Desencuentros

El año pasado decidí dedicarme a la ilustración a tiempo completo. Tampoco es que fuera un cambio super radical de carrera; estudié Diseño y Artes Plásticas y hasta entonces había trabajado como Diseñadora Gráfica y Directora de Arte durante más de diez años.

De pequeña me dijeron que no podía ganarme la vida dibujando y en realidad no es culpa de nadie que me lo creyera y optase por dedicarme a lo más parecido que pude encontrar. Pero la verdad es que luego pasé años sufriendo el hecho de que no era yo la que dibujaba las piezas que dirigía. Lo peor de todo es que me olvidé de que quería dibujar.

Pero después de un periodo de cierta confusión el año pasado me encontré dibujando otra vez y decidí darle una oportunidad. ¡Y madre mía si funcionó! He sido mas feliz los últimos 6 meses que en los diez años anteriores. Es como si tuviera una década de dibujos escondidos entre la mano y la manga deseando salir e inundar mi estudio. He tenido suerte y he conseguido algunos clientes que han confiado en mí y he ido reuniendo un portafolio que me hace sentir muy orgullosa de mí misma.

Intentando ganarme la vida con mis dibujos

Un camino solitario

Parte de este trabajo es la cantidad de tiempo que paso sola, puedo pasar días sin hablar con nadie más que con mi chico, y a veces me preocupa perder la práctica de relacionarme con mis camaradas humanos. Por lo general ni me doy cuenta porque, la verdad es que soy un poco solitaria. Podría decir asceta que suena más poético y valiente, pero no sería verdad porque lo cierto es que soy una solitaria en el sentido más prosaico de la palabra; no soy muy hábil socialmente, así que no me gusta demasiado rodearme de gente.

Lo que sí que me gusta es mirar a la gente.

Sé que suena un poco contradictorio pero estas dos cosas no son incompatibles. Como introvertida siempre he sentido que en situaciones sociales se espera algo de mí que no sé muy bien cómo dar. Veo a la gente hablando del tiempo y me parece magia porque, para mí, charlar así como si nada con un desconocido es como arrancarme un brazo y entregárselo casualmente a mi interlocutor con una sonrisa. Pero eso no significa que no me guste la persona que tengo enfrente o que me desagrade la gente en general. Es como mirar en un escaparate un par de zapatos preciosos que sabes que te harían un daño horrible. El saberlo no te impide apreciar su belleza.

Y de verdad creo que hay belleza en la gente a mi alrededor, vivo en una ciudad con ocho millones de personas así que hay gente literalmente en todas partes: caminando por la calle, hablando entre ellos, haciendo cola en el súper, corriendo en el parque, esperando el tren en la estación… Miles de historias diferentes interconectadas, sucediendo en el mismo sitio al mismo tiempo. Y es precisamente eso lo que a veces me hace sentir un poco sola.

Una extraña afición

Desde que tengo memoria me han fascinado los extraños a mi alrededor, me descubro a mí misma mirando a las ventanas iluminadas en la oscuridad de la calle tratando de imaginar quiénes serán las personas al otro lado y qué clase de vidas llevarán.

Mi copia del libro

La desconcertante idea de que mi chico –que es mi persona favorita– una vez fue solo un extraño en la multitud es algo que me maravilla. Esta idea está muy presente en uno de mis libros favoritos de todos los tiempos: una novela gráfica encantadora del autor taiwanés Jimmy Liao cuyo título es también un poco misterioso. El libro es la historia maravillosamente ilustrada de un chico y una chica que no consiguen encontrarse el uno al otro a pesar de que viven en edificios uno al lado del otro porque, cuando salen de casa, uno siempre va hacia la derecha y el otro hacia la izquierda.

El título original en chino (向左走·向右走) se traduce como ‘Giro a la izquierda, giro a la derecha’ (un guiño a la costumbre de los personajes), en inglés fue publicado como ‘A Chance of Sunshine’ (Probabilidades de sol) (porque el clima es el telón de fondo de la historia) y la copia en castellano que yo tengo se titula ‘Desencuentros’ y me parece que este título captura la esencia del libro y recoge matices de la historia que en otras lenguas se pierden (pero a lo mejor es solo porque el castellano es mi lengua materna).

Durante algún tiempo había querido explorar esta idea de que somos todos extraños buscándonos y desencontrándonos los unos a los otros. Y así es como conocí la sección Missed Connections en Craigslist.

Craigslist no es feo

Para los que no sepan de qué va esta sección, se trata de una especie de tablón de anuncios donde la gente intenta reconectar con personas con las que han tenido un breve encuentro en algún sitio publico (véase el metro, una cafetería o la calle), y se torturan pensando qué pudo ser si hubieran tenido el coraje de empezar una conversación. En Estados Unidos es bastante popular, aquí en Reino Unido donde yo vivo no lo es tanto y solo hay unos pocos anuncios nuevos cada día. En España es prácticamente inexistente. Una búsqueda rápida a Barcelona y Madrid arroja solo un par de resultados que suenan a anuncio de contactos y además están en inglés.

Pero para mí (después de esquivar los anuncios de contactos) es un secreto a voces maravilloso, un viaje muy voyeur al lugar donde los extraños a mi alrededor cuentan esas historias que siempre supe que me estaba perdiendo. Me habla de la naturaleza optimista del corazón humano y de cómo estamos dispuestos a probar cosas un poco estrafalarias por la más leve posibilidad de conectar con alguien.

Uno de los anuncios más interesantes que he encontrado y que aún no se me ha ocurrido cómo dibujar

Sé que no soy la primera persona en mirar estos anuncios y verlos desde la óptica distorsionada de mis propias ideas románticas. Este otro anuncio de la misma sección escrito por un hombre buscando a una mujer que según él le salvó la vida en 1972 capturó la imaginación del público hace un par de años. Y también sé que existe el punto de vista cínico y de que todo podría ser mentira, gente que se aburre o que quiere llamar la atención. Pero aun así yo digo; ¿Y qué? El mensaje es el mismo independientemente de que la historia sea real o no.

¡A dibujar!

Así que empecé a visitar Missed Connections regularmente (quizá más a menudo de lo debido), ojeando las vidas de otra gente y preguntándome ¿y si dos personas estuvieran buscándose una a la otra pero nunca llegasen a leer sus respectivos anuncios? Podría ser otro caso de desencuentros. Y, naturalmente, empecé a coleccionar las historias con la esperanza de conservarlas de alguna manera y que no se perdieran en el vacío de internet. Después, a principios de año decidí que quería ilustrar algunas de estas historias y ponerlas junto a los anuncios originales como un homenaje a los corazones solitarios.

Quería dibujarlas como instantáneas, como desde el futuro. Como si, se encontrasen o no, estas personas estuvieran ahora mismo en alguna parte recordando con cariño aquel momento, aquel encuentro inesperado.

“Tú; alta, elegantemente vestida, al final de los 40 (diría yo) en la exposición de los Impresionistas Australianos en la National Gallery el 28 de Diciembre. Nos paramos frente al mismo cuadro: ‘El Verano Dorado’. Hablamos sobre cuánto nos gustaba la exposición. Me miraste muy intensamente a los ojos mientras hablábamos. Tenías el acento irlandés más suave. Llevabas botas negras de tacón, pantalones ajustados negros y una blusa blanca bajo un abrigo largo.
Yo; chica rubia al principio de los 20, vaqueros azules ajustados y jersey verde de cuello vuelto. Dijiste que te encantaba mi abrigo.
Ojalá te hubiera preguntado si querías tomar algo. Si ves esto por favor escríbeme. Eras preciosa y me gustaría volver a verte”

Algunos de estos anuncios contienen muchos detalles y para mí son los más fascinantes, con sus fechas, lugares y descripciones. De alguna manera me parece que estos encuentros fueron más importantes para la persona que escribe y por eso recuerda los detalles. Es alguien intentando pintar una escena que significó algo para él.

“El sábado por la noche alrededor de las 10.30 estaba con unos amigos cenando en el restaurante Royal Thai en Kings Cross. Sentada en la mesa de al lado estaba una mujer, increíblemente bella, con pelo corto y oscuro y ojos azules, con un acento encantador que no era capaz de identificar.
No paraba de distraerme, eras preciosa obviamente pero también parecías encantadora y llena de vida, ¡quería hablar contigo! Al final se me ocurrió una excusa, reuní el valor y te pregunté por tu acento. Tú me invitaste a adivinarlo. Dije francés. Completamente de acuerdo que no fue mi mejor esfuerzo pero no tenía ni idea. Me explicaste con una bonita sonrisa que era ‘alemán pero educada aquí’. Mi amigo me arrastró porque teníamos que coger un tren de vuelta a Escocia pero me pareciste absolutamente encantadora y me he estado torturando desde entonces por no haberme quedado un rato más, quizá perder el tren, pedirte tu número y preguntarte si te gustaría que nos viéramos otra vez.”

Pero a veces es precisamente la falta de detalles lo que me intriga y me parece que es una historia digna de dibujar, así que introduzco los detalles yo misma.

“Te empecé a ver en agosto. Nos encontrábamos por las mañanas temprano en el autobús W7 en dirección Finsbury Park.
Después de un tiempo, en noviembre, te dije hola e intercambiamos un par de frases, me dijiste que vivías cerca del Pub Queens. Y eso es lo único que sé de ti.
Bueno, eso y que leías a Jo Nesbo.
Desafortunadamente no te he visto desde entonces y si te digo la verdad pienso en ti más a menudo de lo que debería.”

Todos queremos ser vistos

Es fácil pensar en amor, romance o incluso simple calentura cuando se trata de este tipo de anuncios, pero para mí es una búsqueda humana mucho más fundamental; nos buscamos unos a otros. Mucho se ha escrito sobre la soledad en las ciudades y cómo la vida moderna y la tecnología podrían o no estar separándonos. Y a lo mejor es cierto, a lo mejor nos hemos dado cuenta de que ya no necesitamos vivir en manadas, pero quizá precisamente por eso nos estamos buscando unos a otros sinceramente por primera vez en la historia.

De jovencita alguna vez he sentido que no estaba bien desear la compañía de alguien si quería ser independiente y fuerte. Con los años me he ido dando cuenta de que una cosa no está reñida con la otra; la soledad no me hace menos independiente o débil, sino que me recuerda lo maravilloso que es conectar con alguien. Y aunque suene raro, es bonito.

John Steinbeck escribió en Al este del Edén que todas las cosas grandes y preciosas son solitarias. Creo que a lo que se refería es a que la grandeza tiene un precio, pero durante años esta cita se ha sacado de contexto y reclamado como una celebración de la belleza de la soledad, de esa idea tan extravagante que es disfrutar de la soledad porque nos recuerda a cuando hemos conectado con alguien.

Este proyecto es una oda a ese sentimiento contradictorio. Estas personas sintieron lo mismo pero se dieron cuenta demasiado tarde así que recurrieron a internet aunque fuera solo para decir ‘Yo estuve allí y te vi’

Bueno, yo os vi también, y así es como os imaginé.


Puedes visitar el proyecto aquí, dibujo una historia nueva cada semana.


Este artículo es una traducción del original. El proyecto está basado en la sección Missed Connections de Craigslist Londres y por lo tanto en inglés ya que los anuncios originales son en inglés.