Lázaro — Octubre 2017

27 de septiembre de 2017

Esteban pasó su segundo día de destierro rumiando su rabia... La soledad y la inclemencia de la selva parecía que comenzaban, poco a poco, a desgastar su dura coraza de rencor. El dolor acumulado y repartido por todo su cuerpo lo tenía ocupado durante el día. Los insectos habían hecho estragos en su piel hasta hacer que rascarse por todos lados se convirtiera en un hábito más del paso del tiempo, como respirar.
Al quinto día, Clemencia su señora madre, le envío un mozo con un mensaje: "Puedes volver cuando quieras, pero trata de regresar como un hombre". Esteban sintió como si el mensaje fuese una certera daga clavada en el centro de su orgullo e inmediatamente escribió en el mismo papel: "Madre me quedo. Estoy muy cómodo en mi nuevo hogar. Tengan la bondad de dejarme en paz". El mozo lo miró con una tristeza indiferente, cómo quién mira por enésima vez la imagen de Cristo en la cruz, le dejó sus provisiones y le preguntó antes de partir: "Don Esteban, cuando quiere que regrese con más provisiones o algo que necesite?". Esteban le dio la espalda, miró al cielo mientras se rascaba las axilas y tratando de no parecer necesitado le respondió: "Cuando su patrona lo ordene... Un mosquitero, una rifle para matar tigres... Y una lona para cubrirme de la lluvia manga de pendejos". El mozo se alejó y Esteban volvió a su soledad, se recostó en la hamaca, cerró sus ojos y trató una vez más de apaciguar a sus demonios...

Lázaro ponte una vez más el apellido, vuelve del olvido y escribe para no morir de tedio...

28 de septiembre de 2017

Esa noche, la del quinto día, Esteban sintió que alguien se sentaba suavemente a su lado como esperando pacientemente que despertara de su sueño. Cuando se incorporó, aún adormilado por su anterior sueño, vió que una mujer bella y sensual estaba seductoramente sentaba a su lado. La mujer vestía un vestido, un velo y un sombrero blanco. Sus facciones eran angelicales y en aquella confusa línea divisoria entre los sueños y la vigilia tenía la plena certeza de no haber visto una mujer tan guapa, casi como una revelación divina. Por un momento pensó que era la Virgen. Pero después lo descartó por que bien sabía que las virgenes son mujeres que no tienen sexo, como su madre. Y esta lo calentaba en cada una de sus partes viriles preparadas para la procreación. Ella lo llamaba provocativamente por su nombre, como si fuera una antigua amante. “Esteban que deseas? No te hago feliz?” le preguntó con una sonrisa pícara desde su apariencia etérea. El deseo de Esteban iba en aumento a medida que percibía su volumen perfecto detrás de ese vestido holgado que insinuaba formas femeninas de extraordinarias proporciones. “Cómo te llamas? De dónde te conozco?” se atrevió a preguntarle. “Eso no importa querido Esteban”, “Estoy aquí solo para hacerte feliz” le dijo la mujer tomándolo de la mano. De pronto sintió que se le subía el mercurio he iba a estallar en un júbilo húmedo. Se dispuso a abrazar a la mujer, le bajó el velo y se acercó a su boca para darle el beso que iba a rescatarlo de su repentina humedad. Pero cuando estaba acercado sus labios a los de ella, antes de cerrar los ojos, la mujer se volvió sombría y triste hasta perder por completo su belleza y fue el momento en que volvió a despertarse sobresaltado…
Estaba solo en su hamaca en la oscuridad de la noche, respiraba agitadamente y estaba bañado en transpiración. Creyó entonces que en su sueño había estado muy cerca de besar a la muerte y eso le causó una horrible sensación de escalofrío sobrenatural que le bajó desde la cabeza hasta las tripas. El miedo a la muerte se apoderó de él y no pudo dormir más hasta que la luz del nuevo día fue disipando lentamente a los fantasmas de la noche…

Lázaro levántate. toma una buena taza de café y sigue tejiendo tus historias…

29 de septiembre de 2017

Esteban se durmió aquella noche como un bebé de pecho, cansado de soportar su soledad y de lidiar con el áspero calor de la selva. Aún no estaba dispuesto a volver a la hacienda, aunque sabía que no podía vivir para siempre en su destierro, empezaba también a entender lo duro y aburrido que sería vivir eternamente del lado de la muerte...
A media noche algo comenzó a despertarlo, sentía como si estuviera sucio de una suciedad fina como la arena del desierto y sentía que el sabor desagradable de su miseria penetraba por su boca. Despertó sobresaltado y tosiendo, asfixiado por su propia saliva salada y terrosa...
Entonces sintió que una arena menuda y pegajosa como azúcar caía a su hamaca como una lluvia penetrando su mosquitero. Su rostro estaba también lleno de tierra. Se incorporó, limpió su cara con las manos y escupió la arenisca de su boca con una especie de rabia inconsciente. Y fue en ese momento que escuchó una voz dulce y femenina en la oscuridad: "Estás listo Esteban?"...
No respondió porque no entendía lo que estaba sucediendo. Levantó el mosquitero y encendió un cerillo tratando de iluminar lo que no entendía para discernir si se trataba de un sueño o de lo que el llamaba "la puta realidad"...
Pero el corto fuego solo le mostró lo que sospechaba, solo lo rodeaba su soledad y aquello no parecía un sueño. "Pendejos, no logran asustarme. Dígale a mi madre que no tengo miedo a nadie. Dios no existe carajo". Luego hubo un largo silencio. La fina arena dejó de llover y mientras Esteban limpiaba sus ropas y su hamaca, la voz en la oscuridad volvió a escucharse cristalina como la noche: "Estás listo Esteban?"...

Lázaro levántate y vive plácidamente en la gruesa línea que separa lo real de lo imaginable...

3 de octubre de 2017

Cuando Esteban despertó al día siguiente de la extraña noche en la que no solo le llovió arena, sino que sintió que tragó un poco de esa áspera lluvia, el sol estaba en lo más alto del cielo azul y sentenció para él mismo: “Es medio día”. Era lo bueno de su soledad, que él era el absoluto dueño de su tiempo y si le daba la gana era la mañana, la tarde, el medio día o la media noche. También podía decidir si era lunes, domingo o miércoles, enero, junio o diciembre… Se dio cuenta entonces que si fuera él único habitante de la tierra el tiempo cronológico importaba tres cacahuates y no había nada que festejar, nada que conmemorar y ningún santo que celebrar…

Había perdido la cuenta de cuando había empezado su soledad y no tenía la más remota idea de cuando iba a terminar su destierro. Se sentía ya cómodo en su espacio privado y aislado en medio de la selva, los dolores físicos y del alma eran cada vez más soportables. Tenía un poco de Ron que había conseguido que le llevara de contrabando un mozo de la estancia, el rifle para matar tigres y un cuaderno para anotar sus experiencias. Solo le molestaba aquel picazón permanente en las axilas y el no saber si lo de la anterior noche había sido real o era solo una pesadilla…

Buscó alrededor de su hamaca la arenilla de su inquietante sueño y no encontró vestigio alguno de algo que podía haber caído como lluvia en medio de la noche…

“Estás listo Esteban?” murmuró para sí mismo la frase que escuchó salir de los labios de la bella sirena en el mar de oscuridad nocturna que nunca pudo ver y se dijo a sí mismo como respuesta: “Si carajo, estoy listo”. Y luego agarró su rifle y lo blandió por encima de su cabeza gritando como loco: “Al que se acerque a asustarme, le vuelo los sesos, bola de malparidos”…

Lázaro levántate y disfruta de un nuevo día mientras tu historia aún se sigue escribiendo…

5 de octubre de 2017

Esa noche Esteban se acostó en su hamaca con el rifle al alcance de su mano, convencido que lo que le sucedió la anterior noche no era un sueño, tampoco obra del más allá, sino más bien alguna maniobra humana urdida desde muy cerca, probablemente desde la hacienda. Así que decidió que esa noche, si volvía a llover arena, o alguna anomalía a las leyes de la serenidad de la noche, aunque solo fuera en sus sueños, iba a desangrar sin ni Gina misericordia a los responsables.
Protegido de los insidiosos mosquitos e insectos nocturnos por su mosquitero, tomó varios sorbos de su botella de ron, mientras caían las sombras de la noche... Pronto fue todo oscuridad nuevamente y solo se escuchaba el concierto de ruidos aparentemente sin armonía que provenían de todos los resquicios de la larga noche.
El alcohol ingerido poco a poco, iba adormeciéndolo y sumergiéndolo suavemente en ese mar frío de pensamientos existenciales que esquivaba sistemáticamente durante el día, como cuando de niño escapaba al baño de agua fría que le preparaba su madre. Al poco tiempo estaba a merced de aquel animal sentimental que vivía recluido en su interior, agazapado, esperando las escasas oportunidades para recordarle su condición humana y que, a pesar de su dura coraza de matón de hacienda, estaba hecho nada más que de esa amorfa sustancia formada por sus frágiles recuerdos y sentimientos.
Recordó entonces a su difunto padre, abrazándolo cada vez que se reencontraban cuando regresaba de sus largos viajes. Para él era una especie de héroe, una mezcla de tarzán, pirata de mil puertos y cazador de tigres. Pensaba que su padre, Don Manuel Suárez, el después reconocido por la historia como pionero de la conquista del norte, era verdaderamente inmortal y su muerte había sido un golpe tan duro que lo tenía en ese estado de miseria y naufragio en la vida. 
Tomó un sorbo más de ron mientras trataba de invocar a su pesadilla de la noche anterior...

Lázaro levántate y disfruta de los personajes de tu vida y de tu novela...

6 de octubre de 2017

Hoy has una pausa en la historia de Esteban. Es complicado ponerse en personaje. Hay millones de personajes andando por el mundo. Este es simplemente la versión libre de un relato de familia que lo escuché de mi mamá y sus hermanas. Cada una me contó la historia a su manera. Con matices y colores diferentes. Nunca podré relatar la historia verdadera sino la que formé en mi cabeza cuando mis terribles matriarcas “las Suárez” me transmitían sus vivencias en aquella remota estancia. Ponerse en personaje implica no cuestionar los hechos, las circunstancias, la lógica, la irracionalidad y lo distante que pueda estar su forma de ser de la tuya. No puedo imaginar un mundo más aburrido que el en que todos pensaran como yo… Escribir tal vez se trata de eso, de retratar lo mejor posible esos curiosos personajes que posibilitan hacernos reflexionar sobre la diversidad de la condición humana…

Lázaro levántate y simplemente disfruta hoy de tus tazas de aromático café…

20 de octubre de 2017

Creo que mi experiencia más cruel fue salir del líquido amniótico… Allí estaba caliente, no me faltaba comida, todo era tan placentero, solo tenía que vivir como un pez en el agua. No tenía nombre, no tenía recuerdos, no tenía pecados, no tenía deseos, era ateo ciento por ciento. No era ni feo ni bonito, nadie me conocía y la única foto que tenía era esa tonta y borrosa ecografía que había servido para delatar mi sexo. No tenía idea de que había puntos cardinales, todo era suave, todo era líquido… Hasta mis sueños casi vacíos eran como un mar de inmensa tranquilidad. Hoy solo deseo volver a la tranquilidad de ese líquido amniótico y a volver a no tener nombre ni apellido…

Lázaro levántate e imagina que cuando ya no tengas forma, tendrás una paz tan parecida a la de casi no ser…

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