Cuarto Oscuro
Oscuridad: Volvieron las colas, que ya habían mermado casi en su totalidad. Volvió la escasez, que si bien no había una totalidad de productos, ya por lo menos no había que hacer todo un periplo para encontrar algo. Volvió la falta de efectivo, bueno, eso nunca se ha ido y siempre dice Maduro “hasta aquí les llegó el juego a la mafia de Cúcuta”, y esa mafia cucuteña como que es más fuerte que un gobierno entero porque nadie le pone coto. Volvió la lista de precios oficiales de productos desaparecidos, porque esa tesis de los controles, la que no ha funcionado en los últimos 200 años de humanidad, Maduro se empeña en que ayer no, pero ahora sí, va a funcionar. Volvieron los bachaqueros, porque muchas de esas personas que andan cazando una mortadela o un kilo de azúcar regulada, saben que hay todo un mercado de compradores en las redes sociales. Llegaron aumentos increíbles, mientras la gente insensata se alegra porque va a ganar un fajo de billetes de Monopolio sin sustento, no parece percatarse que le aumentaron el pasaje en un 400 %, el metro de Caracas en un 15.000 %, o su premiosa caja CLAP en un 900 %. No es que estábamos llegando al final del túnel, pero definitivamente estamos en la zona de mayor oscuridad y más lejos, aún, de la salida. El gobierno optó por aplicar la medicina de la regresión, de la barbarie que nos llevó aquí, de lo que nunca ha resultado. Ahora tenemos, nuevamente en grado alarmante de anaqueles vacíos y empresas ocupadas y perseguidas.
Muy oscuro: Maduro va contra lo que funciona. Ni de vaina dice qué hará con los Bicentenario, ese pilón de la ineficiencia y la ruina. No dice cómo piensa recuperar la producción petrolera en tres meses, no un año, tres meses, de aquí a diciembre. No dice qué hacer con Corpoelec para que funcione y destituir al general “excusa”. No dice cuánto empleo va a generar, cuánta productividad va a subir, no dice cómo corregir el déficit fiscal, ni como retraer el gasto público con esa entrega loca de dádivas. El presidente Maduro no guarda el mínimo reparo, no por la verdad o la objetividad, ni siquiera por la realidad. Está convencido que su máquina de imprimir billetes es más poderosa que la realidad económica y que podrá contener la inflación como si fuese un conjuro. La gente parece no percatarse de los absurdos propósitos del presidente y no saben lo peligroso que eso resultará para todos. Caímos en el desenfreno y la desvergüenza como gestión. Ya no importa el chiste ni el meme que surge de todo este surrealismo madurista. El presidente dice que mañana exportaremos pistacho y su equipo le va a aplaudir y habrá gente que se lo creerá, sin importar que aquí no crece eso. Siempre he dicho que no hay estafador sin estafado, pero en el caso de un país, gente a montón que clama por su mentira, porque lo manipulen, porque le digan cosas bonitas aunque irreales e imposibles, que los engañen con un futuro mejor, cuando le secuestran el presente.
La lámpara: Puedo criticar lo falso y desesperado que resulta ese plan chistoso del “lingotico” de oro, donde la gente invierte en bolívares (inversiones en una moneda identificada con la hiperinflación) recoge en un tiempo unas ganancias vinculadas al oro comprado. Si Maduro no mintiera tanto yo pudiera pensar que se trata de algo novedoso, pero es una vulgar manera de captar incautos, por parte de un gobierno que no tiene credibilidad ni entre sus seguidores. ¿Recuerdan el bono soberano con el cual estafaron a un sinnúmero de empleados públicos? El gobierno no le paga a empresas transnacionales a riesgo de perder refinerías y vitales instalaciones petroleras, ¿y le va a pagar los intereses a “María Credulina Roja Rojita”, que pensó que estaba haciendo el negocio del siglo porque su jefe del CLAP le dijo eso? Pero más irónico es plantear un plan de ahorro en una economía en desastre como la nacional, que no produce nada y que la gente no posee capacidad de adquirir lo necesario para subsistir. Esto es parte de un chiste muy trágico. Allá de seguro que se va a armar una cola de personas deseosas que los estafen.
