Zicatela

Un hotel frente a la carretera

que nos separa del mar

alberga nuestro sueño.

El aire acondicionado no lo usamos

ni pedimos servicio al cuarto.

Tomamos duchas juntos

cuando nos cansamos de la arena

en nuestros pies

y el sol quemándonos la cara.

De pronto, se te ocurre pedirme

que arme un porro. Lo fumamos lentamente y nos vamos hundiendo

en el autoanálisis, las divagaciones

que se cruzan en el aire.

Trato de imprimir permanentemente este momento en mis recuerdos.

El interior de la mente es como el mar:

denso y siempre renaciente.

Me llevas de la mano en tu aventura.

Por las noches bajamos a los bares,

no nos piden INE y eso es raro.

Sólo somos los dos sentados frente al mar en una playa en Zicatela

jul. 17

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