SIMON REYNOLDS: “LLEGABA A MELODY MAKER COMO MOISÉS CON LAS TABLAS DE LA LEY”

Simon Reynolds (1963, Londres) es un ensayista y crítico musical británico considerado el más influyente de los últimos veinte años. Ha escrito en medios como Melody Maker, The Wire, The New York Times, Spin, Rolling Stone, Mojo y The Guardian. Ha publicado libros como The sex revolts (estudio de género, junto a su esposa Joy Press, ¡vaya nombre!), Rit it up and start again (sobre el post-punk y la new wave) y Energy flash (electrónica y dance). Su antologador, Pablo Schanton, sostiene que el entrevistado logró eludir el “lirocentrismo” y la “sociología”, dos grandes clichés analíticos del rock. Reynolds prefiere centrarse en la materialidad sonora (el sonic bliss)

¿Y cual es su técnica? “samplear” — evitando sobreintelectualizar — filosofía, teoría política, ciencia o sociología para entrarse en esta “materialidad” y “política” del sonido. En ese marco teórico, Reynolds intenta explicar fenómenos como el punk, ruidismo, las raves, el glam o la psicodelia. Por otro lado, es quien mejor ha explicado el post-punk y la escena electrónica. Sobre los cambios actuales en la música popular escribe: Estamos lidiando con cultura, y no con ciencia: los datos blandos y escurridizos de la percepción y el afecto.

Montaje y entrevista: J.C. Ramírez Figueroa

I. UN POCO DE AMOR FRANCÉS. O DE CÓMO ROLAND BARTHES PUEDE EXPLICAR A BUTTHOLE SURFERS
Samlpear la filosofía o teoría crítica francesa es algo que aprendí de todos los periodistas de música que me impresionaron al leerlos por primera vez, cuando adolescente. En concreto: el New Musical Express (NME) y sus redactores: Barney Hoskyns, Ian Penman, Paul Morley y Chris Bohn, quien es ahora el editor de la revista The Wire.

Ellos siempre incluían pequeños bocadillos de teoría en sus reportajes y entrevistas de una manera emocionante y provocadora. Citaban a gente como Roland Barthes, Michel Foucault, Friedrich Nietzsche, Julia Kristeva, Georges Bataille. Yo, como adolescente, ya leía filosofía y política (feminismo radical, un poco de marxismo, teoría freudiana). También cosas de los años sesenta como Norman O. Brown. Después, a través del punk y leyendo sobre Malcom McLaren, descubrí el situacionismo.

Así se formó mi gusto por este tipo de escritura.

En verdad yo quería estudiar filosofía y política en Oxford (finalmente me ofrecieron un puesto para estudiar historia). Pero cuando leí a estos tipos en la NME, el mundo teórico se me hizo más “venenoso” y atractivo. Además, el giro que estaba dando la música en esa época era muy emocionante y radical: el post-punk y lo que se creó alrededor de él. Esto fue propiciando la mezcla de música con la teoría. Una especie de sinergia mutua que los farmacólogos llaman “potenciación“: cuando tú tomas dos medicamentos diferentes y se obtiene un efecto más fuerte, de mayor grado.

Pero más que usar la teoría para legitimar la música, fue la música transformando a la teoría en algo interesante y estimulante, en la forma que a mi me interesaba y que me parecía estar en la vanguardia cultural. Por supuesto que están todos los teóricos franceses y, naturalmente, Nietzsche. Todos, grandes estilistas de la prosa que incluso traducidos conservan la elegancia y carisma.

Empecé a leer las cosas francesas, en mi tiempo libre en Oxford y, cuando empecé a escribir sobre música terminó saliendo así. Nada particularmente forzado. ¡Como si George Bataille se relacionara de manera natural con Butthole Surfers!

II. LIROCENTRISMO Y SOCIOLOGÍA: ¿DOS CLICHÉS DE LA CRÍTICA ROCK?

No sé si he eludido la sociología en la prensa musical, porque siempre he hecho un poco de análisis sociologíco. Siempre he estado consciente de la lucha de clases como factor de cambio social y musical. Siempre he advertido como la música transforma el mapa de las divisiones sociales.

Además, he leído a todos estos autores como Dick Hebdige que estuvo involucrado en el análisis de las subculturas juveniles, influenciado por el marxismo y, mirando a los rituales subculturales como expresiones de resistencia inconsciente a la estructura de clases, la vida industrial y el capitalismo.

También he leído a gente como Simon Frith, que en verdad es tanto sociólogo como crítico de rock.

Pero sí, el énfasis excesivo en analizar las letras es algo que pronto encontré frustrante. Parecía que pocos estaban escribiendo sobre música, enfocándose en el sonido, la producción y el papel de la tecnología. La mayoría de periodismo musical en los años ochenta se orientó en torno a la canción, el cantante y las letras como una forma de contar historias.

Ellos analizaban las canciones, ya sea como posición (político o existencial) o como narraciones: mini-dramas, refugios de sabiduría popular, enfoque vivencial del amor y la condición humana…

Estaba bien, pero se perdía gran parte de lo que era la música. Especiualmente porque no decían nada sobre lo que más me interesaba en ese momento: el éxtasis, el goce, la jouissance (1).

[caption id=”attachment_1445" align=”aligncenter” width=”970"]

Roland Barthes[/caption]

Lo no-verbal y lo difícil-de-verbalizar intensificado en la música, ritmo, textura sonora, ruida. Mi enfoque de esto viene de Barney Hoskyns de la NME y libros como El placer del texto de Roland Barthes. La verdad es que la exigencia de escribir así era parte del desafío. Además. cuando tratas como escritor de hacerte un nombre y construir un pequeño espacio intelectual, aprendes a cruzar las lagunas y accidentes geográficos que otros no han advertido.

Al mismo tiempo eso es jouissance ¡Y músical, aunque suene extraño!

(Nota de Editor: concepto lacaniano referente al disfrute o goce) .

III. PROCESAR LA EXPERIENCIA MUSICAL: DESMONTANDO AL PERIODISTA DE ROCK
Un problema actual es el papel mediador del periodista como “guardián”: la persona que tiene el poder y la responsabilidad de presentar a la gente un nuevo sonido.

Eso ya pasó.

Cualquier persona puede consultar -en Youtube o mp3- cualquier cosa por ellos mismos. Así que el rol del que escribe sobre música ahora es más bien para hacer las conexiones, procesar la experiencia musical. Tratar de inyectar significado a esta situación, en un contexto de “hemorragia” debido a la sobrecarga de música.

En realidad, esa fue siempre parte de la función del periodista musical. Pero en los viejos tiempos también existía la tarea de presentarle cosas nuevas a la gente. Podías recomendar y apuntar cosas, porque ellos no podían darse el lujo de comprar todos los discos. Ahora la cuestión del coste es irrevelante.

El nuevo problema es que debido a que no se paga por la música, uno no se siente obligado a prestar atención a ella. Escuchas cosas a medias, distraído y desenganchado de ellas

Soy tan culpable de esto como cualquiera.

Hay un adelgazamiento de la experiencia musical. Hablaré de esto en mi nuevo libro Retromanía.

IV. ¿SI CREO QUE LAS REVOLUCIONES INCOMPLETAS DEL PUNK, ELECTRÓNICA O PSICODELIA LLEGARÁN A CONSUMARSE?
Ocupo esta idea en el prólogo de Rit it up… donde me la juego por la importancia del post-punk por encima del punk. La tesis es que el punk fue la revolución inconclusa: hablaban de revolución, pero ésta no llegó a la música (la mayoría del punk tenía una base hard-rock mal tocada). Además en términos de política económica de producción, la mayoría de los grupos de la primera oleada fueron contratadas por grandes sellos.

El post-punk, en cambio, cumplió la promesa revolucionaria del punk haciendo música más radical y con una explosión de sellos independientes. Sin embargo, el post-punk llegó a una especie de callejón sin salida, obligando a evolucionar hacia lo que en Uk se llamo “New Pop“. Bandas y música tratando de cambiar el sistema desde dentro.

La misma dinámica de lo que llamo música post-psicodélica, nacida en unos sesentas llenos de idealismo que decae gradualmente en el llamado “capitalismo hippie“.

Así que, básicamente, veo la música como una evolución a través de esta dialéctica.

Es decir, se abre un nuevo camino musical que, con el tiempo, inevitablemente lleva a un callejón sin salida y, para evitar la pesadilla del estancamiento, este relato vira hacia una nueva dirección. Éste a su vez lleva a un nuevo callejón sin salida.

[caption id=”attachment_1446" align=”aligncenter” width=”585"]

Mensaje anti Rolling Stone para la tapa de Rolling Stone[/caption]

Este proceso tiene que ver con las contradicciones intrínsecas de intentar ofrecer una revolución a través de la música que se vende como mercancia (grabaciones) y espectáculo (recitales en vivo). Siempre habrán explosiones de energía que parecen abrir posibilidades utópicas, no sólo en formas musicales sino también en prácticas y comunidades musicales.

Pero este mismo impulso, en una última instancia, limita las posibilidades estéticas, porque siempre volverá a caer en algún tipo de mercantilización. Un nicho en el mercado de los bienes culturales de elite.

Es decir, siempre habrá un fallo en estas revoluciones musicales. Y seguirá habiéndolos, porque al final todas estas revoluciones sónicas son a medias, diversiones/desvios en torno a la política real.

Es una visión poco optimista, pero creo que es verdad. En Gran Bretaña, sobre todo, donde nunca hemos tenido una Revolución. Sólo interminables “revoluciones” musicales y de moda (además de todo el discurso que las envuelve) Siempre desde el aspecto entretenido y glamoroso de la revolución. Sin jamás tener el cansancio, sacrificio y peligro de la política real.

V. MI MÉTODO DE ESCRITURA

Varios textos de Después del rock, los hice antes de casarme, cuando vivía solo y no tenía computadora. Esto fue a fines de los ochenta y principios de los noventa y me llevó a mi actual estilo de mi vida donde trabajo toda la noche.

En esa época, los artículos se armaban en forma de “notas”, que eran varios segmentos que debían pegarse, en secuen cia, en la página. Todavía tengo mis transcipciones de entrevistas, con los pedazos marcadas que debían ensamblarse. Todo esto debía armarlos rápidamente en una noche de locos, para luego llevarlos al diario.

Aunque el único estimulante que usaba era el café, terminaba en un estado maníaco al amanecer. Dura nte un tiempo te sientes fatal, tu cuerpo desvaneciéndote y, de repente, la química del cerebro te deja en “estado de alerta” sin que puedas irte a dormir, inundandote la corteza cerebral con anfetaminas naturales.

Así que a las 7 AM entraba en un estado que podría llamar “nietzscheano”. Lleno de grandeza y convencido que estaba experimentado grandes revelaciones. Llegaba con las copias a la oficina del Melody Maker -no tenían fax, aunque ya estaba lleno de ellos y, obviamente menos e-mail- como si fuera Moisés con las Tablas de la Ley.

Casi todas mis historias y artículos de opinión fueron escritos así: durante la noche. Cosas como reseñas y textos pequeñas las hacía durante el día. Pero había algo en la desesperación del deadline que le dio un tremendo impetus al acto de escribir. Y como no era un trabajo en equipo, uno debía impulsarse, donde cada frase era un compromiso, porque cuando entregabas lo escrito no podías volver atrás y cambiarlo.

[caption id=”attachment_1449" align=”aligncenter” width=”278"]

Algunos textos de los que hablaba Reynolds[/caption]

Obviamente, cuando empiezas a vivir con alguien no puedes seguir con una vida así. Yo mismo me sorprendí de cómo terminé aprendiendo a escribir de forma disciplinada y regular. Trataba a mi pieza como una oficina y terminé trabajando a las 10 AM. Pero sería un error decir que soy disciplinado, porque la verdad es que me paso mucho tiempo posponiendo el momento de la escritura.

Antes de internet, solía escaparme de la oficina e irme a hojear libros. La mayoría, textos de referencia sobre música. Por supuesto, ahora puedo escaparme de mi trabajo sin tener que moverme del asiento. Pero la cantidad de tiempo que he perdido en internet es terrible. Habría escrito dos o tres libros, posiblemente

La gente, probablemente, pienso que soy increíble productivo porque Retromania es mi cuarto libro completamente nuevo (los otros tres son colecciones de ensayos o spin-off como Después del rock o la antología brasileña Beijar o Cléu). Pero en verdad, podría haber escrito mucho más, si tuviera la habilidad de enfocar mejor.

Escucho todo tipo de música mientras trabajo. Básicamente porque estoy en modo multitarea, porque hay muchísima música que revisar. Algunas veces, claro, es música relacionado con el trabajo específico que estoy haciendo. Pero siempre estoy chequeando CDs, descargas, etc. No es la mejor forma de escuchar música, ya que sucede que terminó el disco y no recuerdas nada de él. Si estás concentrado en tu trabajo, como tiene que ser, no escucharás la música correctamente.

VI. RETROMANIA

Los diez primeros años del siglo 21, en vez de ser el umbral del futuro, vieron como el presente del pop eran desplazados por los sonidos de ayer. Los archivos y memorias de los años gloriosos de la historia del rock. Las lixiviación — nota: básicamentecuando un disolvente líquido toca un sólido pilverizado hasta que uno de los componentes del sólido desaparezca — de estilos arcaicos en manos de las bandas contemporáneas. El resultado: en vez de desarrollarse en si misma, la década de 2.000 ha sido cada década anterior sucediendo de nuevo. El tiempo del pop erosionando cualquier sentido de presente y tampoco diferenciando esta época con una identidad o sentido particular.

Retromanía es mi intento por darle sentido a la década pop de `00 (o “noughties”). que acaba de pasar. Una investigación de la industria del rock retro: las etiquetas de nueva emisión, los museos de rock, la locura por las bandas para llevar a cabo su discografía en la secuencia clásica de las bandas famosas , el boom de documentales de rock.

Además de estas polémicas, hay una visión despiadada de la cultura de la retrospección y reciclaje. Una crítica total, desde el renacimiento infinito de los ochenta en la década pasada hasta el mash-up. Desde el delirio de los cantantes aficionados en Youtube al impacto del iPod y el intercambio de archivos. Y es también una meditación profundamente personal sobre la relación de la música con el tiempo, la memoria, la nostalgia y el extravío.

VII. RESPONSABILIDADES CON EL POP

La escritura musical debe ser interesante y centrarse en las cosas importantes. Como ahora la cobertura es instantánea y reactiva, gran parte de lo que se escribe sobre la música es sólo ruido. Lo realmente importante surge teniendo una perspectiva amplia. Como se dice en inglés: hay que ver el bosque por los grandes árboles y no por los detalles infinitos.

Hay demasiada música disponible, lo que hace más difícil tener una respuesta emocional y estética para ella. Terminas sintiéndote entumecido. Y es peor porque hay muchos textos y opiniones diversas dando vuelta en blogs y webs, ahogadas por el bullicio del discurso.

La música se volvió algo mucho más fácil de robar. O “compartir”, como a algunos les gusta decir. Así, adquirir música se separó de sus costos económicos. Los aficionados jóvenes pueden construir rápidamente enormes colecciones y escuchar mucho más música (además de diversa) que cuando crecí a comienzos de los 70. También liberó a los aficionados de los problemas de transporte y almacenamiento a costa de eliminar lo tangible y la naturaleza fetiche de las grabaciones como algo sólido. Cuando la música deja de tener presencia física en tu vida es más fácil que pierda valor. Empieza a parecer más como una utilidad, como la corriente eléctrica o el agua. Algo normal de usar, pero que carece de emocionalidad profunda.

El indie rock en los 80 tenía ciertas conexiones con el punk y postpunk. Pero mayormente implicó un flashback a los ´60. Yo diría que la tendencia retro en la música británica de las últimas dos décadas se remonta al momento en que la gente dejó de decir “independiente” y comenzaron a decir “indie”. “Independiente” se refería a los medios utilizados para producir la música. En la era postpunk un sello independiente producía la música más experimental e innovadora.

[caption id=”attachment_1450" align=”aligncenter” width=”970"]

The Jesus & Mary Chain[/caption]

Cuando la gente comenzó a hablar de “indie” se referían a un estilo de música influenciado por el pop guitarrero de los sesentas como The Smiths o Jesus & Mary Chain. En definitiva el “indie” deja de tener una conexión con la forma de trabajo independiente y empieza a ser un “sonido” que firma con grandes sellos. Lo mismo pasa en Estados Unidos. Ahí tienes bandas alternativas que miran a los 60 y 70 firmando con sellos grandes. Y para complicar más las cosas tienes artistas muy comerciales como Kyle Minogue editados por sellos independientes.

La industria y lo financiero es algo muy interesante que probablemente a los críticos o artistas deberían prestar más atención. Pero es por naturaleza anti románico, al desmitificar la música al darte cuenta que todo tiene que ver con contratos, promotores y gestiones de negocios.

EPÍLOGO: SOBRE SER TRADUCIDO AL ESPAÑOL

Estoy emocionado y contento de tener mi obra traducida al español. Al principio no sabía que iba a suceder realmente con este liubro. Tenía claro que había un montón de actividad relacionda al rock desde los años sesenta, abarcando todas las formas, desde la psicodelia y rock progresivo al punk y new wave, además de diversas escenas bailables y techno. Pero no conocía el tipo de tradición de crítica de rock existente en estos países. O cual eran los enfoques o tratamiento intelectual del rock y pop.

Lo que encontré a través de mis viajes y conferencias por Europa y otros lugares es que muy pocos países han desarrollado tradiciones críticas serias de la música popular. Y no sólo en el ámbito académico, sino en las revistas de música locales.

Así, por ejemplo en Alemania y en Turquía, he conocido a personas que son el equivalente local a Greil Marcus, Ian MacDonald, Eshun Kodwo. Y he estado aprendiendo que el mismo tipo de gente existe en Argentina y Chile y otros países de habla española. He estado haciendo varias entrevistas de “alto poder”. Algo maravilloso.

Sólo desearía poder leer los trabajos que se han hecho en estos países en los últimos años. Pero, por desgracia yo no hablo ni leo español. Creo que es porque, en general, el periodismo musical tiende a ser tanto idiomáticamente lleno de jerga y juegos de palabras. Sería muy difícil para mi leer periodismo musical en lenguas extranjeras, incluso habiéndolas estudiado en el colegio, como el francés. [LL]

Entrevista realizada en marzo de 2011