¿Positivo o realista?

En este momento ¿Necesitas ser positivo o realista?
La realidad es que según los indicadores económicos estamos mal y si ves las decisiones políticas, sabrás que estaremos peor. Punto.
Aunque hayamos construido una mínima burbuja con algún tipo de bienestar, alguien en nuestra familia o en el grupo de amigos la pasará mal y tendremos que hacer algo. Lo posible. Incluso a consciencia de que no será suficiente. Es difícil salvarse solo. Ni siquiera los que se fueron del país están a salvo, porque si dejaron familia, sabrán poco a poco que sus dólares ya no son suficientes y no podrán cubrir todas las goteras. Incluso algunos ya envían comida porque el dinero no vale nada cuando no hay lo que necesitas comprar.
Cada uno se construye sus estrategias de resistencia. Algunos se aíslan, otros se entregan a lo suyo, otros lloran y siguen adelante, pero la realidad es que es el peor momento de nuestra historia y no ha terminado ni terminará en poco tiempo. Otra gente, la mayoría, ya está en la lona donde es difícil levantarse. Este periodo está creando otro tipo de sujeto. Somos distintos.
Me afecta contar las cosas que ocurren, porque son graves, muy graves. Pero en paralelo sé que cada día tengo el reto de contarlo mejor, así que debo aprender estrategias, buscar maneras de ser creativo, darle un giro a las cosas, pero nunca darle la espalda a la realidad. Eso significa que cada día me levanto sabiendo que tengo trabajo. Y no trabajo en el sentido de salario, sino cosas por hacer, un sentido, una siembra, un tejido de redes por delante. No es una virtud la desinformación. De hecho, te pone en desventaja.
Lo mismo pasa con la buena gente con la que me junto. Es mucha gente que sigue trabajando y no se entrega, que por un lado necesita datos para tomar decisiones y por el otro puedo ayudarlos con mejores estrategias para redes, para mejorar lo que hacen. No por un asunto estético, sino porque no se puede perder tiempo, recursos ni dinero.
Al final del año contaremos nuestros muertos, nuestros emigrados, nuestras heridas, pero también quisiera incluir en ese balance las clases que di, los amigos que sumé, las campañas que funcionaron, la gente que conocí, las nuevas competencias adquiridas… y a eso sumarle los libros, las películas, las series y los juegos; las comidas compartidas, aunque sean sencillas; los momentos que uno se construye; los chicos que crecieron y aprendieron algo más.
Todo es parte de la experiencia, si se le puede dar algún sentido a esto cuando muchas cosas parecen haberlo perdido. Pero lo saben quienes ven alrededor: la vida no se detiene a pesar de la guerra.