The Pope goes to America

Una de las noticias que más ha atraído la atención mediática a nivel global durante el último mes (tanto de mass media tradicionales como de los digitales), ha sido el regreso del Papa Francisco a América, específicamente a Cuba y los Estados Unidos. Nos guste o no, cualquier gran evento que suceda en la América estadounidense (núcleo mainstream de la cultura global) es noticia para todos. Bajo esta evidente premisa, el actual jerarca de la Iglesia Católica ha sabido utilizar esta plataforma de exposición mediática para dar un nuevo impulso a su agenda política y religiosa. ¿Inteligente? Bastante. ¿Teatral? Mucho. ¿Cuestionable? Quizás. ¿Necesario? Creo que demasiado.

Ya antes he comentado que vivimos tiempos oscuros, plagados por un desproporcionado narcisismo e individualismo que incluso nos gusta presumir. También he comentado el valor que tienen los nuevos medios digitales para hacer llegar nuestro mensaje a millones de personas, convirtiéndonos con cierta facilidad en estrellas mediáticas. Muchos de ustedes (bueno, connotados pensadores como Umberto Eco, Gilles Lipovetsky, Zigmunt Bauman y su humilde servidor en momentos de lucidez), se han adelantado a decir que esto ha sido utilizado por verdaderos peleles para obtener fama, presencia o poder (desde económico hasta político), dejándonos por delante un panorama desolador.

Pero, como también en mis momentos de lucidez he señalado, los idiotas no han conquistado el mundo, porque siempre existe un balance necesario entre las cosas. Por ende, en contraste de todo lo malo con lo que usualmente nos bombardean los medios, también existen mensajes y personajes que de vez en cuando obsequian nos obsequian una sonrisa, nos hacen recuperar la esperanza en nuestras sociedades, o nos invitan a hacer algo más por el prójimo que poner Like en la foto de un joven enfermo publicada en Facebook.

Y es que nos guste o no admitirlo, personajes como el Dalái Lama, Malala Yousafzai o el Papa Francisco (todos con sus notables diferencias) han sabido aprovechar la naturaleza mediática de nuestro tiempo y el buzz viral de las Redes Sociales para hacer llegar su mensaje o filosofía a millones de personas de diversos países. Las ideas de estos personajes, sean religiosas o políticas, son totalmente opuestas de las que representan verdaderos titanes de la estupidez mediática, como Donald Trump, Kim Kardashian o cualquier político o académico demagogo, adictos del aplauso fácil.

En las palabras de estos individuos (existen más, debo decirlo), existe cierta esperanza, un ánimo por la paz o por recobrar el sentido de las cosas; todos ellos (aún cuando sus orígenes e ideologías sean diferentes) comparten una visión optimista, inclusiva, necesaria y verdaderamente correspondiente de esa utopía que muchos pensaban que se viviría en el 2015. Un mensaje directo, congruente y cargado de la demagogia permisible: ese soma que amamos, y que en grandes cantidades ha producido el acelerado desencanto al que nos tienen acostumbrados los caudillos y falsos mesías de siempre.

En el caso de Francisco, el Papa jesuita, este ha sabido aprovechar varias características propias de la filosofía ignaciana (la sencillez, la humildad, el perdón, la concordia y la búsqueda de la paz y la hermandad, por encima de todas las cosas) que tanto carisma, aprecio y reconocimiento le han brindado a muchos miembros de la Compañía de Jesús durante sus intervenciones en espacios o zonas de conflicto o podredumbre generalizada.

Y es que el actual Papa, a diferencia de sus dos predecesores, ha sabido comprender la naturaleza y dinamismo de la realidad hipercomunicada en que vivimos, para transmitir un mensaje claro: el de la sencillez, caridad y compasión que supuestamente caracteriza la fe católica. Para ello, Francisco como un político inteligente, ha recurrido a cierta teatralidad, protagonismo o un evidente uso del buzz mediático a su favor. Es imposible exculparlo de ello.

También es imposible exculpar al Papa argentino (y esto es algo importante que destacarlo) de un mensaje y una presencia que rompe con la ahora tradicional lógica de los excesos que proyectan los sombríos personajes que previamente mencioné y otros figurines, como la realeza española, Cristiano Ronaldo o Kanye West. Francisco sirve como un referente necesario en la sociedad actual, de sencillez, mesura, honestidad, y –aunque parezca que me repito- de esperanza.

Francisco, líder de una de las religiones más importantes del planeta, representa una nueva dimensión de “ejercer el poder” que contrasta con el abuso, los excesos y la desfachatez de las clases gobernantes y las élites de poder que rigen nuestros destinos y que, de cierta forma, parecen sentirse obligadas a evidenciarlo. Su filosofía y su proceder, aunque sea tachado de teatral o prefabricado, llega como una bocanada de aire fresco en un ambiente por demás fétido, plagado por narcicismo, la desproporción y la desesperanza de los tiempos actuales.

Creo que Jesús le daría Like a la página en Facebook del Papa Francisco y, con un poco de suerte, hasta lo seguiría en Twitter. Estoy seguro…

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