Pocas Certezas
A veces la vida te juega una mala pasada. Estaba todo bien hasta que un giro surge de la nada. Una fiesta cualquiera, de esas que vas por inercia porque, la verdad, no tenés nada mucho mejor que hacer.
Llegas en veinte minutos, con tu conjunto más lindo, ese que te compraste en el ultimo viaje, un abrigo por si hace frío y tu autoestima bastante sana. En fin, todas esas cosas que uno lleva consigo cuando sale de su casa a esas horas.
El alcohol y la música siempre parecen tus amigos una vez que se te cruzan. Hasta el instante previo a conocerlo, eso era lo único que pasaba por mi mente.
Las heridas a medio cerrar habián convencido a mi razón para que entendiera que nada nuevo podía entrar. Nada que me pudiera sacar de mi zona de confort y mucho menos lastimarme otra vez. En otras palabras, lo último que quería era un hombre para complicarme la vida.
Dicen que cuando menos buscas es cuando encontras. Él apareció repentinamente y a mi me fallaron todas las defensas.
Horas de charla parecían reducirse a minutos, pero nada pareció suficiente para que cambiara de opinión.
Minutos que parecían horas fueron más que suficientes para que el arrepentimiento me inundara el pensamiento apenas salí de aquel lugar.
Los días pasaban y no lo podía sacar de mi cabeza. Poco me acordaba pero menos podía olvidar.
El mundo a mi alrededor siguió girando como de costumbre y me llevo a un lugar casi imaginario, un rinconcito apartado del mundo, donde sólo existía lo que estaba en mi mente.
Estaba a punto de adentrarme en ese mundo cuando su presencia se interpuso, casi que bruscamente, se podría decir.
Ya no podía mirar atrás. Dejé todo de lado y decidí concentrarme en mi, como había querido en primer lugar. Contemplar la naturaleza, pensar sobre la vida, el amor, pasado, presente y futuro.
Como nueva, volví de mi mundo a este que compartimos, y me reencontre con la esperanza de amar a alguien de vuelta.
Es que, existe algo más puro que eso? Nada llena el alma como el amor, nada se siente tan libre, tan real y radical.
Todo se veía tan claro en aquel entonces; no podía ser más simple. Era una perspectiva completamente diferente, y a unos pasos de distancia se veía la ilusion de algo verdadero, quizá por primera vez.

Bien de a poquito, me fui arriesgando. Cometí el atrevimiento de pensar positivo y esperar lo mejor.
Lo que paso después…se podría decir que fue como caminar por un puente colgante. Al dar los primeros pasos lo sentí firme, y dí por sentado que lo iba a cruzar. La mayoría se caen por eso, pero no me di cuenta porque mi inocencia me estaba dejando ciega.
Él me tendió su mano, y yo la tomé. No le pregunte hacia donde ibamos y tampoco lo averigue. Parecía un sendero seguro, bastante prometedor, y resultó que estabamos persiguiendo un fantasma.
Sentí cómo su mano se iba soltando de la mía. Traté de mantenerla en su lugar, pero él ya tenía una decision tomada. Yo quería cambiar de rumbo juntos, pero él prefirió volver hacia atrás y dejarme a mí a mitad de camino.
La verdad es que nunca pude cruzar. Con él no pasó nada pero a la vez pasó todo. Fue un abrir y cerrar de ojos que se había proyectaba como mucho más.
Una parte de mí espera que vuelva. Que nos encontremos en algún lugar del camino para seguir adelante, pero la otra ya se acordó de que el otro lado no existe hasta que lleguemos ahi.
Ahora no tengo otra opción que volver yo también. Ya va a llegar el tiempo de cruzar otros puentes, o encontrar otra forma de esquivar el abismo.