El Mar

A lo largo de mi vida, me ha dado nostalgia mirar el mar.

Su inmensidad y su misterio.

Es como si mi cuerpo reconoce en él su elemento principal y se entrega a la grandeza de su hermano.

Las olas hacen que mi alma ansíe algo que todavía no descubro que es, es un sentimiento de plenitud que no logro comprender con mi mente, pero si sentir con mi corazón. Y eso basta.

Explicar lo que sentimos, la mayoría de las veces es tan inútil que hacerlo crea más confusión en nosotros y en los demás.

Por eso el silencio es de sabios. En el silencio están las respuestas a nosotros mismos. En esa calma que creamos cuando nos llena la calma de estar en nosotros. Sin ruido.

Observando lo que sentimos nos ancla en el momento presente y vivirlo por lo que sencillamente es:

Ese interminable e infinito momento que sencillamente sucede, existe, está vivo, y se desenvuelve en un continuo cesar que nuestra mente califica como pasado y futuro.

El presente no se explica, es imposible. El pasado y el futuro si se explican porque están en la mente, requieren memoria. El pasado y el futuro son creaciones de la memoria porque toma hechos que pasaron, los recuerda en el pasado y los proyecta en el futuro.

El presente es lo único que es siempre real. Sucede.

Las verdaderas explicaciones a nuestros sentimientos son sencillas, se sienten también en el corazón, y no son producto de un análisis mental. Vienen desde la consciencia.

Sólo que las palabras no alcanzan a descifrar esas verdades tan profundas, por más simples que sean. Como describir la nostalgia que siento al mirar el mar.

Si cerramos nuestros ojos y nos enfocamos en la respiración, luego en el latido de nuestro corazón, los pensamientos empezarán a fluir más lentos, ellos dejan de apresurarse cuando la mente entiende que no es necesitada en ese momento.

En ese momento sentimos el latido de nuestro corazón, esa explosión atómica de energía que nos mantiene vivos y circula la energía vital en forma de sangre por todo nuestro cuerpo.

Con aún más calma podemos sentir nuestro flujo sanguíneo y disfrutar de su paseo por nosotros, de ese recorrido que inunda nuestro ser.

Hay gran valor en detenerse, slow down.

Paradójicamente, detenernos nos ayuda a ir más rápido. Hace que lo vital esté afinado y de allí todas las demás funciones se hacen fáciles, naturales.

Sabes que los niños recién nacidos saben nadar instintivamente? Ellos pueden nacer, y solitos van a agarrar aire y se vuelven a meter al agua?

La naturaleza es perfecta.

Luego vemos cómo los mismos niños no “aprenden a nadar” años más tarde!! Qué pasó?

Entró la mente en juego, con sus miedos y condicionamientos inculcados por el entorno.

Por eso, slow down, stop. Obsérvate.

Mirar el mar es algo que crea las condiciones necesarias para yo internalizar muchas más cosas, observar esa nostalgia de la que hablo, que es lo que me conecta con algo aún más profundo.

Crear las condiciones necesarias para nosotros mismos llevarnos a estados de Gracia es esencial para entrar en contacto con nuestro interior.

Date tiempo y espacio de estar contigo, enfocado en ti, en tu respiración, a tu ritmo, así sea dentro de tu casa, en tu cuarto, o mientras caminas, crear para TI las condiciones que TU necesites, date lo que necesitas.

Lo precioso del momento presente es que en ese misterio sucede la vida, sucede todo.

Vive.

Luisfe

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