Todos hemos experimentado la ansiedad que genera tener una tarea pendiente de realizar: estudiar para un exámen, preparar un trabajo práctico, hacer un trámite administrativo, ocuparnos de ciertas tareas domésticas o, incluso, comenzar un nuevo emprendimiento.

Sabemos de la urgencia del comienzo pero, sin embargo, el tiempo pasa y nos dedicamos a evitarlo de forma sistemática. En este contexto, es necesario reflexionar filosóficamente acerca de la auto-regulación y organización del tiempo.


¿Por qué tenemos este hábito?
¿Cuán creativos somos al momento de diseñar actividades
que sólo colaboran en retrasar aún más las tareas pendientes?

Tanto las neurociencias como la psicología cognitiva se han interesado en nuestros comportamientos. Desde la neurología cognitiva los investigadores se dedican a observar y analizar, conjuntamente, la forma en que pensamos, sentimos y actuamos en distintos contextos. Por lo tanto, introducirnos en nuestra biología, en general, y avanzar en el conocimiento de nuestros procesos de cognición y en la forma que funciona nuestro cerebro, en particular, enriquece nuestro camino de autoconocimiento.

En este laboratorio filosófico nos dedicamos, en primer momento, a reflexionar entorno a la multiplicidad de términos que emergen en torno al acto de procrastinar como el tiempo, la razón, la creatividad y la realidad, entre otros. A medida que avanzamos, descubrimos que, cotidianamente, actuamos a partir de creencias que no han sido fruto de nuestra propia reflexión y que, sin embargo, no nos dedicamos a observar.

Así, a partir de esta práctica, tomamos conciencia de los presupuestos implícitos desde los cuales actuamos y sentimos, para luego ensayar alternativas novedosas a situaciones ya conocidas. Se trata de enriquecer los conocimientos previos a partir de su crítica y fundamentación racional.