Árboles que almacenan menos carbono pudieran adaptarse mejor a cambios ambientales en Amazonas

El 98% de las especies de árboles presentes en los bosques de la Amazonia que intervienen sutilmente en el proceso de absorción de carbono -uno de los gases causantes del efecto invernadero- pudieran tener una función importante: sobrevivir a escenarios cambiantes y ecosistemas alterados.
Así lo explicó el investigador emérito del Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Rafael Herrera, quien se ha desempeñado recientemente como profesor invitado de Geoecología en la Universidad de Viena, en Austria.

“Probablemente ese gran repositorio de especies ha servido y servirá para adaptarse a variaciones ambientales. Frente al cambio climático, podríamos esperar que un grupo completamente diferente de las especies que hoy dominan el ciclo del carbono, emerja”, informó.
Recientemente, un equipo de 97 científicos de 64 instituciones internacionales trabajando en nueve países amazónicos anunció que la mitad del carbono en la Amazonia estaba concentrada en algo más del 1% de las 16.000 especies conocidas en la zona.
Con ese hallazgo, publicado en la revista Nature Communications el mes de abril y del cual Herrera es coautor, era natural preguntarse si el restante de esas especies era prescindible para el equilibrio ecológico.
“Ahora que sabemos que al menos para algunos parámetros como el número de individuos, la productividad y el ciclo del carbono, una pequeña proporción toma un papel preponderante, consideramos que en esa gran diversidad aparentemente de respaldo, reside la capacidad de reaccionar ante cambios ambientales”, dijo.

Minoría clave
La Amazonia, conjuntamente con la cuenca del Orinoco, todavía representan el bosque tropical más grande del planeta, ocupando 6,2 millones de kilómetros cuadrados.
Además, es responsable del 14% del carbono fijado a través de la fotosíntesis en la biosfera terrestre y del 17% del carbono existente en la vegetación terrestre, como lo señala el estudio internacional liderado por la investigadora de la Universidad de Leeds, Sophie Fauset.
Su biodiversidad, calculada en 16.000 especies de árboles, también sigue siendo la más grande hasta la fecha, pero detrás de esa explosión de vida se esconde el fenómeno de la hiperdominancia, descrita en 2013 por otro grupo de expertos. La hiperdominancia se refiere a la concentración de la diversidad biológica en muy pocas especies. De acuerdo con el trabajo publicado hace dos años en la revista Science, el 50% de todos los troncos analizados correspondían a solo 227 especies.

Cabía preguntarse entonces si esa hiperdominancia también se reflejaba en procesos vitales como el ciclo de carbono y la productividad. “Nuestro artículo respondió esa interrogante, pero seguramente, además de estas variables, habrá otros procesos en los cuales la hiperdominancia tenga alguna relevancia”, aseguró Herrera.
Reproducción y reclutamiento, transpiración, aporte de hojarasca al suelo, comportamiento de especies animales asociadas a las especies arbóreas, entre otros parámetros, figuran en la lista de candidatos a estudiar en el futuro con respecto a la hiperdominancia.
Como ejemplo, Herrera citó el caso de las palmeras de la familia Arecaceae, una de cuyas especie Iriartea deltoidea, forma parte de la lista de 20 especies más dominantes y con influencia sobre el ciclo de carbono y la productividad. “Es bien conocido que tienen una eficiencia hidráulica muy alta debido a la anatomía del sistema vascular y a su modo de crecimiento”, dijo.
La data usada para la investigación consistió en 530 parcelas individuales ubicadas en sitios por debajo de los 500 metros sobre el nivel del mar en bosques maduros. Dichas parcelas contenían 206.135 árboles de 3.458 especies, para un total de 114.696 megagramos de biomasa. Se entiende por biomasa el peso total seco del material vegetal de los árboles. A mayor densidad de biomasa, mayor almacenamiento de carbono.

Aporte criollo
El investigador del Ivic, Rafael Herrera, informó que de los nueve Estados amazónicos donde se llevaron a cabo las mediciones, Venezuela destaca por dos razones fundamentales: muchos de los sitios de observación están en la Amazonia nacional y en la cuenca vinculada al río Orinoco, y fue este país el precursor de los estudios sistemáticos de los bosques húmedos tropicales.
Herrera hizo alusión a la red de parcelas permanentes de los distintos tipos de bosques venezolanos, creada desde el año 1956 por el profesor de la Universidad de Los Andes (ULA) de Mérida, Jean Pierre Veillon. “Esas parcelas aun existen y siguen siendo estudiadas por investigadores de la ULA”, dijo.
Además de estos aportes, en la década del setenta del siglo pasado el Ivic coordinó un proyecto multidisciplinario en el Amazonas, específicamente en las inmediaciones de San Carlos de Río Negro, con la colaboración de científicos de Alemania y Estados Unidos y el aval de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco), dentro del Programa del Hombre y la Biosfera (MAB).

“Las parcelas establecidas en 1975 todavía son medidas con regularidad, de modo que mi participación en este trabajo se puede decir que empezó hace 40 años y me considero afortunado en seguir estudiando los mismos árboles, algunos miles de ellos, de forma coordinada y con metodologías homologadas por la Red Amazónica de Inventarios Forestales (Rainfor), agregó Herrera.
Según el investigador del Ivic, en los últimos años se ha hecho común y necesario articular esfuerzos para solucionar problemas complejos que ameritan la asistencia de muchas disciplinas científicas y observaciones en múltiples lugares. Las emisiones de carbono son uno de ellos.

Informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sugieren que las emisiones de carbono debido a la degradación de los bosques del mundo han aumentado entre 1990 y 2015. La degradación es la reducción de la densidad de la biomasa de árboles por causas humanas o naturales. A mayor degradación menor cantidad de árboles, lo que a su vez significa menor absorción del dióxido de carbono, el principal culpable de los aumentos de temperatura.
Paralelamente también ocurren pérdidas de biodiversidad que perjudicarían la capacidad de respuesta de los bosques a los cambios en el entorno.

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