De qué te escapás?

Lucio Vega Iracelay
Nov 7 · 5 min read

Hoy no tengo tiempo de pensar en temas complicados o profundos. Estoy demasiado atareado tratando de asfaltar mi camino hacia el mañana, quitando piedras que la realidad me tira delante de mis pasos. No me pidan que me ponga a reflexionar sobre asuntos que no son para este momento. ¿¿No se dan cuenta lo difícil que está todo, lo intrincado que está el mundo?? ¿Como me voy a dar el lujo, casi la obscenidad de poner mi mente, distraer mis pensamientos, en tratar de saber quién soy? Para eso tengo el DNI, allí están todos mis datos, y si no alcanza, tengo LinkedIn, Facebook e Instagram. Twitter no lo seguí alimentando porque me abrumaba tanta realidad compactada y sintetizada en tan avaros caracteres y tantos literatos virtuales.

Debo reconocer que presto mucha atención, normalmente demasiada, a los que otros dicen de mí. Esos otros que equivocadamente me critican, o me ignoran y me logran incomodar con sus reacciones ante mi presencia. Aquellos que me halagan o me aprecian, esos sí que me conocen. Probablemente estos últimos sepan más de mí que yo mismo. Y puede ser que ellos posean aquello que yo necesito o deseo.

Creo que en realidad temo saber quién soy, o no quiero escuchar lo que tengo para decirme.

Pensándolo mejor, utilizo algunos mecanismos de ruido para no escuchar mi voz interior. La música o la radio ocupan mis oídos, conversaciones huecas tanto orales como en las redes sociales son bastante eficaces en llevar mi atención a la nada. Unos tragos no vienen nada mal, me atontan lo suficiente. Hay series que secuestran mi mente junto a sus pensamientos y me llevan a historias peores que las mías. Qué bueno que hay gente que vive peor que uno. O casi.

El temido silencio puede ser un escenario dramático para encontrarme, sólo comparable con un bucólico atardecer o un horizonte pleno en una llanura o interrumpido por una cadena montañosa. No me animo a saber quién soy, qué quiero, que tengo para compartir o aportar y qué aptitudes utilizo eficazmente o me guardo para un mejor momento.

¿Te suena este relato? ¿Te resulta familiar? ¿Sentís que necesitas de los otros para darle un sentido a tu vida? ¿Buscas a otro u otros para confirmar mis creencias? ¿Te escapas de vos mismo? ¿No sabes cómo lidiar contigo?

Hacer consciente estas situaciones es un gran paso. Es estar en la desembocadura de un río en el mar. Has encontrado la salida a tanto camino zigzagueante en tu vida. Todo el horizonte te pertenece. No está lejos la respuesta, está en tu interior.

Se trata simplemente de ser. Claro: ser quién sos y no otro personaje, otra persona, otra máscara.

¿Cómo me conozco? Estando consciente de mis sensaciones ante la critica o el halago. Ver qué me impacta. Cómo veo a los demás, que no es más que un reflejo de mi esencia. Repasar mi historia personal me muestra las huellas de mis pasos, saber cómo he decidido ante situaciones difíciles, en qué no me he enterado qué pasó, qué me alegra, qué es aquello que me entristece o me enoja. Para lograr eso necesito mirarme, embarcarme en un silencio profundo, observar mis pensamientos. Yo no soy mis pensamientos, no soy mis sentimientos, pero los origino por algún mecanismo inconsciente.

¿Si no soy consciente de quién soy, puedo ser feliz? Si soy consciente de no saberlo, puedo empezar a aprender a ser ser humano, o sea ser quien soy. La vida es pura experimentación, es todo experimento. Como lo que hacíamos de niños, cuando con una piedrita o una tapita podíamos jugar e imaginarnos maquinarias sofisticadas. Los pájaros o los perros no se plantean qué hacer o qué futuro les depara. Ya dijo Jesús que no nos preocupemos del mañana, que cada dia tenga su afán…La naturaleza nos lo muestra claramente con sus ciclos y sus leyes inviolables.

La vida no es intentar alcanzar aquello que quiero, o que creo que necesito ya que no ocurre en el presente que vivo. Entrar en este mecanismo me quita inmediatamente del instante presente: de mi vida. Este instante es el único momento en que vivo. Esto implica ACEPTAR. Aceptar mis sentimientos y observarlos. Aceptar la situación en la que me encuentro como aquella necesaria para mi presente y como herramienta eficaz para conocerme. Si niego mi presente o mis condiciones, las valorizaré pobremente y me sentiré menos que lo que pienso que debería ser. Rechazaré mi vida. Un absurdo en el nivel de la lógica.

¿El sentido de mi vida está fuera de mí? ¿Me lo da lo que los otros me expresan o estén dispuestos a darme?

Muchos momentos del dia me encuentro olvidándome de ser quien soy, en desaparecer del momento presente. Me ocupo de no ser. De esa manera me quedo sin pasión, sin fuego, sin norte, y así espero que el exterior me lo done. O que mi afán en controlar los resultados de mis acciones o las de otros, consiga aquello que no tengo.

Todo me sirve para encontrarme, para conocerme, para aprender a vivir conmigo, a experimentar la Vida que me ofrece subir a su aventura.

Escaparme es alejarme de la Vida. Buscar mi esencia, conocerme, es el nombre del juego. Y mi vida es un juego maravilloso, difícil, pero me propone ser mejor, adquirir sabiduría (saber vivir). No tengo idea qué resultados tendré al final del juego, pero me propongo intentarlo con responsabilidad y honestidad hacia mí. Te animo a sumarte.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade