Era 22 de diciembre del 2010. Luis Alberto Spinetta tocaba a las 21 en Niceto para unas 1200 personas dispuestas a bancarse el calor porteño dentro de ese antro.
Yo estaba ahí, con unos amigos tratando de predecir cuál sería la lista de temas, con que arranca y eso. Como siempre tiré el que quería escuchar sabiendo que tenía la maldición que Mike repetía: ‘Tucu siempre queres la canción que sabes que no van a tocar’.
Entramos.
Estaba perdida en lugar correcto, creo que el recital empezó con ‘mi elemento’. Al toque ya estaba más arriba que el dólar y le grité a LAS un vamoooooos Flacoooo que retumbó en las paredes de Niceto. ‘A dónde vamos, nena’ respondió sin siquiera poder ver mi cara. Punto.
Me fui a la barra con la comitiva de pánico y locura en Las Vegas, cuando empecé a escuchar la intro de ‘Asilo en tu corazón’. Pasaba, la canción que esperaba pero que sabía que no iba a sonar estaba en el aire. Shock.
Tenía puesta una pollera y por eso sentí que me golpean las piernas sin parar, me estaban re cortando el mambo. Cuando me doy vuelta a pelearme con quien esa, un pibe que sostenía un caja azul gigante llena de latas de cerveza dice ‘agarrá las manda el Flaco’. Amor.
Ese 22 de diciembre, mi músico preferido respondió a mis gritos, me regaló la canción que más me gusta pero que pocas veces llega. No conforme con hacerme feliz mandó birra para todos.
Spinetta para mí fue eso, la posibilidad de traer a la realidad lo que deseo con canciones.