El fin del DAB es el
triunfo de la radio online

Luismi Pedrero
Aug 24, 2015 · 4 min read

Aún recuerdo las caras de mis alumnos cuando, en los primeros cursos del nuevo siglo, explicaba las posibilidades de la radio digital. La TDT aún estaba en gestación e Internet no se utilizaba todavía desde móviles, de modo que la simple enunciación de prestaciones del DAB sonaba tan innovadora como deslumbrante: calidad del sonido equiparable al CD (limpio, sin ruidos ni interferencias), única frecuencia en todo el territorio, varias programaciones en cada punto del dial y — por entonces lo más llamativo — la incorporación de imágenes que reforzarían el sonido radiado, desde la carátula del disco en antena hasta el plano de la ciudad mostrando las farmacias de guardia que menciona el locutor…

El Gobierno reguló la radio digital en 1999 con el Plan Técnico de la Radiodifusión Sonora Digital Terrestre; se concedieron las primeras licencias e incluso se realizaron las primeras pruebas con éxito (recuerdo la que Iñaki Gabilondo llevó a cabo durante una emisión de Hoy por hoy en Navarra: fue testigo y portavoz de un hito técnico que los oyentes sólo pudimos imaginar…). Se establecieron plazos (sucesivamente ampliados), progresiva extensión de coberturas y algunos nos animamos a comprar un receptor DAB (un Sony del tamaño de los antiguos walkman) para probar las “delicias” de aquel ensoñado servicio. Era poco, pero parecía mucho ¡y auguraba más!

Pero pasó el tiempo y la nueva tecnología de distribución no pasó de ilusionantes promesas: cierto es que no se impuso un calendario para el “apagón” analógico como sí sucedió años después con la televisión, lo que sin duda habría estimulado la migración; tampoco se incentivaron medidas para la programación de nuevos contenidos (como en 1966, cuando se obligó a los operadores con licencia en Onda Media a emitir contenidos distintos en Frecuencia Modulada y se propició el surgimiento de la radio musical): de hecho, a Radio Marca Digital DAB, primera emisora deportiva en España, le faltó tiempo para “saltar” a la FM dado que en 2001 nadie disponía de receptores digitales (cuyo precio tampoco se hizo competitivo ante la escasa demanda en el mercado).

15 años después, y mientras en países como Noruega, Suecia o Reino Unido valoran la supresión de la FM debido a la alta penetración del DAB (y su versión mejorada, el DAB+), el Gobierno español empieza a “desmontar” la infraestructura iniciada en 1999 debido a la nula aceptación de este sistema. Bien es cierto que la decisión afecta — por ahora — a la banda L (RED RDL), en principio destinada a radios locales, libres y comunitarias; el resto se mantiene como estaba, es decir… sin emisiones ni usos salvo la sorprendente Radio María en las áreas de Madrid y Barcelona.

“Ojo, porque en el mercado de la radio online ya no están solos
los grandes operadores de la industria analógica”

¿Razones para este fracaso? Muchas y variadas, aunque la principal se concreta en el desinterés de la propia industria, afanada por exprimir la comercialización de la radio a través de unos postes de FM desigualmente repartidos y con la consentida competencia de señales ilegales, renunciando a la — sin duda costosa— inversión en tecnologías que habrían podido fortalecer al medio radiofónico en el horizonte de cada vez mayor convergencia y competencia frente al resto de medios: el DAB garantizaba la cobertura de todas las cadenas en todo el territorio nacional ¡y habría servido de excelente “filtro” para combatir las emisiones piratas!, además de incorporar esas prestaciones “visuales” que habrían atraído a las generaciones de jóvenes a quienes el transistor les parece hoy una antigualla.

El resultado es que la radio digital en España se concreta hoy únicamente — por la vía de los hechos y no por el efecto de ninguna regulación — en la radio online, con una creciente y diversificada oferta de contenidos (y dispositivos de acceso) y una alta aceptación que se convertirá en exponencial conforme las tarifas de datos móviles sigan adaptándose y abaratando el consumo de audio desde smartphones, los verdaderos y cada vez más imbatibles receptores contemporáneos de radio. Y ojo, porque en este mercado ya no están solos los grandes operadores de la industria analógica, los que con esa conservadora renuencia a apostar por el futuro, cada vez parecen más anclados en su propio pasado.

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Luismi Pedrero

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Periodista, profesor e investigador en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca • Media & Audiovisual Culture

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