Para contar esta historia hay que vivirla

Quiero contar la historia de cómo salimos de esto.
No será ahora ni será rápido. Pero quiero contarla y estarán muchos de ustedes, todos ustedes, porque vamos en el mismo barco.

Quiero contar la historia de cómo salimos de esto, aunque hasta el momento han sido los cuentos de la gente que despedimos en velorios y aeropuertos.

Hay también cuentos de gente encarcelada, de gente que es humillada en colas a diario y de gente que sabe decir que “no”. Somos las ausencias y las compañías. Habitamos en la esperanza, aunque pasemos un eclipse prolongado. Los niños nacen en una etapa oscura y para ellos también debe haber cuentos que no sean de terror.

Sin embargo el cuento corto es horrible:
“El chavismo se consumió la bonanza petrolera y perdió la mayoría electoral. Por eso decidió matarnos de mengua”.

Y ese no es el fin.

El final sigue abierto.
De hecho, no hay final. Tampoco hay recompensa. Por atravesar dificultades no acumulas puntos para canjear. A lo sumo tendrás la experiencia y la historia. Quizás, solo quizás, generes algún anticuerpo antes de la próxima aventura populista.

Por eso contarla ya resulta un pequeña victoria, porque significa aferrarse a la vida, darle sentido al caos, ordenar el paisaje y contar. Contarnos.

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