Venezuela: lo que el conflicto nos quita

Luis Carlos Díaz
Nov 16, 2016 · 3 min read

Cada día que pases con el chavismo en el poder, el país caerá más y más. Porque no hay llegadero: Los países no tienen fondo. En serio. Hace dos años todo te parecía una mierda, pero no se hablaba de gente buscando comida en la basura. Ahora no solo la buscan sino que se pelean. Y mañana se la rifarán o el gobierno multará a quien bote algo a la basura… o lo que sea.

Ya no se habla de saqueos, linchamientos o desmembrados porque se hicieron parte del paisaje, no porque dejaran de ocurrir.

Un cuerpo se muere, pero con los países no pasa eso exactamente, así que las cosas son cada vez peores y te podría dar montones de indicadores para demostrarlo, pero me quedo con dos: la mayor inflación del mundo por 5to año consecutivo y la menor productividad de nuestra historia reciente. La responsabilidad de eso es la economía centralizada y los controles creados por el chavismo para aumentar sus cuotas de corrupción. Te pueden decir que es una conspiración de empresarios y comerciantes, pero jamás en mi vida he conocido al primer comerciante que gane no-vendiendo.

Pensar que en este contexto hay opositores que quieren el poder, pero no ahorita “para no asumir costos”, es infantil, porque los costos serán peores. Este país no puede cubrir sus deudas, así que mientras antes se tome el poder y se renegocien, mejor para todos. Este país no puede alimentar a su población, y mañana menos, así que mientras más rápido se cambie el esquema productivo, la economía centralizada y el juego corrupto de los controles de cambio, precios y distribución, menos costo tendrá tomar las riendas.

Así que esa gente no apuesta a eso. Ni siquiera los que aspiran a una gobernación o una alcaldía, porque conquistarlas pero sin recursos es igual de inútil que seguir siendo oposición.

En esa acusación, entonces, no me sumo.

Sin embargo, donde sí hacen falta algunas condiciones, y eso exige algo de tiempo, es en recuperar algunas instituciones. Es decir, algunas garantías de que la gobernabilidad del próximo mandato pueda sostenerse. Porque si un grupo de narcos, corruptos y torturadores son así en el poder, imagínenlos con el dinero robado actuando desde la oposición. Por eso es que ganar algún cambio en el CNE es importante. Elevarle los costos a la Fuerza Armada o al TSJ puede ser útil. Destrancar el estatus de la AN puede servir. Pero no hay garantías de nada. Tú lo sabes, yo también. No tenemos un manual para vivir en dictadura.

Ahora, donde todo está trancado es en cómo llegar al poder antes. Para eso es que se discuten fórmulas y hay desacuerdos. A mí lo que me tiene sorprendido es lo perdidos que están casi todos, incluyendo a los que hablan con fuerza y seguridad, porque hasta a esos se les cae rápido el “plan infalible” que creen que sí va a funcionar.

Por eso es que han optado, porque es más fácil, por atacarse entre ellos o señalar culpas entre opositores, porque si los pones frente al poder, empiezan a trastabillar. Una marcha llega, pero no sabe qué hará después. Una protesta se enfrenta a un piquete, pero después no sabe qué hará frente al segundo. La desobediencia suena rebelde, pero luego no se puede traducir. Y la mayoría opositora es circunstancial: la mayoría te apoya si la cosa es pacífica. Si no lo es, se recogen y se van, porque la garantía de plomo es cierta y la mayoría sabe que su vida vale más que la de los pranes.

Eso hace que, curiosamente, quienes están haciendo algo más que el resto son justamente los que están en el candelero del diálogo jugándose muchas cosas, a pesar de ser insultados. Están allí sin saber qué viene después, negociando con secuestradores, incluso usando su lenguaje aunque se ganen el desprecio de los inconformes.

Pero más curiosamente, no puedes dejar de tener inconformes, porque de hecho los necesitas más. Porque el diálogo solo no sirve de nada. Porque la gente no puede dejar de exigir. Porque otros países quisieran ayudar pero no entienden cómo, porque también les genera costos. Porque cada día es peor, cada día se aguanta menos, y perder tiempo es perdernos lo que la vida podría ser y el totalitarismo nos ha negado.

Quisiéramos preocupaciones simples. Quisiéramos aburrirnos un poco. Quisiéramos alguna certeza distinta a que mañana será peor. Para variar.

Luis Carlos Díaz

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