Harry Potter and the Cursed Child: la historia maldita.

Entre los muchos acontecimientos que sucedieron durante el 2016, quizá uno de los más esperados por la comunidad de los amantes de la magia fue la publicación de Harry Potter and the cursed child, la continuación de la historia del niño que hizo este mundo un poco mas mágico, pero diecinueve años después. Desde su anuncio a mediados del 2015 es seguro decir que los fans del mundo mágico creado por J.K Rowling entramos en un estado de absoluto éxtasis, después de todo la saga que muchos daban por terminada volvería de mano de su misma autora con una nueva historia que retomaría en el mismo punto donde fue dejada en el 2007. Desde entonces las expectativas fueron muy altas. A pesar de que estableció su formato en obra de teatro, los deseos de volver a ver a los personajes que vimos crecer en una posible nueva aventura hizo volar nuestra imaginación con el respaldo de una escritora que, a pesar de que en esta ocasión no estaría sola sino acompañada de guionistas de renombre, supo crear una historia que nos tuvo en vilo por años, sin embargo parece que volamos más allá del alcance de cualquier escoba mágica.
Entre mas alto se sube, mas fuerte será la caida y The Cursed Child nos devolvió a tierra con un impacto inesperado. La obra de J.K Rowling sin duda dejó que desear. Personajes poco desarrollados, ausentes o simplemente OOC (out of character, o poco afines a sus orígenes) y una historia que no evoluciona en lo mas mínimo generan una sensación de vació. El desafió fue articular una nueva historia dentro del mundo mágico que se desprendiera de la vieja y querida saga que todos conocemos, sin embargo en vez de crear una trama que tuviese a Harry Potter como base sobre la cual crecer hacia nuevos terrenos, The Cursed Child no logra desprenderse de sus orígenes y se forma literalmente dentro de ella, dando como resultado una historia que en si, carece de argumento propio.
Albus Severus Potter es el niño maldito, el hijo menor del famosísimo Harry Potter. Como toda progenie de figuras importantes, Albus vive bajo el peso de su apellido. Todos los ojos están puestos sobre él y todos parecieran esperar de su persona las mismas grandezas que hizo su padre antes que él, excepto que Albus es la oveja negra de la familia: no sabe volar con la escoba, los hechizos no se le dan e incluso es puesto dentro de la casa de los magos malvados. El tiempo pasa y la presión que siente desde afuera transformar al pequeño Albus en su peor versión, un niño solitario, caprichoso y resentido con el mundo, en especial con su padre.
Un día Albus escucha una conversación entre Harry y Amos Diggory, el padre de Cedric Diggory, quien por alguna razón luego de veintidós años le recrimina a Harry la muerte de su hijo y lo acusa de insensible y egoísta por no querer utilizar el último giratiempo que el Ministerio encontró para volver el tiempo atrás y salvarlo. Quizá podríamos cerrar un ojo y dejar pasar este reclamo sin mucho sentido como los desvarío de un viejo que en sus últimos años de vida recuerda con mas intensidad la pérdida de su único hijo, pero lo que resulta difícil de entender es porque Albus, el hijo que tan ansioso está por separase de su padre figurativa y físicamente, decide tomar para si la misión de rectificar sus errores de su padre con la única explicación de que “necesita hacer esto”.
Con eso en mente, se embarca en esta cometida por el tiempo junto con su mejor y único amigo Scorpius Malfoy y con Delphi, la sobrina de Amos Diggory que luego descubriremos como la hija del mismo Lord Voldemort. Si, Lord Voldemort, el temible mago incapaz de sentir afecto por ningún ser vivo decidió dejar antes de irse una parte de él un poco mas sustanciosa que los horrocruxes. Entre estos tres intentaran cambiar el pasado en orden de salvar a Cedric, creando en el intento múltiples realidades alternativas. Finalmente, toda la acción se resume en el encuentro final: una batalla de los Potter, los Granger-Weasely y los Malfoy contra Delphi, nada menos que en el Valle de Godric la noche que los Potter fueron asesinados.
En este punto es necesario reconocer las limitaciones que ofrece el formato teatral. Lo que se nos presentó como libro es en realidad el guion de la obra teatral que está actualmente funcionando en Londres, lo que significa que tuvieron que crear una historia que pudiese comenzar y concluir en dos funciones de dos horas cada una. Si bien esto no deja espacio para una historia demasiado compleja, tampoco quita las posibilidades creativas, sobretodo teniendo como base toda una nueva generación de magos, cada uno con su propia personalidad e historia.
La idea en si abre las puertas a muchas oportunidades que no pudieron ser aprovechadas en la necesidad constante de volver sobre la historia pasada (que dicho sea de paso ya todos sabemos de memoria). En vez de ampliar el mundo mágico, presentarnos nuevas criaturas, artefactos, lugares o situaciones, el recurso elegido fue torcer un poco el original, volverlo a contar pero con otras palabras e incluso mostrarnos de cuantas otras maneras pudieron haber resuelto la trama. Así podemos ver lo que hubiese ocurrido si Voldemort hubiese ganado la batalla de Hoghwarts, si Cedric hubiese perdido su dote de chico bueno e incluso que ocurriría si Hermione no hubiese asistido al baile de navidad con Krum en cuarto año. También trajeron de vuelta a personajes como Dumbledore, Umbridge y Snape, este último en un intento poco sutil de apelar a nuestra nostalgia.
La sensación entonces es de deja vu: los niños se meten en problemas con pociones multijugos, el mapa del merodeador, los dementores, y por sobre todas las cosas, la noche de la muerte de los padres de Harry vuelve a ser la espina dorsal de la historia.
Considerando que se trata de una puesta en escena, una acotada selección de personajes también era esperado, pero eso no justifica el total desequilibrio que hubo entre los presentes.
De los originales, Harry y Hermione se mantuvieron en la linea esperada para sus personajes, además de estar entre quienes mas aparecen, Harry luchando por aprender como ser padre y Hermione como la ministra de magia, en tanto claro, este casada con Ron, ya que los autores nos dieron a entender en una de sus realidades que de ello depende su progreso en la vida. Por su parte, Ron paso de mejor amigo y compañero a un muy incomodo (y un poco triste) comic relief que nada aporta y ni siquiera nos recuerda al original.
Una frase suelta nos develan que ahora Ginny es editora en la sección deportiva del Profeta, pero mas allá de eso su rol en la historia queda relegado al de la esposa soporte de Harry (ni siquiera interactúa con sus propios hijos más allá de un par de líneas). La vida de los Potter después de diecinueve años sigue tan misteriosa como la última vez que supimos de ellos. No hay interacción familiar más allá de las de Albus con su padre y las de este con su esposa, y todas las conversaciones giran exclusivamente en torno a los eventos ocurridos en los libros anteriores.
Entre los nuevos también nos presentan a una de las hijas del matrimonio Granger- Weasley, Rose, quien nos recuerda a la Hermione del primer libro, solo que más engreída y sin la posibilidad de redimirse a un personaje querido.
¿Y Ted Lupin? ¿Alguien recuerda al hijo de Remus Lupin y Tonks, y ahijado querido de Harry? Curiosamente los muy melancólicos autores se perdieron de la oportunidad.
Para mi particular sorpresa, Draco Malfoy fue quizá el mejor desarrollado: se mantuvo fiel a su esencia, todavía llevando el legado familiar a cuestas, aún sintiendo apatía por Potter, pero a diferencia de este, es posible ver en él una cierta madurez. Se nos muestra un Malfoy que ya no está bajo los mandatos de su padre, uno con voz propia, que aprendió del pasado y que deja de lado sus rencores para convertirse en el padre del año. Su hijo no deja que desear tampoco. Bien diferenciado de su padre, Scorpius es humilde, sumamente positivo a pesar de la vida que lleva y hasta tiene sentido del humor (quien lo diría de un Malfoy) La relación devota que tiene con Albus hace muy difícil no encariñarse con él.
En cuanto a la villana de turno, Delphi, poco sabemos de ella más allá de la obsesión que tiene por su padre ya que sus apariciones no son constantes. Su origen es poco claro y ciertamente carece de sentido con lo que sabemos del mago oscuro. Su paso de aparente buena a desquiciada del mal es abrupto y sus intenciones tan obvias que rozan el cliché.
Si bien Harry Potter and The Cursed Child falló en estar a la altura de nuestras expectativas, no todo esta perdido. La obra nos deja una historia en parte divertida y que también tiene sus buenos momentos, como la pelea que mantienen Harry y Draco en la cocina y su consiguiente reconciliación, que nos muestra toda una nueva faceta en la relación entre estos dos personajes. También es válido destacar la conversación final entre Albus y su padre o las escenas que nos muestran la vida en el Ministerio.
Quizá The Cursed Child no haya estado maldito desde el comienzo. Es una historia que, aunque un poco tirada de los pelos, podría haber funcionado en otro formato como la novela, ya que habría tenido el espacio suficiente para desarrollarse como es debido.
Quizá J.K, Tiffany y Thorne también soñaron demasiado alto solo para haber sido irremediablemente quemados por el sol.
