Mundial de Brasil
Ojalá fracase
Me gustaría mucho que el mundial de Brasil sea un fracaso.
¿Tengo mala leche? Puede, una poca seguro. Pero los tiros no van por ahí. Ojalá las circunstancias de Brasil y del mundo me permitieran albergar otros sentimientos.
Brasil es un país pobre, tercermundista. Tiene un índice de pobreza y criminalidad brutal.
Se les asigna un mundial que no les corresponde.
¿Generación de riqueza y puestos de trabajo?, si. Un parche. Pan para hoy y hambre para el resto. Millonarios se han hecho los de siempre.
No se escribir los billones con B que han invertido en esto del fútbol. Por contra solo hay que echar un vistazo a las fabelas, a los niños de la calle que desaparecen sin que nadie se inmute.
Si fracasa…
Quizá, aunque esto es una de esas utopías que nos acompañan para hacernos sufrir menos, en próximos acontecimientos de esta envergadura, los órganos competentes se lo piensen y digan:
Ok, usted quiere un mundial, una olimpiada, un lo que sea… correcto.
Primero barra su casa, demuéstrenos que tiene competencia y solvencia y garantice una serie de mejoras para todo el pueblo que sean perdurables en el tiempo y la economía. Arregle primero toda su mierda y, cuando nos parezca confiable, maduro y civilizado; ya veremos.
Cuando este acontecimiento pase de largo, todo va a seguir igual o quizá las desigualdades sean aún mayores. Las infraestructuras correrán la misma suerte de tantos otros eventos que ya han sido: el olvido, la ruina, la especulación, etc.
Los miles de millones que van a ingresar no van a ir destinados a los pobres: No se van a construir hospitales, ni carreteras, ni escuelas, ni casas. Se irán a los áticos multimillonarios y a los yates anclados en Miami de los que ya no saben donde abrir más cuentas fraudulentas.
Ojalá el mundial de Brasil fracase y no haya ni balones.