Facebook apuesta por la nostalgia

Facebook pasó de ser una novedad a vivir de la nostalgia. Sus nuevos algoritmos viven recordándote qué hacías hace X años, refresca conversaciones, encuentros, contactos y sonrisas.

Te recuerda de dónde vienes, con quién estabas, qué hacías. Demuestra que las conversaciones asincrónicas son hilos que pueden tener alto impacto en tiempo real o una latencia impresionante que se reteje en cualquier momento.

Conforma un pasticho en el que distintos momentos se hacen presente y están a golpe de clic. Tan solo entra en tu foto de perfil y haz clic en el lado izquierdo. De inmediato regresarás a la versión pública de ti en 2007, 08 , 09, cuando sea que hayas iniciado esa existencia digital. Lo mismo pasa con tus amigos, pero también con tus próximos amigos. Si integras a alguien completamente nuevo a tu grupo de inmediato puedes ver quién fue, qué hizo. No estuviste allí, pero te pones al día. Quizás aparezcas en las próximas vivencias.

  • Hubo un momento en la historia de las redes sociales dedicados a conectar relaciones que venían del mundo físico.
  • Después vinieron las relaciones tejidas ya en el entorno digital.
  • Luego la producción de contenidos exigía una premisa: vivir. Porque vivir te permitía contar, fotografiar, experimentar y dejar registro.
  • La siguiente etapa, al integrar estatus en muros y notificaciones en tiempo real, fue crear un hojaldre de tiempos que combina todo. Se gestan conversaciones y comunidades. Configura experiencias dentro de la propia red, porque hay cosas que “ocurren” dentro, en palabras, imágenes, videos y ‘me gusta’. Se construye un no-espacio con interacciones temporales que te llevan a decir “yo estuve allí cuando se dijo eso y se discutió”.
  • En este momento Facebook es un sistema operativo de relaciones sociales, pero se enfrenta al siguiente reto: Vivir de la nostalgia sólo significa que envejeció junto a nosotros. Eso decanta en madurez, pero también en el fin de la novedad, y las audiencias somos caprichosas y migramos a buscar nuevas formas de ser sorprendidos.

Ese es el reto y seguro hay gente adentro pensándolo (si no, invítenme): envejecer como interfaz significa perder nuevas audiencias, los jóvenes a los que esos recuadros azules, públicos y permanentes les parecen vetustos, invasivos, demasiado visibles y llenos de gente mayor.

Por otro lado, integrarse es afianzar rituales de consumos con tu masa de usuarios, que significa hacerse casi invisible pero permanente, mientras se ofrecen otras novedades para los recién llegados.

La nostalgia, esta es la clave, tiene un punto de saturación. Recuerden lo rápido que Facebook facilitó y quemó los reencuentros de grupos de graduación. Fueron moda de un año que benefició mucho a los restaurantes, pero ya.

Lo mismo pasará con esta etapa de recuerdos. ¿Qué viene después? ¿Estaremos allí para verlo? Si nos vamos de Facebook, ¿nos iremos todos juntos? ¿Cómo nos llevaremos lo vivido?