Cotton Road, reseña sobre la producción del algodón. (Lucía Parravicini)

Lucia Parravicini
Sep 3, 2018 · 3 min read

El documental: Cotton Road (2014), de Laura Kissel es parte de la 9° edición del Green Film Fest (30 de agosto al 5 de septiembre en el Cinemark de Palermo) y vale la pena verlo por dos grandes méritos propios.

El primero por mostrar y llevar al documental el trabajo arduo y los desafíos de la cosecha del algodón en el Sur de Carolina (EEUU), su traslado en containers al otro lado del mundo, la llegada a las fábricas de Shangai (China) y para al final regresar su mayoría, ya convertida ropa, a EEUU. Como indica el epígrafe al inicio: 28 billones de ropa llega cada año a Norteamérica; y lo sabido de su consumo vertiginoso y desechado al poco tiempo. Se enseña al detalle el ciclo completo del algodón: desde el tiempo (casi un año de su cultivo) y la exigencia de la naturaleza a las góndolas y percheros de las tiendas.

El otro hallazgo es dialogar y mostrar que lugar ocupa cada persona en ese ciclo. El dueño del campo de algodón es un hombre blanco maduro, donde sus antepasados también fueron agricultores y recuerda que lo hacían a mano sin ayuda de la tecnología la recolección del algodón. Él que se apoya en su computadora de escritorio para ver el pronóstico del clima y el comportamiento del mercado financiero. Su ayudante 24/7 es un hombre negro siempre subido a alguna máquina de campo, como un cowboy moderno, y su primera aclaración a la cámara es decir que él no podría afrontar los gastos de unas tierras así. Los asistentes auxiliares son mexicanos migrantes, que hacen trabajos de golondrinas por 16 horas seguidas y extrañan a su familia, las cuales viven en el estado de Texas.

Del otro lado, en las fábricas textiles de Shangai, en esa ciudad de torres altas que pinchan las nubes condensadas de polución y bañan todo de un gris tiza homogéneo. Es terreno femenino, la mayoría mujeres jóvenes que migraron de otras ciudades/pueblos de China buscando una mejor vida y trabajan a destajo a ver si pueden hacer algo más de plata y su supervisora, una mujer mayor y elegante, se queja del poco apoyo estatal para cuidar su producción de otras fábricas mayores. En pasillos estrechos caminan las operarias, que pasan sus días separando hilados con la velocidad y la belleza de una arpista arriba de un escenario y bowls de arroz sin preguntarse demasiado quienes son los consumidores de esas futuras prendas.

Laura Kissel es una directora de EEUU que en sus cortos anteriores: Tan Mian Hua (2011) y Window Cleaning In Shanghai (2010) ya se preguntaba sobre el trabajo y las personas que lo integran. En este largo que para algunos se podrá hacer algo extenso, porque no es habitual ver toda una cadena de producción, y tal vez no ayude la música de Fang Man, algo morosa por momentos. Distinto al ruido ambiente de la fábrica o bocinas de los barcos que nos dan una buena bofetada de realidad.

No importa los países ni las diferencias culturales y lingüísticas en Cotton Road sus personajes anhelan o se quejan por el vil metal, eso que quita el sueño o se torna en un aleteo de pesadilla mientras compramos ese último grito de la moda. (Calificación: Muy buena).

https://www.youtube.com/watch?v=yv23UQ3ZDzo

Lucia Parravicini

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Lic. en Ciencias de la Comunicación (UBA). Me interesa la ficción, periodismo y gestión cultural. Podcast: Librerías de BA (TW: @balibrerias). Libros y cine ;).