Maldito lunes

Viernes dieciséis de octubre, hoy es el cumpleaños del hijo de Mark. Debí traerle un regalo, es mi ahijado, pero con tantos ahijados dentro de la oficina me voy a arruinar. Ya sé, digo que me lo olvidé en el carro y después en el almuerzo le compro algo. ¿Cómo se llamaba el nuevo que se sienta detrás de Mark? Roger. Creo que se está adaptando bastante bien, le voy a pedir a Mayita que limpie su cubículo con especial atención, cuando Carlos se fue ya sabemos que no fueron los mejores términos y no me extrañaría encontrar alguna sorpresa escondida. Lo bueno es que Roger se sienta cerca de Elisa que siempre está dispuesta a ayudar a los nuevos. Por cierto, la voy a invitar a almorzar, esa llamada del sábado por la noche me dejó preocupada, aunque después me haya asegurado que no era nada. A ver cómo hago para invitarla sin que Florencia me escuche, siempre tan pendiente de todo lo que pasa en la oficina, es una lástima que tenga su escritorio justo al lado de Elisa, que es tan reservada. Aunque a mí la presencia de Florencia me conviene porque me entero de todo lo que pasa, y al ingeniero Aguirre le gusta estar siempre informado, me facilita el trabajo.

Debo que aceptar que me siento un poco apartada de todos en el lobby, al final del pasillo, además es tan diferente y elegante, a veces los chicos van hasta allá a decirme algo solo para descansar en el sillón de cuero y poder tomar agua fría. Pero no es mi culpa tener que estar ahí, es que el jefe me necesita cerca. Estos días está cada vez más dependiente de mi, dentro o fuera del trabajo. Me pregunto si está todo bien en su casa con la señora Mary.

Lunes, hay reunión de estatus a primera hora, tengo que llamar a Claudio para que traiga desayuno para todos y recordarle a Mayita que arregle la sala de conferencias. También el señor Aguirre tendrá junta con todos los socios después de almuerzo. Debo devolverle a Mark el plato que me llevé de la fiesta de mi ahijado el sábado, pero hay que ser cuidadosa con Sara, que no la invitaron. Ella siempre tan alejada del grupo. A veces me sorprende que después de cinco años separados por un pasillo angosto, Mark y Sara se sigan llevando tan mal.

Hablando del pasillo, he notado que la alfombra gris está bastante manchada, voy a llamar a mantenimiento a ver si hacemos que la cambien porque es evidente el deterioro cuando se compara con la alfombra negra al cruzar la puerta de vidrio del lobby. No le vendría mal un cambio de look a la oficina, lo hablaré con la señora Mary.

Listo, hoy que es martes aprovecho para organizarle ese almuerzo de bienvenida a Roger, en el restaurante de la esquina hay dos por uno, voy a hacerles invitaciones personalizadas. Serían Mark, al lado Sara, que tal vez se anime a ir. A veces siento que los chicos le hacen pasar muy malos ratos solo porque alguna vez se enrolló con quien no debía. Detrás de Sara está Belén y detrás de Mark, Roger. Luego Elisa y al lado Florencia, siguen Eduardo, Alberto, Mariela, y Mayita en el cuarto del fondo con Claudio. El Señor Aguirre por supuesto estará ocupado por ser su semana de aniversario de casado, me extraña que este año no me haya pedido que me encargue de la compra de flores y regalos. Mejor así, cada vez que preparo sus planes románticos me siento más sola, y ya ni siquiera tengo a Carlos para esas escapadas de mitad de semana.

Algunos días me gustaría estar ahí en el pasillo con los demás, para compartir chistes internos o alguna escapada al bar a media tarde, y no sólo arreglarles los horarios y ser madrina de sus hijos. A decir verdad no es todo malo, el señor Aguirre cada vez busca integrarme más, me hace sentir bien. Lo raro es que no me invita a cosas con los demás empleados, sino a cenas con los socios. Creo que quiere que me empiece a mover en otro nivel.

Los miércoles siempre son de emergencias. Ahora voy a tener que llegar a arreglarle la vida al jefe, que la esposa lo dejó. Es que yo te digo, hay que ser despistado para que se te olvide la semana aniversario, justamente cuando cumplen diez años de casados. Me pidió una reunión privada, supongo que para que reserve una cena de reconciliación, o un par de días de escapada romántica. Si logro apartar un viaje de jueves a viernes, le aviso a todo el piso para que se relajen esos dos días, que les va a venir muy bien.

¿Será demasiado este vestido para un jueves? No creo que nadie se dé cuenta. Por supuesto que cuando pase al lado de Florencia, me preguntará delante de Elisa y todos escucharán. Pues diré que es el cumpleaños de mi madre. No se pueden enterar de que el señor Aguirre me volvió a invitar a una de sus cenas de negocio, no pensarían nada bueno de eso, y tampoco me perdonarían haberme pasado al bando de los socios. A Mayita le tengo que decir que no la puedo acercar a su casa como todos los días, espero que no indague demasiado. Les enviaré un mail anunciándoles el bono de final de mes para desviar la atención, así se irán todos felices. Casi lo olvido, mañana es el bautizo del hijo de Claudio y, por supuesto, mi ahijado. Se lo dejaré escrito en la agenda al señor Aguirre, siempre se olvida de estas cosas.

Todo está normal, solo trata de no parecer misteriosa. Es el último día de la semana y hay ambiente festivo. Nadie sabe nada, nadie imagina nada de ayer. Solo sigue caminando el pasillo hasta el lobby y saluda con naturalidad. El Sr. Aguirre llegará tarde, Claudio me pedirá ayuda con los preparativos de última hora del bautizo pero estoy segura de que Elisa se podrá encargar de eso, Sara dirá que no puede ir con alguna excusa inventada, ya todos sabemos que nunca lo pasa bien en estos festejos porque nadie le habla. Debo recordar hablar con Roger, para que sepa cómo es el mecanismo de cobro el primer mes y luego ya está, se termina el día y nadie sabrá nunca nada del señor Aguirre y yo ayer. Es viernes, todo va a salir bien.

No quiero llegar. No quiero llegar. Maldito lunes.

Todos me están viendo. Nadie sonríe. Bueno, sonreiré yo. No debo mirar al suelo, debo verlos a la cara. Por dios, qué difícil sostenerles la mirada. Tal vez Sara… ahí está, la única sonrisa de la sala. Solo tengo que llegar al lobby. Elisa, ella seguro si me devuelve el saludo, o no. Cómo se me ocurre hacer eso el viernes, frente a todos. Y el señor Aguirre tan pasado de tragos, ni una semana de separado. Hoy me echan, seguro. ¿Cuánto falta para la puerta de vidrio? Ay no, ahí viene Florencia a preguntar cosas.