Ars poética de sobrevivencia

Desarme su verbo. Desarme sus intenciones. No legitime ningún tipo de violencia, ayude a su gente a hacerlo también. No renuncie tampoco a sus exigencias. No ceda un milímetro su dignidad. Milite en una buena causa. Prepárese para formar a otros.

Institucionalice los conflictos, así no crea en las instituciones. Deje registro de su disconformidad. Evite el furor colectivo. Si quiere drenar energías, monte bicicleta o tenga sexo.

Usted como yo vive una cotidianidad secuestrada por el conflicto, por eso toca reconstruirla, preservar espacios de paz familiares, laborales y comunales y empezar a conectarlos. Conectar esas islitas de paz hasta que tenga puentes y pueda encontrarse con el otro.

Diferencie entre Estado, Gobierno y Sociedad, y aunque la hegemonía en el poder intente mimetizarse, diferencie sus roles y responsabilidades. Actúe con otros, organizadamente, apóyese en sus redes, y sobre todo: combata el miedo con más compañía y la desesperanza con más trabajo.

No hay perspectiva de que el conflicto político mejore, pero el social es más grave aún y necesitamos hacer colchón para que no nos arrase. Lea y escriba.

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