Una ley para promover la agroecología

En Santa Fe, Argentina, organizaciones sociales presentaron en la Legislatura provincial un proyecto para fomentar la agricultura sin agroquímicos.

Por Lucía Guadagno | Una versión de este artículo fue publicada en el periódico Pausa, del 21 de julio de 2016.

Crédito: Inta.gov.ar

Producir alimentos sin utilizar agroquímicos es posible, rentable y necesario. De eso están convencidos el Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat) y el colectivo Paren de Fumigarnos, que a fines de julio volvieron a impulsar el proyecto de Ley de fomento de la producción agroecológica en la provincia argentina de Santa Fe.

La viabilidad de la agroecología está demostrada por numerosas experiencias en la provincia y el país, entre ellas, varias promovidas por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta). Si bien especialistas de ese organismo reconocen que el proceso es lento y al principio puede afectar la rentabilidad, afirman que a largo plazo es beneficioso tanto para el productor como para el medio ambiente.

Con estas evidencias y con la convicción de que el modelo agrícola basado en cultivos transgénicos y la aplicación de agroquímicos causa severos daños a la salud y el ambiente, el 27 de julio último se relanzó el proyecto que había presentado en la Cámara de Diputados el entonces legislador del Frente para la Victoria (FPV) José María Tessa.

El proyecto busca promover la agroecología, esto es, la producción agrícola sin utilización de químicos tóxicos para combatir las plagas. Lo que propone es dar incentivos económicos a través de fondos solidarios y exenciones impositivas a los agricultores que decidan usar este método de producción, fomentar la creación de una marca de productos agroecológicos, la habilitación de ferias y otros espacios de comercialización, la creación de áreas demostrativas, la capacitación sobre agroecología en todos los niveles educativos, la promoción de la agricultura urbana en espacios públicos y privados, y la difusión de la agroecología a través de los medios de comunicación.

Los diputados patrocinantes son ahora Carlos Del Frade y Mercedes Meier, del Frente Social y Popular, que contarán con el apoyo de otros pares, como Leandro Busatto (FPV), que ya anticipó su respaldo, tal como lo había hecho su bloque la primera vez que Tessa presentó el proyecto.

La iniciativa había sido lanzada el año pasado como complementaria al proyecto, también de Tessa, de modificación de la ley N.º 11.273 de Productos Fitosanitarios. Éste buscaba alejar 800 metros de los centros urbanos la aplicación de agroquímicos y prohibir las pulverizaciones aéreas, entre otras medidas. En ese plan, la promoción de la agroecología venía a dar una alternativa viable a las áreas, alrededor de los pueblos, donde no se podría fumigar.

Sin embargo, el proyecto no prosperó y, en cambio, fue aprobado en Diputados el texto presentado por la legisladora oficialista Inés Bertero, que establece límites más permisivos (de entre 100 y 200 metros) y permite fumigar con aviones. Ahora ese proyecto está en el Senado, donde no hay consenso para aprobarlo. Las críticas provienen, incluso, del propio oficialismo. Un caso es el de Miguel Cappiello, ex ministro de Salud y senador por Rosario, que adelantó que no votaría el proyecto tal como lo aprobó Diputados.

Las organizaciones ambientalistas confían en que la iniciativa de Bertero no pasará el Senado y esperan que el proyecto de promoción de la agroecología pueda tener media sanción antes de fin de año en la Cámara de Diputados. “En la medida en que la sociedad tome como propio el proyecto y participe, esto puede llegar a salir”, sostuvo Carlos Manessi, del Cepronat, en una conferencia de prensa en la sede del Frente Social y Popular, junto a los diputados Del Frade y Meier.

Al defender el proyecto, además de los beneficios para la salud y el ambiente, Del Frade marcó las ventajas económicas. “Nos interesa el desarrollo de una economía cercana a las necesidades los centros urbanos. Que en cada lugar se produzca algo sano y más barato sin intermediarios. En este sentido, la agroecología es una forma de dar una respuesta ante la inflación, que no es más que la especulación de las grandes empresas”, sostuvo el diputado.

Por su parte, Meier explicó que era necesario volver a presentar el proyecto porque si no, perdería estado parlamentario.

Es posible hacer agroecología en grandes extensiones agrícolas, afirman en Inta.

Casos de éxito

María Rosa Scala es ingeniera agrónoma y coordinadora del proyecto territorial de la zona mixta de Santa Fe del Inta. “Existen herramientas y modos de hacer actividades agrícolas extensivas en los bordes urbanos rurales sin usar agroquímicos. Es un cambio de paradigma, hay que repensar la producción”, explicó en los días previos a la conferencia “Transición Agroecológica, una forma de producir que nos protege”, llevada a cabo en Sunchales el 14 de junio pasado.

Scala remarcó que la agroecología puede aplicarse a todo tipo de cultivos y extensiones, ya sean huertas o grandes lotes agrícolas. El método que proponen requiere tiempo, por eso hablan de una transición paulatina. Se trata de aprender a mirar, conocer los ciclos biológicos de las especies y utilizar maquinaria pero sin químicos. “Una de las formas es la observación de la población de plagas, que son individuos que sólo cuando superan una cierta cantidad (umbral de daño) nos perjudican. Hay que observar esos individuos, ya sean malezas o insectos, y conocer su ciclo biológico, es decir, en qué momento se encuentran, saber si están haciendo daño o ya lo hicieron y si por las condiciones climáticas y su ciclo de vida lo van a volver a hacer”, explicó.

“Es volver a la producción que teníamos y que se perdió por la búsqueda de mayor rendimiento o de prolijidad del cultivo, lo que llevó a que desaparezcan especies. Hay plantas en los alambrados de los campos, por ejemplo, que se piensa que son malezas o que desarman el paisaje. Pero en realidad son reservorios de insectos benéficos que pueden hacer un control natural de otras especies que provocan un daño al cultivo”, dijo Scala.

En cuanto a la rentabilidad, la ingeniera sostuvo: “Si bien en algún punto se puede afectar la rentabilidad, a largo plazo se compensa porque la agroecología tiene menor costo. Lo que sí requiere es más tiempo, porque hay que recorrer los lotes y mirar qué pasa”. En este sentido, dijo que entienden las posturas y necesidades de los productores en la actualidad y que el objetivo del Inta es mostrar los casos de éxito y asesorar a quienes decidan o se vean obligados por la legislación a producir sin agroquímicos.

Además de los campos demostrativos de Inta existen otros casos que evidencian que la agroecología es posible y rentable. El ejemplo paradigmático a nivel nacional está en el norte de Santa Fe. Se trata de Naturaleza Viva, la granja ubicada en Guadalupe Norte, 27 kilómetros al norte de Reconquista. Es una extensión de 220 hectáreas donde trabajan 15 familias y se producen diversos tipos de alimentos (semillas, quesos, aceites, dulces, harinas, etc.) que llegan a 20 provincias. Así lo destaca el informe “Naturaleza Viva: Acá demostramos que se puede”, publicado por Greenpeace en mayo último. “Vivimos engañados durante años. Hasta que nos dimos cuenta que podíamos producir sin químicos, sin transgénicos, sin depender de las multinacionales”, explicó Irmina Kleiner, quien junto a Remo Vénica llevan adelante la granja.

El Paraná, contaminado

La contaminación por el uso de agroquímicos volvió a ponerse en el tapete semanas atrás cuando se conocieron los resultados de un estudio de los investigadores Alicia Ronco y Damián Marino, del Conicet, que demostró que la cuenca del Paraná está contaminada con el herbicida glifosato.

El Gobierno provincial, a través de algunos de sus ministros, reconoce que es necesario cambiar el modelo agrícola. Sin embargo, hasta al momento no lo tradujo en políticas concretas. “Hoy el sistema productivo está basado en la sojización, en la utilización agroquímicos y de semillas transgénicas, y ese es un modelo que hay que ir revirtiendo paulatinamente”, admitió el ministro de Medio Ambiente, Jacinto Speranza, en declaraciones a la prensa el pasado 4 de agosto.

En la práctica, hasta tanto se sancione una nueva ley de fitosanitarios, la norma actual establece un límite de 500 metros desde los centros urbanos a partir de los cuales se puede fumigar. Sin embargo, hay municipios en los que las ordenanzas fijan distancias menores. En otros casos, como el de la localidad de San Jorge, la Justicia ordenó alejar las pulverizaciones hasta 800 metros, tras la presentación de recursos de amparo por parte de vecinos afectados. En cuanto a los controles, hoy son llevados a cabo en su mayoría por los municipios y comunas y son poco efectivos.