
El co-consumo.
Los sistemas de ordenamiento arcaicos están en crisis porque el mayor problema de pensar en vertical es que no se puede mirar para el costado, donde hay alguien.
Al tratar de probar hipótesis en investigaciones empíricas se observó que necesitamos estructuras en las que se piense y ordene aquello que deseamos. No resulta nada alocado entonces alertar sobre la influencia del consumo en la creación de un nuevo modelo de ordenamiento social.
Consumir es una disputa de significados. Es un ida y vuelta de producción simbólica, de acción. Necesitamos despojarnos de la concepción del consumo como un lugar de gastos inútiles e irracionales, un lugar de verticalidad desde los medios masivos a las masas, de actos instintivos no pensantes. Es necesario hablar entonces sobre la existencia de la racionalidad consumidora que radica en el hecho de re-pensar constantemente los lugares desde los que co-construimos en función de lo que co-consumimos. El consumo es un acto sociocultural, un acto de intercambio.
¿De qué manera acomodás adentro tuyo eso que deseás?
Si el consumo es tan solo una de las formas posibles de ordenarnos, ¿por qué resulta tan exitoso versus las otras? ¿Por qué es, por defecto, el modelo de ordenamiento de las cargas simbólicas que producimos? Tal vez porque se trata de un modelo co-participativo, co-laborativo, co-creativo.
El consumo es nuestra forma de co-municarnos.
¿En cuántos rituales de consumo participaste hoy?
¿Cuántos significados co-creaste hoy?
