Periodismo oficialista vs Destrucción del periodismo
Qué cambió de Hadad a Cristóbal López.
Cuando Daniel Hadad sucumbió a las amenazas y terminó vendiéndole su multimedio al empresario Cristóbal López, la primera verdad que corrió en la industria fue que Radio 10 se iba a convertir en oficialista. Radio 10 y C5N, en realidad.
Raro. A lo largo de los últimos diez años, ningún oficialismo había sido más obsceno que el de Hadad. Disfrazado de independiente, militó un kirchnerismo de derecha indisimulable y fue bajando una a una sus banderas en nombre de un peligroso negocio que al final de cuentas le dejó 40 millones de dólares.
C5N transmitió en vivo, sin interrupciones, cada uno de los discursos presidenciales de Cristina. Radio 10, en su imbatible segunda mañana, funcionó como amplificadora de cualquier ministro que necesitara desmentir a Clarín o dar a conocer noticias sobre su gestión.
Hadad escondió datos de inflación e inseguridad, y apenas se reservó para negociar la carta crítica de Marcelo Longobardi, a quien tampoco tuvo problemas en sacar del aire a pedido del Gobierno.
Difícil ser más oficialista.
La apuesta de Cristóbal es otra, mucho más clara: destruir la estructura montada por DH y convertirla en un grupo de entretenimiento bobo, que distraiga y perfore la agenda periodística con show y emoción.

A esos efectos compró Ideas del Sur, la productora de Marcelo Tinelli, y reemplazó el (precario) management periodístico de Hadad por uno especializado en producir polémicas entre vedettes.

El broche de oro fue la contratación de Francisco Mármol, ex Director de Relaciones Institucionales de Telefónica, autor de la masacre de Telefé, que eliminó cualquier rastro de noticiero y lo sustituyó por videos caseros de Youtube.
La lógica de Mármol es obviar la información política y económica, salvo cuando se trate de anuncios oficiales, multiplicar el espectáculo y el deporte, y llenar el resto de los huecos con curiosidades. Así garantiza audiencia desencantada de la “mala onda” del resto de los medios y -desde ya- el beneplácito del Gobierno.

Por eso, la diferencia más notable entre Hadad y Cristóbal es que mientras el primero intentó hacer productos de calidad para hacer un negocio del oficialismo, el segundo intervino en el mercado de medios con el único objetivo de sacrificar un esquema periodístico. Una lástima.

La moraleja es que efectivamente se puede lograr un periodismo oficialista de calidad tanto como puede existir -y abunda- un periodismo opositor berreta, editado torpemente, sin nivel. Lo importante es que sea periodismo.