¿Dónde coloco el codo?

Luis Salazar
Aug 22, 2017 · 4 min read

Hará unos siete años que puse a circular un cuestionario entre colegas y amigos diseñadores. Pretendía aclararme varias inquietudes acerca de dónde se fijan los límites de esta disciplina, quería saber qué es capaz de lograr ésta y qué no. A reducidas cuentas les preguntaba ¿de qué sirve la arquitectura? Me esmeré en que las preguntas fueran mordaces y capciosas. La muestra representativa de la encuesta, como es de imaginar, terminó siendo limitadísima.

Obviamente nadie quería contestar, algunos pocos se acercaron a hablarme del tema y otro tanto estuvo a punto de retirarme el saludo para siempre. No solo por ser algo que mucha gente da por sentado, tanto dentro como fuera del ambiente de arquitectura, sino también porque -aún no lo sabía- existen muchos profesionales en el ámbito que llevan años haciéndose las mismas preguntas y contestándolas con mayor o menor éxito. Todos aseguraban que definitivamente no debían ser respondidas a la ligera.

Bajo una lógica que me era nueva, no entendía bien por qué no podían hablarme en términos medianamente claros, que los entendiera un físico por ejemplo, sobre algún “indicador de bienestar” o “garantía de comodidad” dentro de los espacios que diseña el arquitecto. Las respuestas generalmente eran condicionales o relativas a muchísimas variables para cada caso en específico.

En el ejercicio de la práctica, por ejemplo, me di cuenta que la definición de comodidad para las personas es más bien flexible. Cada quién sacrifica unas cosas y protege otras con tal de estar razonablemente cómodo.

De lo que se encarga la Arquitectura entonces, es de problematizar situaciones de diseño. Es decir, tomar una situación: un grupo de personas, una actividad, un lugar, un presupuesto, y se cuestiona cuál puede ser la respuesta espacial más adecuada para que todas esas variables se desarrollen en un espacio con armonía y se fortalezcan. Y a partir de ahí arrojan hipótesis que finalmente se construyen, funcionan (o no) y generan otro poco de preguntas nuevas.

Partamos entonces de esta premisa: la mayor parte de la población mundial se ha encargado de construir su propio hábitat. De hecho, es considerablemente mayor que la cantidad que manda a diseñar el espacio en el que va a vivir. Entonces, de nuevo: ¿para qué arquitectura?

La respuesta a esa pregunta, la mejor que tengo hasta la fecha, me la dio precisamente ese cuestionario sin contestar. La Arquitectura de lo que se encarga es de hacer las preguntas correctas. Se encarga de cuestionar los métodos con los que el ser humano ha decidido ocupar el espacio y proponer respuestas a esas preguntas, algunas veces, incluso, respuestas apropiadas. Podría decirse que la arquitectura es a la construcción como la filosofía es a la invención. Y sé que para los más acérrimos investigadores esa analogía se sigue quedando corta.

Para hacer estas preguntas la Arquitectura partirá de conductas más o menos homogéneas para todos los seres humanos. Pongamos un ejemplo: inevitable usted que lee este artículo adoptará la posición más cómoda para leer el computador, sostenerse la mandíbula es de las prácticas más habituales que hay, la pregunta arquitectónica sería: ¿en dónde coloco el codo entonces?

Las respuestas arquitectónicas a esa pregunta pueden ser miles, casi tantas como las preguntas arquitectónicas: ¿de qué tamaño es su brazo, a cuánto está del piso, padece de algún problema de la vista, la computadora mira hacia el norte, la usa más por la mañana, está usted a la intemperie, en el trópico, su computadora está conectada a una fuente de electricidad, hay alguien junto a usted, cuánto dinero tiene, está usted triste, la última respuesta depende de la penúltima?

Básicamente es esa la fuerza que mueve industrias y a Arquitectos a hacer lo que hacen. La existencia de esas preguntas. Y nada, hay que seguir preguntando, tenga un arquitecto a mano siempre que pueda, le será útil. A modo de referencia transcribo algunas de las preguntas de aquel cuestionario con algunas de las respuestas más memorables, la gente que contestó sabrá tomar el crédito, recuerdo poco quiénes fueron:

· ¿A qué responde esta necesidad que plantea la Arquitectura de estudiar los espacios y hacerlos confortables?

A que suficiente tiene uno para estar debidamente incómodo teniendo que hacer fila en cualquier institución, cargando bolsas y con 2 carajillos que lloran.

· ¿Qué tan confortables son esos espacios? ¿Existe una escala para medir la comodidad?, ¿Cómo se asegura que esa escala se cumple?

Claro que existe, ¿alguna vez sea ha estado orinando en una casa ajena? Se cumple cuando se llega a tiempo a la puerta desconocida que resulta ser la del baño.

· Si las necesidades espaciales de las personas cambian con el pasar de los años (antes del automóvil no se necesitaba cochera), ¿cambia la Arquitectura a la velocidad que cambia el modo de vida?

Nunca cambia tan rápido, por suerte. Correría el peligro de convertirse en una moda, una forma tan desagradable de expresión que tiene que cambiar cada 6 meses, dicen que dijo Picasso.

· ¿Se diseña para que el espacio carezca de obstáculos, para aligerarle la carga a las personas, para que, de todos los males, el hábitat sea el menos malo?

Sí.

· ¿Es realmente la Arquitectura una actividad imprescindible? ¿O es fácilmente descartable en una crisis global, como el café y el banano?

Es imprescindible. Como la poesía es imprescindible. Se hará poesía sobre la crisis del café y el banano de todas maneras. Se puede ir todo al carajo y siempre va a haber un cabezón que encuentre espacio para hacer algo bello. Por dicha.

)
Luis Salazar

pasé por lo mismo que todos con la ventaja de no haber aprendido nada

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