Aprender a amarme a mí misma

Hoy voy a empezar el año hablando de algo que para mí ha sido un reto; lograr aceptarme cómo soy y amar el cuerpo en el que me ha tocado vivir. Tampoco quiero sonar depresiva o transmitir la sensación de que no estoy conforme con mi cuerpo, pero si es algo con lo que he luchado a lo largo de los años, a veces siendo más fácil que otros momentos. Recuerdo que este problema empezó en el año 2011 cuando estaba a punto de graduarme, mi familia estaba pasando por momentos difíciles en esa época (que ya he relatado en otro escrito), yo nunca he sido delgada y nunca voy a serlo simplemente por la compostura de mi cuerpo, tengo huesos grandes aunque eso suene como una excusa, es cierto. Esto lo he heredado de mi familia pues somos muchas las que somos corpulentas; no puedo ser delgada y lo reconozco pero en ese momento mi vida giraba alrededor del estrés y eso me hacía querer comer más intentando llenar un vacío que había dentro de mí. En ese momento yo no estaba consciente de que estaba haciendo esto, pues era un mecanismo de defensa ante la situación que estaba viviendo actualmente; una vez la situación mejora y vuelvo a mis cinco sentidos me veía en el espejo todos los días sin gustarme lo que veía, lo que era y en lo que me había convertido. Para mí no era tanto una situación superficial, si no más una situación moral pues me preguntaba cómo había podido hacerme esto a mí misma sabiendo que se incrementarían los problemas de salud que ya de por sí tenía.

Encontrándome en esta situación lo primero que pensé fue “voy a dejar de comer” un pensamiento que lo único que me trajo fue más decepción y remordimiento que otra cosa. Las cosas no se solucionan así, si quería cambiar tenía que hacerlo de la forma correcta y sin perjudicar mi salud. Obviamente, siendo una adolescente y que el niño que me gustaba me rechazara por mi apariencia física para mí era horrible, cómo lo sería para cualquiera; cuando supe que el niño que me gustaba en ese momento no me quería por ser “gorda” supe que era hora de cambiar mi estilo de vida, no por él, sino que por mí, porque reconocí que en ese momento yo no me amaba a mí misma, entonces, ¿Quién iba a hacerlo?

Siempre he creído que para poder amar a alguien correctamente hay que primero amarse a sí mismo; puede que suene cursi y común e ideológico pero es algo que yo aprendí por las malas. En el momento que yo me levantaba todas las mañanas a ver el espejo y no decía “Ana qué bonita sos” ya estaba fallando. Decidí cambiar, física y emocionalmente, no por otra gente, no por ese niño que me pareció un idiota superficial, no por mi familia, no por mis amigos si no que por MI; tenía que amarme a mí misma nuevamente. No creo que ser “delgada” sea el significado de ser bonita, no quise bajar unas libras para verme “más bonita” quise bajar unas libras porque sabía que mi salud dependía de ello y que de paso se iba a convertir en algo con lo que yo me sentiría más cómoda. Me esforcé, saqué de mi cabeza todos los pensamientos de inferioridad y me dije a mi misma que yo podía hacerlo, que era lo suficientemente capaz y que valía la pena cambiar para que yo pudiese aceptarme a mí misma de nuevo y no sentir tal remordimiento. Los beneficios de este cambio en mi vida han sido enormes, me siento más saludable y los complejos desaparecieron; también aprendí la disciplina de una rutina y que sí me propongo algo puedo lograrlo.

No quiero presumir de ninguna forma, escribo esto porque yo sé que hay personas allá afuera que también pasan por esa situación en la que yo estuve por mucho tiempo, y a ti que te identificás con este post te digo: Si se puede, podés volver a amarte a ti mismo, podés lograr ser aquello que has buscado ser siempre, podés cambiar y ser más fuerte. Que no importa lo que la sociedad te diga, si te sentís bello así como sos pues estás en el camino correcto.

Yo he aprendido a amarme a mí misma, busco mantenerme siempre en la talla en la que me siento más cómoda; pero comprendo que aunque suba un par de libras, aunque decida pedir postre después de la cena, si me siento cómoda con mi cuerpo y mi apariencia física nada más importa y yo sé que un día va a llegar alguien que lo vea y piense lo mismo, si no lo hace, no vale la pena.

Pero esta es sólo mi humilde opinión, nos leemos luego.



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