A lxs niñxs de la Plaza Belmonte

“Los animales, queridos niños, comprenden los sentimientos, aunque no entiendan todas las palabras” A. Mingote

Hoy sufrieron, hoy evidenciaron estrategias para “jugar” con el dolor ajeno, con el dolor de otra especie, – porque somos una más de tantas y nos llamamos “animales humanos” ¿sabían? Y eso nos lleva a querernos y respetarnos.

Hoy entendí lo que sentían al cargar esa espadota y esa cobija roja enorme y pesada. Sabía que no comprendían y se cuestionaban ¿por qué tengo que usar una espada? ¿vamos a atacar al toro y si él nos ataca primero? ¿tengo que incitarle a que me ataque? Pedirían miles de explicaciones necesarias, justificativos válidos para confirmar sus acciones. Sus padres les enredarían en lindas palabras que todo consiste en hacer sufrir a un toro hasta que no responda más. Y enseguida vendría el rotundo:

¿POR QUÉ PAPÁ? a renglón seguido le dirían a su madre “MA, ES QUE NO QUIERO” y vagamente les responderían “esto es un deber de niños fuertes y de niñas lindas”.

¿Les cuento un secreto? Verles a todxs me recordó cuando tenía seis años. En ese entonces podíamos entrar a la Plaza – aunque hasta hoy me arrepienta y sienta vergüenza de haber accedido. Como les contaba, yo iba con mis botitas, un sombrero rosado y un cojín rosado (para variar). Todo era una novedad, la Plaza llena y también estaban niñas. ¿Chevere no? Pues les cuento que no.

Inmediatamente sale un toro, estaba angustiado. Mis padres me decían que estaba bravo, pero era ilógico, en su rostro sentía angustia. Luego gritaban Ooooolé y yo repetía lo mismo – aunque no sabía pero parecía la Ola que hacemos en el estadio.

Hasta que, el torero no aguantó (no sé qué se le chispoteo de veritas) y empezó a atacar al toro, una tras otra ingresaban palos en la piel del toro.

“BASTA, BASTA, BASTA, vamos toro tú puedes, eres valiente y resistirás”. “NO LLORES torito, yo te quiero vivo, NO LLORES, ya pasará”. Gritaba como en el patio del cole, como cuando queremos que nos hagan caso, así. Fuerte y clara.

La gente empezó a atacar a mi familia porque decían que me han llevado muy chiquita. Al rato, un niño se desmaya y me retiran del asiento. Solo quería llorar y no sabía por qué ese señor de amarillo apretado y medias rosas como mi sombrero lo hizo.

¿POR QUÉ PAPÁ? ¿Qué hacen esos animales? ¿Nos hacen sufrir, son malos? Mi mamá me vio, y llorando conmigo me dijo “LO SIENTO MI HIJITA, NUNCA MÁS te haremos padecer este dolor”.

Pero ¿por qué la gente grande lo hace? Discúlpenme, lo sé, no he respondido a sus preguntas. Y es que la intriga en ustedes, la capacidad de asombro y esas ganas por saberlo todo ¡todo! son impresionantes, son mágicas. Quieren saber LA VERDAD y es que la necesitan más que una misma.

Les digo, lo que vieron hoy en dibujos, monigotes y explicaciones de unos señores altotes que insistían en acento distinto al de sus papás “Olé, vale que puedes” era el inicio del sufrimiento que yo viví hace varios años, cuando era como ustedes, una niña.

Yo sé que ustedes quieren jugar, aprender y son como esponjitas porque lo absorben todo. Pero, para aprender y jugar ¿queremos verle sufrir al toro? NO ¿Verdad?

¿Estamos dispuestos y dispuestas a aguantar que el cansancio rompa la valentía de ese animalito enorme? NO ¿Acaso les ha hecho algo? NO ¿Es que lo conocen de algún lado y quizo atacarles, quizá herirles y hacerles sufrir?

NO, ELLOS NO ENTIENDEN LAS PALABRAS. Y nosotros cuando niñxs tampoco y está bien. Por eso preguntamos ¿POR QUÉ? y buscamos satisfacer nuestra duda con una respuesta convincente.

Queremos jugar y aprender en paz. Demostrar que podemos y sabemos amar y dar cariño mucho más que la gente grande. En eso niñxs, ustedes son mi ejemplo.

Saben qué, no quisiera explicarles y ni sabría cómo hacerlo. Ni yo entiendo por qué todavía existe gente grande que juega con el dolor producido a otra especie.

Igual o peor que ver sufrir a nuestro compañero de clase después de molestarle; a nuestra hermanita porque se siente nuestro hermanito y nuestra familia no lo acepta así; a nuestra mamá porque a veces nuestro papá le trata mal; a nuestros abuelitos porque no los vemos ya tiempos; y a todxs esos niños vendiendo en la calle, en el bus o recogiendo la funda de chifles que acabamos de botar en la basura.

NO PIERDAN LA CAPACIDAD DE ASOMBRO queridos niñxs. Sentir, llorar y reír de felicidad es necesario, es su oxígeno. Respiren. Siéntete orgullosx de amar y dar cariño a tus perros, gatos, las tortolitas en la calle y ahora a los toros. Defendamos su vida, pensémoslos libres, sanos y fuertes. LOS TOROS COMPRENDEN NUESTROS SENTIMIENTOS.

Abrazos amorosos maestros de cariño.

Lucía.

Foto: una niña de 2 años besa al toro Civilón, luego de haber sido indultado en una corrida de Barcelona por ser “el amigo de los niños”, s/f. Tomada del Blog Cuatro Lunas (28/11/2017).