Dejemos de tomar las cosas por sentado

¿Por qué apreciar las cosa hasta que las perdemos? ¿Por qué no disfrutar de cada momento en lugar de vivir pensando en que ese momento se va a acabar? ¿Por qué no decirle a aquellas personas especiales en nuestra vida que lo son y evitar lamentarnos no haberlo hecho cuando ya es muy tarde? Muchas veces nos perdemos en la rutina, en lo cotidiano, nos estancamos en rencores, enojos y venganzas. ¿Por qué? ¿Qué no sólo tenemos una vida por vivir? Pensaría que sabiendo que sólo tenemos este día, este momento por vivir, intentaría aprovecharlo al máximo pero por alguna razón no lo hago, lo tomo por sentado, me siento y sigo viviendo en mi vida rutinaria. ¿Por qué?

Porque así nos han moldeado el pensamiento desde pequeños, porque en este mundo lo más importante es el estatus, ganar más dinero, ser reconocido, el “¿qué dirán?” Nos encerramos en una pequeña burbuja de pensamiento reduccionista a través del cual enfocamos nuestra vida; tomamos las cosas por sentado porque no nos detenemos un momento a contemplarlas. Es más importante la imagen que llego a dar en mi trabajo que la que llevo a mi casa, es más importante obtener buenas calificaciones para mí que detenerme a ayudar a mi compañero de al lado que necesita un empujón. Vivimos en una sociedad egocéntrica en la cual nos bombardean a cada momento con la idea de que estamos solos en el mundo y que si no velamos por nuestros propios intereses vamos a ser fracasados. La vida no se detiene, es círculo que permanece en constante movimiento y cuando menos lo esperamos llega algo a nuestra vida que nos descontrola la rutina y nos despierta del hipnotismo en el que vivimos para que nos demos cuenta de que perdimos algo importante y que ya no hay vuelta atrás.

Por ejemplo, me sucede mucho que cuando estoy viviendo un momento alegre me pongo a pensar “no quiero que se acabe este momento” pienso en el futuro, en algo que aún no llega pero que tengo consciencia de que es inevitable. En lugar de disfrutar el presente, el momento que estoy viviendo me estoy preocupando de que cuando este momento alegre se acabe voy a tener que volver a la rutina, al trabajo, clases, etc. Tomamos las cosas por sentado. La otra vez estaba sentada en la sala de mi casa pensando “que bonita es mi casa” en los 12 años que he vivido en ella, nunca me había detenido un momento a pensar en la enorme bendición que es tener un techo sobre mi cabeza, una familia, una cama, comida y abrigo. No todo el mundo tiene la dicha de vivir como yo vivo (humildemente hablando), muchos niños viven en las calles, duermen en pedazos de cartón en el piso, comen una vez por día si tienen suerte y son abusados todos los días. Tomamos las cosas por sentado.

Cuando de repente uno de nuestros familiares sufre un accidente, un diagnóstico o cualquier otra desgracia, ahí nos damos cuenta cuánto queremos a esa persona ¿Por qué? Por qué hasta ese momento nos detenemos a pensar en lo importante que es esa persona para nosotros, justo cuando estamos a punto de perderla. Tomamos a las personas por sentado. Están ahí y han estado ahí siempre pero en nuestra rutina nunca pensamos en detenerlos a decirles un simple “te quiero y sos especial para mí” ya asumimos que esa persona va a estar ahí siempre y no analizamos lo corta, cambiante y misteriosa que es la vida.

Así que hoy después de leer este post, levántense, siéntense a la orilla de su cama, en su escritorio o adonde quiera que estén y piensen por unos minutos sólo en el presente, sin pensar en las preocupaciones del futuro, piensen en todas las cosas que tienen a su alrededor, ese trabajo en el que están sentados que les provee, en esa casa que los resguarda; piensen también en las personas que los rodean e imagínense su vida sin ellas. Después de haber hecho esto levántate y llama, “whatsappia” o decile a esa persona lo especial que es en tu vida. Hay que detener un momento la rueda de la rutina y disfrutar el momento con aquellos a quienes amamos antes de que sea muy tarde.

Pero, esa es sólo mi humilde opinión, nos leeremos luego.

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