De los dogmáticos del mundo, ¡líbranos Señor!

“… es lenguaje tendencioso, con contenido ideológico y dogmático. Si alguien conoce bien el poder del lenguaje, son las instituciones de poder” María José Yglesias, abogada.

Con la frase anterior interactuó la abogada Yglesias, en una publicación realizada por este servidor días atrás, a propósito de las primeras declaraciones que daba la Iglesia Católica con respecto a la instauración de la práctica de Fecundación In Vitro en el país.

La sociedad, como una constitución de individuos, con maneras de pensar en ocasiones iguales, otras veces diferidas, algunas veces equilibradas y otras inclinadoras de la balanza de la opinión pública, viene siendo esa masa que dicta el cómo deber ser el correcto proceder de la mayoría con respecto a temas que se suscitan bajo el ojo público.

Muchos son los grupos, dentro de este gran conglomerado de ideas, que juegan papeles importantes, no por la autoridad que representan, sino por su lenguaje, por su herramienta persuasiva y por su poder de habla al momento de dirigirse a seguidores, subordinados de ideas y pensamientos.

Uno de ellos es la Iglesia Católica. A través de años, este ente ideológico ha hecho uso de su lenguaje para guiar el pensamiento de quienes se consideran fieles seguidores de su palabra, cuyo procedencia la hacen ver que viene de dios (sí, con d minúscula, porque es uno particularmente de ellos). Su ámbito de poder desconoce la función jurídica y natural; arremetiendo contra lo racional y real del asunto.

Monseñor Rafael Quirós, arzobispo metropolitano citó en uno de los comunicados de la fe, en el portal de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, que “un hijo se engendra, no se produce”. ¿Acaso el deseo de la mujer a ser madre comprende términos románticos o espirituales?

Monseñor Rafael Quirós — tomada de internet.

Ahora bien, si un hijo se engendra y no se produce, ¿no se les podría tratar como seres humanos a aquellos que han sido producto de este procedimiento médico?

La tergiversación de la idea de que desde el momento de la fecundación ya hay un ser vivo es arriesgarse a decirle a la madre, con toda la seguridad del mundo que su hijo va a llegar sano y vivo después del parto, cuando este apenas llega a ser un célula. Hay material genético completo que se requiere para la formación de un ser humano, pero no podemos hablar de una persona, sin siquiera haber un desarrollo de sus órganos vitales, esos que hacen que sobrevivan: un corazón, pulmón, en fin, ¡mucho menos podríamos hablar de un persona sujeta de derecho!

El dogmatismo en abundancia es nocivo. Ciega a la razón y hace daño al prójimo. El papel de la Iglesia, más que institución juzgadora, debería ser la de guía, que incita a la razón y no a lo emocional, a lo subjetivo.

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