A veces siento al recordar, que el mejor momento de nuestro aprender a querernos, fueron los días antes de habernos dado un beso. Porque en esos momentos, la sorpresa de extrañarnos, nos causaba intriga. Estabamos descubriendo que comenzabamos a gustarnos. Fue realmente hermoso, como un regalo. Esas despedidas donde los abrazos se volvían mas prolongados. Las primeras miradas que se sostenian en el tiempo. Esas pequeñas docis de ansiedad al saber que nos veriamos por la tarde. Pero por alguna razón, aquel beso entre nosotros, tiñó los dias que vinieron después, de un prematuro invierno. Ese beso trajo consigo un viento helado que poco a poco comenzó a deshojar todos los arboles. Pero, de los paisajes que habitamos, sin duda el mejor de todos, fue aquel cuando nuestro amor era insipiente.
