Instantes Eternos

Hay cosas en la vida que simplemente son más grandes que vos mismo. Son momentos, instantes, tan efímeros como todo y tan duraderos como uno decida disfrutarlos.

Cuando voy a una ciudad que no conozco me propongo meterme a museos y tener cerca obras de arte, leer sobre ellas, entender de donde vienen y si he leído, escuchado o visto algo del autor de equis obra, confieso que lo veo como una ganancia y me llena el alma decir mentalmente: “Leí sobre tu trabajo y finalmente lo conozco”.

Hace un poco más de una semana tuve la oportunidad de ir al Museo Timken, al Museo del Hombre, al Museo Naval, además de Gaslamp Quarter, el Estadio de Los Padres y Little Italy; todo en dos días.

Lo más fascinante sucedió en el Museo de Arte de San Diego.

El último que visité. Agarré un mapa del establecimiento, me puse un sticker chivísima que decía “Visitor”y empecé el recorrido.

Una, dos, tres, cuatro, cinco galerías después de pasar el Impresionismo Europeo, las pinturas religiosas, la exhibición especial de arte Chino y las estatuas en bronce de Putnam entré a una galería de paredes blancas, sin nombre alguno, porque las obras que residen en el Museo.

Desde la puerta vi algo que pude haber visto 100 veces en libros y 1000 veces en mi pensamiento. Parecía una pintura de Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí, no parecía… era una obra suya, llamada “Espectro de la Tarde” pintada en 1930, tenía su firma y era lo abstracta, rara y maravillosa que puede ser una pintura de Dalí.

Me acerqué a una muchacha que trabajaba en el Museo como guía y antes de morir de emoción le pregunté si las pinturas eran réplicas o si eran auténticas… y ella me respondió: “These are all originals” caminé de vuelta hacia el cuadro, lo vi una vez más y me puse a llorar de emoción.

¡Yo! ¡Frente a un cuadro de Dalí! ¡Yo! El que siempre había querido ver algo así y el día menos pensado lo vio. El que cumplió un sueño sin imaginarlo. ¡Yo! ¡Ahí! Sí, ese era yo.

Esa noche di gracias por cada cosa, persona o situación que hiciera que yo llegara hasta ahí. Ese fue uno de los mejores días de mi vida. Ahora sé que me quedan muchos museos y obras por conocer, pero lo que sentí ese domingo fue algo único. La magia, el amor al surrealismo y el agradecimiento en mí va a durar por siempre. Fue un highlight de ese viaje y de mi vida.

Les dejo una foto que me costó un mundo tomar y que representa muchísimo más de lo que pude poner en palabras hoy.

Gracias por leer mi blog.

Nos hablamos pronto.

Luis Carlos.

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