Ya no puedo ser la misma

Crónica de mi primer Encuentro Nacional de Mujeres

Fotos y Texto por Lucía Prieto

Hace unas semanas, una compañera propuso ir a cubrir el 30 ENM. Nos pusimos en campaña para conseguir lugar en los micros (ya repletos por la cercanía de la fecha). Después de varios llamados telefónicos e intercambio de mensajes por Facebook con las distintas organizaciones, conseguimos nuestros asientos. Aunque viajamos separadas, estábamos juntas palpitando lo que sería nuestra primera cobertura colaborativa y conjunta para Facción lejos de nuestra capital porteña. En mi caso, también era la primera experiencia en el ENM, que llegó algo tardía, como otras cosas en mi vida: la fotografía, el descubrimiento de algunos libros y autores o el folklore. Pero que gran satisfacción, saberme presente, sentir que finalmente llegué y que ahora ya no puedo ser la misma.

Durante el viaje hacia Mar del Plata volaban en mi cabeza las distintas ideas de cómo contarlo. El encuentro de mujeres narrado desde la visión de tres fotógrafas.

Sin embargo, una vez desembarcada nada de lo planificado surgía. Estaba inmersa en una emoción tal que todo pasaba delante de mis ojos de la misma manera. Llegamos al acto de apertura, miles de mujeres avanzaban con sus banderas y sus voces. El color verde, símbolo de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito, inundó cada rincón del estadio. Los tambores hacían eco en el cuerpo y la piel se erizaba.

Constantemente se cruzaban miradas hermanadas, sonrisas genuinas. Eramos muchas, miles, gritando por las que no tienen voz. Porque en el grito unánime de 60.000 mujeres estaba la liberación de todas las otras a las que han dejado afónicas. Porque en cada puño señalando el cielo, firme y combativo se elevaban todos aquellos de nuestras hermanas asesinadas y oprimidas.

ENM: debate y acción
Luego del acto de apertura llegó el momento de los talleres. El primero al que asistí fue el de Violencia de Género y femicidios. ¿Cómo tomar coraje para hacer una foto? Cómo mirar a través de la cámara a una mujer doblada por el dolor de una perdida sin que mis ojos se humedezcan también?. Decidí sentarme y escuchar los testimonios. Decidí permitirme llorar. Porque soy mujer, soy fotógrafa y soy sensible. Pero había que documentar, había que contar que el ENM es mucho más que los disturbios en la catedral que se muestras en los medios año tras año (muy selecta y estratégicamente). Entonces, empecé a hacer fotos. Testimonio. Dolor. Presentes ahora y siempre ¡AHORA Y SIEMPRE!

En ese clima intenso continuaron los talleres: Mujer y su rol en la pareja, Violencia obstétrica, Mujeres TRANS, Mujer y trabajo. Con mis compañeras de cobertura participábamos de las distintas actividades. Los espacios estaban repletos, a tal punto que las aulas quedaron chicas y hubo que salir a la calle, ese otro espacio de construcción colectiva. Allí, pasaron las rondas de mate, el intercambio de experiencias y opiniones y abrazos contenedores para hermanarnos en planes de lucha.

Llegó la noche y el frío era intenso pero la Plaza Mitre estaba colmada del calor de un montón de mujeres bailando, cantando, con sus hijos a upa, con sus compañeras de vida y de militancia. Con vino, con mate y con cerveza. Allí, una mujer Kurda cambió su pañuelo por uno verde. “En Argentina aún tenemos que conquistar el derecho de decidir sobre nuestros cuerpos. En mi idioma, hay una sola palabra para MUJER y VIDA. Porque significan lo mismo”, gritó.

¿Cómo no mirar a los ojos a otra mujer y reconocerte? ¿Cómo no unirnos cuando nos están matando, cuando seguimos conviviendo en sociedades machistas y patriarcales.? Ese mar de mujeres recorría las calles de la ciudad, con alegría y rebeldía. Algunas abrían los ojos, inmensos, al ver el mar por primera vez. Las más pequeñas escapaban de las olas frías y saladas de la costa.

Mujeres, en primera persona

Movilizadas, llegó el momento de la histórica marcha, un símbolo de cada ENM. La número 30 en esta oportunidad.
Fuimos a un café con buena conexión a internet, descargábamos memorias, editábamos y enviábamos el material a los compañerxos que se quedaron en Capital Federal, trabajando en la difusión de lo que estábamos viviendo. Por la ventana se veían llegar las columnas, muchas y diversas. Con las banderas en alto. Mochila al hombro, cámara al cuello, volvimos a separarnos. Al menos 15 cuadras copadas de mujeres marchando. Los marplatenses en las veredas, sacaban fotos, filmaban, los menos aplaudían desde los balcones, la mayoría preguntaba de qué se trataba. Podían no saber porqué miles y miles de mujeres caminabamos sus calles pero era imposible ignorarnos. “QUE MOMENTO, QUE MOMENTO…A PESAR DE TODO, LES HICIMOS EL ENCUENTRO!”, coreábamos unidas.

Fueron cerca de tres horas recorriendo calles luminosas, oscuras y también amplias. Cerca del mar y en pleno centro. El destino final era la Catedral. Destino lógico por el discurso conservador y machista de la Iglesia y su expresa oposición en la lucha por el aborto legal y libertad de acción. Para cuando llegué, las rejas de la Catedral ya estaban abajo y un cordón de hombres entrelazados, con la mirada ausente y rosarios en sus manos repetían sin cesar el Padre Nuestro. Allí estaba Carlos Pampillón, integrante del Foro Nacional Patriótico y referente de un grupo neonazi marplatense qué provocaban, filmaban y agredían. No tardó en llegar la policía, que ante mis ojos, invitó a estos hombres a retirase antes de empezar con la represión. Una lluvia de gases lacrimógenos disipó a la multitud que se encontraba frente a la Catedral cantando y gritando. El combo de la represión también tuvo balas de goma que hirieron a muchas compañeras y a varios trabajadores de prensa que se encontraban en el lugar. Mujeres con niños, mujeres mayores tapándose la cara y corriendo para alejarse del gas y los disparos. Cuatro compañeras detenidas dentro de la Catedral. Policías de civil. Humo y muchos medios cubriendo los mal titulados “incidentes”. Un sinsabor, una tristeza. El ENM poco tiene que ver con ese acotado resumen de noticias.

El Octubre próximo nos encontrará en Rosario, y seremos cada vez más. Porque muere una mujer cada 30 hs. y hay que declarar la emergencia nacional. Porque tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Porque las mujeres abortamos: mientras las pobres se mueren en antros clandestinos, las ricas pueden pagarse un aborto controlado, seguro y secreto. Porque el proyecto de ley se cajonea, Gobierno tras Gobierno. Porque sufrimos violaciones, violencia física y verbal, laboral, social y cultural. Porque somos muchas y estamos juntas.

Porque SI TOCAN A UNA, NOS TOCAN A TODAS.
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