No sos perfecto... y está perfecto

¿Qué sucede cuando pensamos tanto las cosas buscando la inexistente perfección? Buscamos el “momento perfecto”, el “tiempo justo”, la “situación ideal” para accionar. Nos sentamos en la estación esperando que pase el “tren de la oportunidad perfecta”. La pregunta que surge es: ¿Pasará algún día ese tren?

Antes que nada quiero agradecer a todos los que enviaron un comentario sobre el último post. Fueron sus palabras las que me motivaron a escribir estas breves líneas. Los que se toman el tiempo de leer lo que escribo (¡gracias!) han notado que han pasado varios meses desde mi última publicación. Sinceramente lo extrañaba. Necesitaba deslizarme por aquellos invisibles renglones. Pero cuando la inspiración brilla por su ausencia todo cuesta el doble. Como un escalador de montañas cuesta arriba y con viento en contra se torna esta aventura que es escribir. Y no solo aplica a la escritura sino a todos los aspectos de la vida en la que la decisión es el combustible que enciende el motor que nos impulsa.

Resulta que antes de publicar lo que había escrito se lo pasé a algunos para que me dieran su opinión ya que no me cerraba del todo. La idea de fondo estaba buena. ¿La redacción? Gustaba pero no encantaba. No sé si justamente fue eso lo que me hizo acercar hacia el botón “Publicar”. Tampoco importa demasiado. Lo que sí importa fue el resultado. Inesperado. Maravilloso. Motivante. Así es que nace este post.

No me considero un erudito de la lectura pero sí me gusta frecuentar sitios de interés como una buena herramienta para generar esa inspiración que tantas veces cuesta hallar. Fue el otro día mientras leía este artículo que la última pieza del rompecabezas encajó en su lugar. Al leerlo me sentí realmente identificado. No sé si será por mi forma de razonar o por alguna otra cuestión pero a veces pienso demasiado. ¿Acaso está mal pensar? Por supuesto que no. El problema surge cuando ese raciocinio inmoviliza. Pensás y planificás estancándote justo en eso, el plan.

Un plan sin una acción es una ilusión.

En un mundo que busca la perfección cuesta recurrir a los bocetos como versiones finales de ideas a concretar. No quiero generar malentendidos. Planificar y buscar la excelencia es totalmente loable. El problema surge cuando nos hundimos en esa búsqueda y pasamos de “perfeccionar” a “perfeccionismo”. ¿Acaso existe lo “perfecto”? Y es aquí donde surge la dicotomía de la acción imperfecta vs la perfecta inacción.

Acción imperfecta

  • construye: “cuando el carro anda, se acomodan los melones” dijeron por ahí. Es el puntapié inicial que brinda claridad a los próximos pasos.
  • innova: provoca, molesta, sacude las telarañas que el status quo trafica.
  • hace que las cosas sucedan: un paso a la vez y algún día llegarás a la meta.
  • genera confianza: la cuestión avanza. Incrementa la motivación. Todos felices.
  • ayuda a descubrir y mejorar: el error deja de ser un fracaso, transformándose en el trampolín hacia la mejora continua.
  • sirve de referencia para otros: genera experiencias de vida que le servirán a otros para identificarse o de guía para no cometer los mismos errores. Humaniza.

Cruzamos la vereda.

Perfecta inacción

  • estanca: la idea queda condenada a residir en ese bloc de notas bajo el título “pendientes”.
  • inmoviliza: siempre encontramos algún “pero”, “ahora no”, “mejor lo pienso mejor”, “¿y si me va mal?”.
  • deja todo como está: nunca se avanza. Todo es igual
  • es cómoda: no desafía ni inquieta. Achancha.

Así es como me cayó la ficha. Ensuciate las zapas, equivocate, aprendé, creá, innová, arriesgate, pisá esa baldosa floja en día de lluvia, probá ese gusto de helado que nunca probaste. Mi historia me parecía una basura. Pero mi “basura” terminó siendo el “tesoro” de otros. Y es por esto que me encuentro escribiendo una “intrascendencia” más. Una de esas que por ahí le sirve a alguien. Y si no, no perdí nada. Dale. No duermas. Acercate al botón ese y dale “Publicar”.


Si te gustó lo que leíste o pensás que le puede servir a alguien recomendalo apretando el corazoncito ese. ¡Gracias!