Karibuni

Doy inicio a este pequeño espacio con una frase de Mandela: “Todo parece imposible hasta que se hace”. No solo la relaciono al gran viaje que he iniciado hace un tiempo, una travesía que hace unos años habría calificado de irreal y que ahora me tiene por unos meses en la lejana Kenia. Sino también involucra la alegría de conocer a muchos peruanos, que a pesar de los numerosos “imposibles” que encontraron en el camino, hoy están generando cambios positivos frente a distintas problemáticas de nuestro país.

Ya llevo casi 60 días, manejándome entre los matatus (los micros Orión africanos), el swahili, lengua originaria de muchos países de África Oriental, y la osadía de mandarme a vivir solo en un continente totalmente ajeno a mis costumbres. ¿Pero qué hago aquí? Oficialmente, estudiando una maestría en innovación social, tanto a través de los conocimientos académicos como aprendiendo de las personas que estoy conociendo durante este proceso. Ya saben, amar la trama más que el desenlace. ¿El lugar?, The Amani Institute, espacio creado por Roshan Paul e Ilaina Rabbat, dos exfuncionarios de Ashoka, organización pionera en el desarrollo y potenciamiento de emprendedores sociales a nivel mundial. El instituto tiene como objetivo preparar a una nueva generación de personas comprometidas con el abordaje de retos globales, a través de la aplicación de la innovación social en los sectores donde estos busquen desarrollarse. Pueden conocer más sobre la propuesta educativa de Amani en esta entrevista a Roshan.

El objetivo de este blog es tener la oportunidad de compartir con ustedes algunos de los aprendizajes y reflexiones que pueda ir teniendo durante estos meses de clase. De hecho, la maestría empezó hace unos meses ya con un módulo de introducción, dónde uno de los conceptos primordiales es poder responder a la primera pregunta que se nos viene a la cabeza: ¿Qué es innovación social?

Una definición muy aceptada es la del “Center for Social Innovation” de la Universidad de Stanford, que la presenta como “una solución novedosa para un problema social que es más eficaz, eficiente, sostenible, o justa que las actuales soluciones [innovación], donde el valor creado se dirige mayoritariamente hacia la sociedad en lugar de hacia el sector privado [social]”.

Partiendo esta definición en dos, la primera parte hace referencia a la innovación como tal. ¿Qué características debe cumplir un producto para que sea innovador? Ser novedoso, y significar una clara mejora para el usuario. Si una propuesta es nueva para un usuario, su contexto o en su aplicación, y si es más eficiente o efectiva que otras alternativas ya existentes, estamos hablando de un proyecto innovador. Actualmente, se busca siempre incluir una tercera característica: que el proyecto sea sostenible en el tiempo, tanto a nivel ambiental como organizacional.

Cuando hablamos de innovación de tipo social, generalmente nos referimos al trabajo hecho por emprendedores sociales u organizaciones sin fines de lucro. Pero el concepto puede tener significados más amplios. Como mencionan Roger Martin y Sally Osberg en su artículo de The Standford Social Innovation Review, “Es importante disipar la noción de que la diferencia entre empresarios y emprendedores sociales, puede atribuirse simplemente a la motivación -con empresarios impulsados ​​por dinero y emprendedores sociales impulsados ​​por el altruismo". Siguiendo esta importante aclaración, podemos mencionar que la innovación social trasciende sectores y no se limita solo a los conceptos de emprendimiento y empresa social, sino que incluye nuevos niveles de análisis y métodos para descubrir procesos que producen un impacto duradero en la sociedad. Por tanto, pueden originarse en cualquiera de los sectores de la sociedad: gobierno, empresa privada o el sector social.

Retomando la explicación, el valor social de una innovación se puede describir como uno diferente al económico o financiero. Está orientado, más bien, a la creación de beneficios o reducción de gastos y brechas sociales para la sociedad, mediante mecanismos que superan largamente las ganancias privadas y beneficios propios de la economía de mercado.

Como reflexión, podríamos quedarnos en que existen actualmente una serie de propuestas que están buscando mitigar problemáticas sociales a nivel local o global, pero para denominarlas innovaciones sociales, el beneficio social de la propuesta debe ser superior al valor financiero y/o económico que pueda generar. Una innovación social puede ser un producto, un proceso de producción o una tecnología, pero también puede ser una ley, campaña comunicacional, un movimiento o manifestación social, una intervención o una combinación de todos ellos. De hecho, muchas de las innovaciones sociales mejor reconocidas, como el crowfunding, incluye a varios de estos elementos.

Pero más allá de los conceptos y reflexiones académicas, la innovación social nace de la pasión, una que te despierte, que derribe tus límites y te permita conectar tu propia historia de vida con la realidad que deseas cambiar. Vivimos en un mundo complicado, pero que debe suponernos una igual o mayor cantidad de oportunidades para hacerles frente, así que tú, quien sea que esté leyendo esto, ten presente que siempre habrá un espacio para una nueva idea y más aún para una que genere un cambio positivo.

La innovación nace siempre en la intención

Espero hayan disfrutado de este primer intento y los invito a dejar sus opiniones y comentarios. El ritmo de publicación será de cada dos semanas o cuando aparezcan las ganas de compartir un nuevo artículo, que espero ayude a generar diálogo y colaboración respecto a un concepto que me apasiona tanto.

Asante sana