febrero de 2005, a las 8:30 de la mañana y a las 12.30 del mediodía, la voz del santafesino Pepe Frutos relata, en aproximadamente 30 minutos, las principales noticias del país según el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), que produce dos ediciones diarias de un informativo construido a partir de los informes que envían desde sus más de 150 radios asociadas, dispersas a lo largo y ancho de todo el territorio argentino. Ese noticiero, que se transforma, a partir de cada noticia particular, en un panorama de la información nacional que se aleja de las construcciones de las agendas mediáticas de los grandes medios para hacer foco en la realidad que viven y que transmiten desde cada punto del país, se escucha en muchísimas de estas mismas radios comunitarias que en conjunto ayudan a crearlo.

“La riqueza de estas radios es que dan cuenta de lo que realmente pasa en los sectores populares, porque estamos en esos lugares”, destaca María Cristina Cabral, y agrega: “Los grandes medios, en cambio, hablan de lo que pasa en el país sin salir de sus estudios en Capital Federal, desconociendo absolutamente qué es lo que realmente está pasando en cada lugar o, peor, ocultándolo”. Cabral, que forma parte de la mesa directiva de FARCO, es integrante de la Radio Encuentro, de Viedma, y docente en la Universidad del Comahue y en la Universidad Nacional de Río Negro.

“La comunicación no es cualquier derecho, tiene la peculiaridad de ser el derecho que vigila que se cumplan todos los otros, y las radios comunitarias están para garantizarlo”, subraya André Nunes, el vicepresidente de Aire Libre, que desde 1988 está al aire en la ciudad de Rosario. Nunes, que hace 15 años que participa de ese proyecto, cuenta que la radio surgió, como muchas otras, a partir de “una necesidad del barrio”: “Unos vecinos participaron de un taller que daba una radio comunitaria de Buenos Aires, que vino a contar su experiencia, y se entusiasmaron y empezaron a soñar en hacer lo mismo”. Más de 30 años después, la radio cuenta con diferentes programas, tanto producciones propias como independientes, pensadas tanto como entretenimiento como en fuentes de información confiables para sus vecinos y en espacios en los que sus audiencias se sientan identificados y se vean involucrados.

Las nuevas tecnologías han sido claves para este tipo de medios en cuanto a poder involucrar aún más a sus audiencias en su trabajo. A diferencia de los grandes medios, que en general señalan a internet y otros recursos como la causa en la baja de sus audiencias, las radios comunitarias han encontrado en estas herramientas una forma de llegar a más gente, sin que eso implique un gran gasto económico. “Producimos contenidos audiovisuales como una manera de expandirnos a otros lenguajes”, señala Nunes, aunque aclara que no se olvidan que su origen “es el audio, la radio”. Cabral cuenta que para la divulgación y producción del Informativo del Foro, internet significó un gran avance: “Antes lo hacíamos vía satélite, y eran muy pocas las radios que tenían ese servicio. Ahora pudimos expandirlo a muchas radios más”.

Pese a su activo rol en muchísimas comunidades y su vigencia como un espacio de lucha para diferentes sectores organizados, tanto como para ciudadanos individuales, las radios privadas sin fines de lucro, como las denomina la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual -que no solo las reconocía como legales sino que además fomentaba su expansión, en particular con la reserva del 33 por ciento del espectro radioeléctrico para este tipo de medios-, están lejos de estar en una situación ideal y la inestabilidad es moneda corriente para quienes las gestionan.

Pese a que la página oficial del Foro se encarga puntualmente de aclarar que “una radio comunitaria no es una radio pequeña, pobre, precaria o de baja potencia”, en general esos adjetivos pueden aplicarse a muchos de estos proyectos comunicacionales, no porque sean una característica intrínseca de esos medios, sino más bien por consecuencia de un contexto hostil para la comunicación independiente que atraviesa y afecta cualquier tipo de visión idealizada.

Entre lo que Cabral señala como los principales conflictos, se destacan la saturación del dial para las radios que están en las principales ciudades del país. “Cada vez se necesita una mayor potencia y una mayor antena para poder llegar a algún lado y muchas veces las radios comunitarias no pueden competir con otras que van aumentando su potencia y las van tapando”, cuenta la también Licenciada en Comunicación Social, sobre lo que parece una clara pelea desigual. Con respecto a las radios que están alejadas de los centros urbanos, y que por ende no tienen problemas con respecto al espectro, la dificultad para llevar adelante los trámites necesarios para el funcionamiento regulado de los medios se presentan como el primer obstáculo. Cabral remarca: “Aun cuando uno quiere legalizar su radio, es muy difícil hacerlo porque cuesta mucho llegar a hacer los trámites correspondientes, ya que no es fácil llegar a donde se deben hacerlos”.

Estos no son los únicos problemas. La crítica situación económica que atraviesa el país repercute fuertemente en un sector de por sí débil e inestable. El aumento de los servicios como la luz, que es un insumo fundamental para cualquier medio, se suma a que muchas de las personas involucradas en la gestión de estos medios no pueden dedicarle el mismo tiempo que antes: “El trabajo voluntario, que es fundamental para estos medios, se ve reducido en estos momentos porque todos estamos tratando de conseguir otros trabajos para sobrevivir”, admite Cabral. Nunes agrega, por su parte, que lo que más “se complica es financiarse y pagar los servicios”.

Más allá de estos problemas, a los medios comunitarios se le suma, a partir de la sanción del Presupuesto 2019, otro punto de conflicto: el Fondo de Fomento Concursable de Comunicación Audiovisual (FOMECA), corre riesgo de verse reducido, luego de que sus fondos hayan sido subejecutados. “Los pagos de esos fondos, que nos permiten a nosotros sostener una programación anual, están atrasados”, cuenta el vicepresidente de Aire Libre, que también se desempeña como productor u operador, entre otros roles dentro del medio. En el mismo sentido, Cabral profundiza agregando que “no hay llamadas a concursos, los fondos no están siendo ejecutados y ahora además hay un intento por reducirlos”.

Como consecuencia de la falta de apoyo estatal, las radios –y también canales de televisión- comunitarias se encuentran en una situación de mayor debilidad: “La ley existe, seguimos siendo legales, pero estamos en una situación de mucha más vulnerabilidad”, enfatiza Cabral. Además agrega que antes trabajaban en conjunto con otros organismos, “que entendían que la comunicación es un derecho que, ejerciéndolo, potencia otras estrategias, ya sean educativas, institucionales e incluso económicas”, pero que esto ya no es así. Como ejemplo, describe el trabajo en conjunto que FARCO hacía con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la creación de medios en zonas rurales hasta entonces incomunicadas, pero que a partir del establecimiento de radios en esas zonas se fortalecía “el crecimiento de esas comunidades”.

Todo esto, que quienes participan de estos proyectos señalan se encuentran en un momento crítico, hace que tanto la calidad de las producciones como la subsistencia propia de los medios se ponga en jaque, limitando la posibilidad de ejercer su trabajo de manera libre.

Las radios comunitarias de la Argentina, cuyas funciones varían según su ubicación geográfica y su enfoque comparten, sin embargo, algunos puntos en común: todas ellas se plantean como un canal de comunicación alternativo a las grandes voces que dominan los discursos hegemónicos, como un canal de comunicación que se construye a partir de la participación activa de la comunidad en la que se insertan, como un canal de comunicación entre aquellos que quedan muchas veces excluidos de los grandes medios.

La lucha de las radios comunitarias, que empezó hace más de 70 años en el continente y que se extiende hasta el día de hoy, cobra aún más vigencia en un contexto de comunidades silenciadas, voces acalladas y verdades ocultadas. Los medios comunitarios son, entonces, los únicos espacios en los que el derecho a una comunicación libre, comprometida y honesta está garantizado, pese a que su subsistencia muchas veces sea difícil.