Delivery para uno
Una cebolla, un tomate y dos limones que duermen en la heladera eternamente.
La botella de aceite que dura de 6 meses a 5 años.
La cama que se hace por religión los fines de semana.
La china del lavadero que ya sabe pronunciar tu nombre.
El número de emergencias de OSDE que siempre está a mano.
Los platos que se lavan cada tanto, pero no se lavan solos.
La cucharita que hacés con el helado y la serie de turno.
El recorrido en corpiño por la cocina que ya es un deporte nacional.
Las bombachas colgando de la canilla que nadie se atreve a cuestionar.
El arroz con manteca que es lo más gourmet que va a pasar al día 30 de cada mes.
La tarjeta del Día% que es tan vital como el chocolate después de cenar.
La sábana de abajo que todavía no sabés doblar.
La ropa del tender que no tiene fecha de descuelgue.
La puerta del baño que se cierra solo con visitas.
Las expensas que aumentan al ritmo de los gastos estúpidamente innecesarios.
Las plantas que son víctimas de una jardinera primeriza que las riega nunca.
La pelea con los vecinos que es necesaria porque con alguien hay que pelear.
Tu mamá que te sigue salvando la vida a base de tuppers frizados.
El riesgo que corre tu participación en el árbol genealógico si perdés uno y no lo devolvés a tiempo.
Que cuanto más quilombo hay, más fácil encontrás todo.
El delivery que se pide para uno.
La felicidad que viene en forma de monoambiente.
