Los domingos por la noche

Es inevitable escapar a la rutina de la «semana». De algún modo los días de la semana nos condicionan. Nuestro ánimo fluctúa, a la deriva, entre la esperanza y la decepción. Quisiera vivir como «el marciano», día espacial 151, sin que sea lunes, miércoles o domingo. Pero vivir en sociedad implica vivir dentro de ese horrible calendario, de martes, jueves y sábado, de aniversarios, cumpleaños, día del padre, de la madre, día del perro, carnavales, navidad… Todo diseñado para marcarte un ritmo, para que todos bailemos con la misma música, y para recordarte que estamos girando en una calesita.

Dentro del disgusto que me provoca la prisión de la «semana», me gusta el sábado. Es mi día de diversión. Juego, me evado del mundo, me olvido que soy «yo», comparto con amigos y termino drogado en algún nivel. Los motivos por los que me gustan los sábados, son los mismos por los que mi esposa odia los sábados. Pero para mi martirio, después del sábado de gloria, viene el domingo de penitencia.

El supuesto día festivo estoy generalmente deprimido. Quizás consecuencia lógica de la caída a la realidad después del día de gloria. Me levanto cansado, a veces con dolor de cabeza, prácticamente con la sensación de estar obligado a seguir viviendo. Un vacío inmenso se abre ante mí y el día se vuelve un interminable y agotador viaje hacia la noche. Vuelvo a ser «yo» mismo y la verdad que me cuesta soportarme y menos enamorarme de mí mismo, como aconsejan los cientos de autores y perpetradores de libros de auto ayuda.

Y poco a poco quedo atrapado en mi burbuja, sin poder expresarme, de mal humor, sin ganas de vivir. Se juntan los fantasmas de mi pasado, la sensación de pecado por la drogadicción del día sábado y el miedo a mi futuro. Una horrible ola de fracaso finalmente termina inundándome, sumiéndose en una silenciosa depresión y quiero evadirme en un sueño físico, tonto y lo más cercano a la muerte.

Si, los domingos son mi peor día y sueño con el día en que pueda irme al «carajo», allá bien lejos del mundo, para vivir en un tiempo lineal, donde los día solo sean numerados del 1 al 151 al 1 millón, y no existan más los malditos domingos…