Inconstante

Ayer me salteé mis Martes Defectuosos. Es gracioso, porque lo empecé la semana pasada. Pero también es algo endémico en mí. Es esa característica que infecta casi todo lo que hago, en casi todos los rubros de mi vida.

Soy inconstante.

Es fácil ver las ramificaciones de esto. No puedo avanzar mucho en una línea porque sin que haya pasado mucho tiempo ya estoy caminando en otra, o parado pensando hacia qué dirección redirigirme. Ser inconstante es, quizá, la única constante en mi vida.

Así que este Martes (miércoles) Defectuoso está dedicado a ese, mi Defecto con D mayúscula.

Si leíste la nota anterior, recordarás que uno de mis mayores defectos es la desorganización. No estoy seguro si esta es responsable de mi inconstancia o es más bien al revés, pero sé con mucha certeza que están estrechamente relacionadas. Como paro empezando cosas nuevas a cada rato, una parte de mí piensa que tengo que cambiar todo lo que hago desde la raíz. Pero como no sigo una agenda tan clara, también ando tropezando y cambiando de ruta a cada momento.

No ayuda en el asunto el hecho de que no me pueda sentir contento con las rutas clásicas que nos enseñan que existen. Una carrera no me satisface, porque sé que no puedo cumplir el rol de empleado. Seguir la visión de alguien más más temprano que tarde me llega a pasar la factura del aburrimiento y la paralización por saber que no estoy creando yo el camino. Pero al mismo tiempo, con el tiempo que tengo yo disponible para inventarme nuevas rutas no hago mucho, porque estoy “escapando” de ese momento en el que he tenido que estar siguiendo la que alguien más diseñó para mí.

Es un círculo vicioso que tiene continuidad en el hecho de que mis “escapes” no sean verdaderos escapes, sino meras distracciones. Es como si pensara que tomando vacaciones puedo cambiar del rubro en el que estoy, y eso, claro está, es imposible.

Pero hay una solución obvia a todo este rollo. Es una solución que he tomado a medias en algunos momentos, solo para volver a ser inconstante apenas podía hacerlo. Es una solución que no requiere de mucha capacitación, que no exige que me invente un nuevo procedimiento para el cómo hago las cosas, que no espera que lea un libro para encontrarla.

Solo tengo que seguir haciendo lo que ya me dije que quiero hacer.

Y ahí es donde creo que está el verdadero origen de mi problema. No sé que quiero hacer.

O eso hubiese dicho hace poco menos de un año. Hace un tiempo, me senté a escribir las metas que quería para este 2018. Tomaba en consideración lo que esperaba que sería mi objetivo a largo plazo, pero seguía mezclado con las metas que recibía del exterior (léase, mis papás). No eran metas que consideraran todo el espectro de lo que quiero hacer, solo pensaban dentro de lo que creía eran mis límites. Me parece curioso que, aún habiendo borrado esos límites ya, no haya reescrito mis metas.

Me queda menos de un mes y aún no estoy listo para terminar el año. ¿La solución? En el próximo artículo, voy a detallar mi visión a largo plazo (aunque quizá no debería, pero hey, ¿quién dice que no?) y el por qué que le doy a mi vida. A partir de eso, empezaré a construir la ruta de mis próximos días.

Oh, y no voy a dejar de hacer contenido. ¿Ya les conté que me pondré serio con los vídeos también? Bueno, eso va dentro de los planes. Pero de eso escribiré mañana, como voy escribiendo tres días seguidos. Apuntaba a 30 días sin parar, pero ya pequé y me toca reiniciar.

Ahora sí, sin parar. Unas cuantas palabras a la vez.