
Cambio de hábito
Tres nuevos hábitos de consumo que están transformando mi día a día.
Siempre me gustó la gente que se anima a hacer las cosas de todos los días de forma diferente. No el innovar por innovar, más bien las ganas de probar cosas viejas o nuevas para tener una relación diferente con la vida. De los viajes recientes y de conversaciones inesperadas empecé a aprender algunos truquitos y me animé a aplicarlos. Acá van los tres que más me gustan.
Dejé de comprar pan… y a amasar se ha dicho!

Mi relación con el pan es muy especial. Toda mi infancia estuvo dominada por el pan casero que amasaba mi abuela y cocinaba en un enorme horno de pan que llenaba mis fantasías de castillos y cuevas. Ese mismo pan era el que había vendido siempre, y que en gran parte permitió que mi papá pudiera tomar el camino poco-tradicional entre los colonos rurales de tener una carrera universitaria… la misma que en algún punto hizo posible que pudiera viajar al exterior y conocer a mi mamá. Y bueno. Acá estoy yo.
Siempre me sentí sumamente intrigada por el proceso de lidiar con un ser vivo y alimentarlo para terminar con esas enormes hogazas que olían a cielo en la tierra. Pero era algo “de grandes”. O de experimentados. Recién hace dos años empecé a amasar, y es como si lo hubiera hecho toda la vida. En Chile, en medio de un bosque rescatado, aprendí la magia de la masa madre. Quedé fascinada por el proceso tan extremadamente vivo. ¡Y el aroma! ¡Y el sabor!
Cuando volví a la rutina de la ciudad me hice un espacio para empezar a hacer pan a mi ritmo. Pensé que me iba a ocupar mucho tiempo, pero no. Es un proceso que tiene su propio ritmo y hay que saber cuándo interactuar con la masa, pero en general es fácil de hacer una vez por semana. Al principio usaba levadura, pero al poco tiempo empecé a cultivar mi propia masa madre: una mezcla de harina integral y agua que permite el crecimiento de levaduras naturales ¡que pueden vivir por varios años!.
Por qué está transformando mi día a día:
En primer lugar está la conexión histórica-emotiva que en algún punto me conecta conmigo misma: las imágenes, aromas y sabores de la infancia, la calidez del recuerdo de la abuela que vive a través de las cosas que nos enseñó. Después está lo fisiológico: el pan comprado en supermercados me hace lisa y llanamente mal. Y a veces el pan de panadería también. Las ansias de triplicar la producción pueden hacer estragos en mi digestión.
La ciencia del proceso de hacer pan desde la nada es lo que más me atrae: es un procedimiento tan ancestral y tan lleno de pequeños momentos que despiertan mi curiosidad: cómo surgen las levaduras, cómo se hinchan, cómo conseguir la consistencia y el sabor indicados, qué diferencia hace cada ingrediente.
Otra razón para elegir amasar es la ruptura con la estresante rutina del estar siempre apurados. Para hacer pan hay que tener paciencia porque estás lidiando con seres vivos y no vivos interactuando. La levadura, el calor, la harina, el agua, amasar cada determinado tiempo, reposar y hornear. Las interacciones con la masa en general suman 20 minutos con toda la furia, pero el proceso puede llegar a tardar 3 horas o más. Y es un tiempo de pura presencia, porque no se puede hacer otra cosa que amasar y pensar. O simplemente amasar y meditar. Y claro, siempre está la leyenda de los buenos pensamientos y los piropos a la masa para que leve (y ta, creo que a veces tienen razón).
Dejé de comprar shampoo… y NoPoo!
(Prometo subir una foto de mi pelo)
Esta es capaz la más polémica de todas las decisiones (mi mamá todavía piensa que soy una hippie incurable… y varias personas que descubren “mi secreto” probablemente también). Hace un par de años escuché por primera vez hablar del “no-poo” y pensé que era otra modita hippieconosde. Pero algo resonó en mi cabeza. Tengo el pelo demasiado fino y muy susceptible a la humedad. Mi adolescencia fue una lucha constante contra un frizz que arruinaba los flequillos y enrulaba todo a su paso. Nunca le di demasiada bolilla, pero jamás tuve una “presencia ordenada”. Con el paso del tiempo por alguna razón que desconozco empecé a lavarme el pelo todos los días con shampoo y cada cierto tiempo mi pelo se volvía extremadamente seco. Algo no cerraba.
De nuevo fue un viaje el que me obligó a hacer las cosas diferentes. Estábamos en el medio de un bosque con agua restringida por la temporada de sequía… y no podíamos usar ningún producto químico fuerte porque el agua volvía al torrente del que bebíamos. Y claro, lo primero que tuvo que desaparecer fue el shampoo. En su momento no le presté atención al cambio específico porque eran demasiados los factores que intervenían (comíamos solamente productos muy frescos, teníamos buenas horas de descanso sin internet ni celular, estábamos relajados) así que no podía establecer una causalidad.
Volver a la rutina fue volver al shampoo… y volver al pelo pajizo y la picazón en el cuero cabelludo. Definitivamente no me estaba haciendo bien, así que hice tripas corazón y volví a googlear las páginas que había tildado de hippiconosde. Al fin y al cabo me estaba convirtiendo en una de ellos.
Por qué está transformando mi día a día:
Uff! tantas razones. Lo primero que puedo mencionar es el uso de tiempo y recursos en la ducha. Al no tener que lavar el pelo todos los días mis duchas son más rápidas, gasto menos agua y puedo decir que me baño a conciencia porque no tengo otra cosa que hacer. En general me lavo el pelo con una mezcla de bicarbonato de sodio y agua cada cinco días. Usar bicarbonato y contrarrestarlo con vinagre de manzana es otro pequeño momento científico. Todos sabemos — por la clase de química o por El Club de la Pelea- que el jabón es el resultante entre un álcali y un lípido. Los álcalis pueden ser tan abrasivos como la soda cáustica…. o tan inocentes como el bicarbonato de sodio. ¡Eureka! el poder controlar la cantidad de básicos y ácidos que llega a mi cuero cabelludo es una diferencia enorme, además de interesante. Y el reducir la asiduidad permite que mi pelo genere sus propios aceites que lo mantienen fuerte, protegido del frizz y con sus ondulaciones naturales en el largo. Además puedo prestar atención a variaciones que ocurren en el tiempo porque, aunque parezca mentira, el pelo cambia mucho a lo largo de un ciclo hormonal. Parece magia, pero es ruptura de un círculo de consumo completamente impuesto por la publicidad y las compañías de productos de “higiene y belleza” con un enorme impacto ambiental. Aunque no lo intentes vos mism@, creo que vale la pena tener un momento de reflexión. ¿Posta es necesario lavarnos y acondicionarnos el pelo todos los días?
Dejé de comprar toallitas y tampones… y copita!

Otro gran paso para la humanidad. Hace dos años conocía a las chicas de Maggacup en un evento de emprendedores de Mayma. Estaban intentando generar conciencia sobre las posibilidades de dejar de tratar la menstruación como tabú y basura. Wow. Y es que cada mujer tiene en promedio entre 360 y 470 ciclos menstruales en su vida fértil. Si vamos por 360 menstruaciones de 5 días son 1800 días de sangrado. A un promedio de 3 tampones o toallitas por cad 24h, son 5400 productos higiénicos que salen de la góndola directo a la basura -y a quedar ahí por miles de años porque el plástico no se degrada, sin contar los que terminan en los cursos de agua.
La copa o colector menstrual, en cambio, se puede re-utilizar por hasta 10 años mientras se sigan todos los procedimientos de higiene. Es hipoalergénica y una vez en su sitio te permite hacer todo tipo de actividades, incluso nadar. Funciona sincronizando física y biología: genera un efecto “vacío” que impide que el flujo se escape. Lo más fascinante es poder ver la menstruación en el estado que debería tener, es decir, líquido. Después de muchos años en el ritual repetitivo de ignorar-enrollar-desechar de las toallitas, esto fue todo un descubrimiento para mí.
Por qué está cambiando mi día a día:
Creo que lo más interesante fue encontrar una comunidad de personas con tantas ganas de contar experiencias y abrir oportunidades a tratar la “intimidad” de forma diferente. Porque de verdad que la menstruación es un enorme tabú (¡imaginen lo que será en sociedades más cerradas!), y desde que tenemos memoria tenemos que estar ocultando el hecho de que cada mes durante muchos años sangramos. Dejar de generar enormes cantidades de basura es un alivio también. Otra externalidad deriva del propio método. Porque sí, hay que meter mano. Acostumbrarse es una mezcla de práctica y aprender a usar músculos que no sabías que tenías ahí abajo. Dicen las que saben que eso repercute en todo, sobre todo en la vida sexual. Eso ya vale un montón ¡Y la libertad! Dejar de perseguirte, animarte a conversar con otras personas y permitirte entender que está bien tener un ciclo natural que permite, en última instancia, la reproducción de la especie, eso no se compra con nada.