La radio es la imagen en una pantalla

En el entorno digital el audio primero se ve… y luego se escucha

Invisible, fugaz e irreversible: durante más de un siglo la radio ha sido producida, difundida y consumida en receptores específicos a través de una tecnología –la distribución mediante ondas terrestres– que condicionaba no sólo su lenguaje, sino todo un modelo de negocio basado en la comercialización de la programación sonora. Los oyentes constituían los únicos destinatarios, y la captación y fidelización de su escucha cimentaba los hábitos, consumos e ingresos de la industria radiofónica.

Pero la irrupción de Internet y su progresiva, expansiva e inexorable convergencia sobre el ecosistema audiovisual han trastocado de forma irreversible los paradigmas que sostenían el funcionamiento de la radio analógica, cuyos operadores — en un principio reacios a asumir el enorme potencial del entorno digital — afrontan la migración al nuevo escenario desde una mezcla de exploración y experimentación. Parece innegable que el futuro de la radio depende de su capacidad para reposicionar la marca analógica en el entorno online, para atender a un oyente que ahora es usuario y, sobre todo, para redirigir el contenido hacia la pantalla.

Sí, resulta sencillo concluir que el smartphone se ha erigido en el nuevo transistor, pero las consecuencias derivadas de esta nueva relación entre emisores y destinatarios van mucho más allá de un simple cambio de dispositivo: en los móviles y tabletas la naturaleza del lenguaje radiofónico trasciende a su dimensión sonora y se refuerza con el valor de la visualización, la repetición y la personalización. Semejantes prestaciones exigen del creador del contenido sonoro un envoltorio complementario capaz de atraer y retener la atención de quienes lo reciben entre los cada vez más diversos y seductores estímulos audiovisuales que circulan masivamente por estos terminales.

Como ha sucedido y sucederá siempre, la clave del negocio radiofónico ¡y la de cualquier otro vehículo comunicativo! Sigue siendo el contenido, el qué. Pero su relevancia depende ahora también del cómo: en las pantallas la radio irrumpe primero como imagen e interpela desde la narrativa visual, de tal forma que el sonido deviene en subsidiario de la apariencia con la que se presenta. Semejante evidencia justifica cuantas iniciativas intenta explotar la radio para ramificarse por entre las múltiples plataformas digitales en las que puede seguir “sonando”: las aplicaciones para móviles acompañadas de alertas informativas o recordatorios de una emisión; las fotografías, gráficos, gifs, vídeos o tarjetas sonoras (audiogramas) incrustadas en Twitter; o las retransmisiones en directo a través de Facebook que también se notifican previamente al usuario.

La traslación del negocio radiofónico offline a su comercialización crossmedia (transistor, emisión web en directo y a la carta, redes sociales y apps) impone el estimulante desafío de imaginar y poner en práctica nuevas estrategias de creación y producción sonora adaptadas a una cultura digital donde la radio primero se ve… y luego se escucha.

Texto originalmente publicado en el blog de Flúor Lifestyle

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